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Al día
+La tormenta “Julio”
+Muertes en Río Mayo
Por Gerardo Armenta
La tormenta tropical “Julio” activó diversos focos en el Sur del estado por la intensa carga de agua con que originalmente se le diagnosticó. En buena hora, al final el lunes por la noche se convirtió en depresión tropical. Sin embargo, esta degradación suya no impidió que, por ejemplo, en Guaymas causara perjuicios urbanos significativos.
Las comarcas sureñas quedaron relativamente al margen de los efectos de esa perturbación climatológica, si bien en algunos lugares sí marcó daños que obstaculizaron el desplazamiento habitual de sus habitantes. Realmente este cuadro se presentó más bien por los desfogues de la presa “Adolfo Ruiz Cortines”, los que, canalizados por el Río Mayo, terminan por inundar los puntos geográficos más bajos de su cauce.
En buena hora, sin embargo, hasta ayer a mediodía, cuando de hecho se había despejado razonablemente el peligro que llegó a representar la tormenta “Julio”, no se tenían a la mano pormenores sobre la configuración de ninguna tragedia colectiva en los municipios de esta parte de la entidad. Lamentablemente, la tragedia adquirió trazos individuales. Fue así porque tres personas perdieron la vida, por separado, al ahogarse en distintos días en las aguas del crecido Río Mayo.
A pesar de las constantes recomendaciones oficiales, amén de las que derivan por sí solas del sentido común, en cuanto a que por ningún motivo nadie se acerque a esas aguas más allá de límites que se explican por sí solos, desoír estas prédicas generó muertes lamentabilísimas que muy bien pudieron evitarse. El Río Mayo presenta hoy por hoy dos facetas que inducen a calibrarlo con prudencia que nunca estará de más.
Precisamente por los desfogues de la presa, su caudal de agua se ha incrementado notablemente. Estas demasías lograron el milagro de que los navojoenses, al igual que los moradores de los municipios vecinos, lo perciban de nuevo, así sea temporalmente, con toda la hermosura que extravió cuando precisamente se quedó sin agua, en lo que es ya una larga y reprobable circunstancia que estaría en camino de invertirse. Pero en el ínter, el Río Mayo, con la vistosidad de la abundante agua que alberga en su seno, paradójicamente adquirió una peligrosa fisonomía con respecto a la cual es preciso tomar todas las prevenciones que sean posibles.
El peligro a que se alude estriba en confundir al río con lo que podría entenderse como una apacible alberca casera. No es así, porque, aparte de la crecida de agua que presenta, en su lecho yacen riesgos de extrema contundencia. No en balde las autoridades, apenas se formalizaron los primeros desfogues de agua, alertaron sobre la inconveniencia de asumir que allí se puede ejercitar la natación o cumplir la gana de un simple baño en contacto directo con la naturaleza. El recuento de muertes que han sucedido por ignorar los llamados para que no se haga uso del río de esa forma, debe ser visto como lastimosamente exagerado, cuando, por supuesto, nunca debió arribarse a esa terrible contabilidad.
Sin embargo, deben redoblarse las exhortaciones cada vez con mayor vigor para que no se repitan episodios de esa dolorosa textura. El Río Mayo bien puede aumentar su grosor de agua en las próximas horas, sin necesidad de que aparezca en el horizonte otra tormenta como “Julio”. Los desfogues de la presa, que vienen del almacenamiento de agua que experimenta desde tiempo atrás, y que, sin embargo, no es posible ver como ajenos a este contexto, obedecen a otra mecánica. Pero sea ésta como sea, lo cierto es que hay que insistir en la recomendación de que no se tome al río, en sus condiciones actuales, como una especie de desafío para el valor o la temeridad personales.
Más temprano que tarde, la situación deberá normalizarse. Se verá entonces qué se hace con el río. En lo inmediato, no está del todo cancelada la posibilidad de que genere inundaciones en los poblados del Bajo Río Mayo. Tal debe ser la preocupación que nos concierna a todos, como preocupa que en el momento menos pensado se tome nota de un nuevo deceso en las aguas ribereñas. Es preciso apelar a lo mejor de la conciencia colectiva para salir al paso de las determinaciones individuales que propician que jóvenes y adultos supongan que el Río Mayo, en la conformación que le distingue actualmente, no representa ninguna amenaza para la vida humana.
Se ha visto que sí. Por ello, no tiene sentido advertir las cosas en sentido contrario. En el todo social, normalmente la muerte duele, más allá de las circunstancias en que se genera. Pero tal aflicción comunitaria se multiplica cuando la coyuntura en que se produce choca con elementales previsiones que nunca debieron ser soslayadas. Vale aprender, así sea por la fuerza, de las lecciones que dicta la realidad circundante. Autoridades de muy diverso rango hicieron el mejor de sus esfuerzos para aminorar los efectos de la tormenta “Julio”, efectos que, por fortuna, no tuvieron la agresividad que los pronósticos hicieron temer.
Aún así, superada la eventual contingencia, no bajan la guardia, porque, además, está ya en curso la temporada anual en que suele registrarse un mayor desbarajuste ambiental por obra y gracia de eventos meteorológicos que, aceptándose como se acepta, que no tienen palabra de honor, pueden traer consigo sorpresas no sólo desagradables, sino igualmente funestas para la existencia en común. Desde esta perspectiva, entonces, nada debe costar prestar oídos puntuales a todas y cada una de las indicaciones que se giren desde el ámbito de la protección civil.
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