Observatorios Urbanos

Comparación de modelos para un desarrollo turístico que nos convenga

Por Eric García Cárdenas*
Contemplar otras formas de vida, disfrutar de climas distintos, convivir con culturas diferentes son de los grandes placeres de la humanidad. El turismo es una de las actividades más difundidas a nivel mundial, por ello tiene un número incalculable de interpretaciones; mientras para unos sólo se trata de una actividad fútil que ejemplifica la frivolidad cultural de los países dominantes, para otros es actividad fundamental que representa su sustento, e incluso la única oportunidad de avanzar en su desarrollo humano.
A nivel global existen destinos que se ubican en un extremo donde la infraestructura y prácticas turísticas se imponen a los sectores productivos locales desplazando a las formaciones sociales nativas. En otro confín, existen localidades donde son sus propios actores quienes promueven la actividad turística y se benefician de ella consolidando su entramado social. Sonora no está exenta de los impactos del turismo, en nuestro territorio se han dado estrategias de turistificación que responden a la aplicación de modelos de desarrollo con componentes distintos, ello desencadenó las condiciones de vulnerabilidad o estabilidad con las que nuestras localidades turísticas se enfrentaron a la reciente crisis económica.
En los albores del 2012 ya se advierte un franco ascenso de la actividad turística a nivel mundial y nacional, en el presente año nuestro País promete recuperar el dinamismo que esta industria tuvo en el 2008, antes de la crisis global; sin embargo, resulta necesario reflexionar sobre las cosas que se hicieron en el pasado, ver qué localidades sortearon de una mejor manera los recientes embates de la economía mundial y cuales están en franca decadencia.
En tierras sonorenses son dos las localidades costeras que atraen a un mayor número de turistas, Puerto Peñasco y San Carlos. La primera tuvo un desarrollo acelerado que estuvo directamente relacionado con la burbuja inmobiliaria proveniente de nuestro vecino del norte, se apostó por un desarrollo acelerado y con ganancias a corto plazo que dependieron de los compradores de bienes raíces estadounidenses, el resultado: al disminuir dramáticamente el número de turistas se empezó a formar un paisaje de construcciones a medio terminar y una periferia mal urbanizada habitada por trabajadores desempleados. Por otra parte, San Carlos mantuvo un arribo constante de turistas incluso durante los años de crisis, se ha mantenido estable gracias a que consolidó el turismo regional, visitantes de estados vecinos y ciudades cercanas impidieron que se dieran las condiciones de decadencia presentadas en otros destinos.
A principios del nuevo milenio hemos presenciado en territorio sonorense dos modelos de desarrollo turístico asimétricos, frente al escenario de recuperación actual deberíamos de aprender de los errores cometidos y seleccionar mejores modelos que han probado su eficacia ante las duras condiciones del pasado. Sólo la participación activa de los actores locales logrará consolidar un desarrollo turístico que nos convenga, pues ya se ha probado en experiencias pasadas que la dependencia de factores exógenos sólo ha aumentado nuestra vulnerabilidad. Debemos, sin duda, aspirar a atraer turismo extranjero, pero a través de un proceso complejo que involucre la participación local activa, la consolidación del mercado interno y la derrama de los beneficios del turismo al tejido social de las localidades, pues ya conocemos hacia donde nos lleva el camino de la dependencia y las ganancias a corto plazo.
*Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora, línea de investigación Globalización y Territorios. Correo electrónico: eric@turismotaruk.com

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