De la Peña analiza estereotipos indígenas del cine mexicano

Entre las primeras películas que imponen estos modelos está Tribu (1934), de Miguel Contreras Torres, donde Emilio ‘Indio’ Fernández caracteriza a un indígena

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México, DF.- Profesor e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Francisco de la Peña criticó algunos estereotipos con los que se ha encasillado a los indios en la cinematografía nacional.

Al participar en el cuarto Congreso Latinoamericano de Antropología, desarrollado en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM y en la Antigua Escuela de Jurisprudencia, el investigador destacó lo ocurrido, por ejemplo, en la película ¡Que viva México!, del ruso Seguéi Eisenstein, filmada en los años 30.

En ella, dijo, se retrata al indio como el buen salvaje o la víctima pasiva frente al abuso de los poderosos, convirtiéndose en el punto de partida de los clichés y estereotipos utilizados en toda la tradición de cine indigenista mexicano.

Recordó que en el capítulo ‘La Sandunga’, el director ruso muestra a los zapotecas de Juchitán con esta idea del buen salvaje y un mundo indígena paradisiaco. En contraposición, en ‘Maguey’ se exhibe la explotación del indígena por parte de los caciques y hacendados.

“Se trata de estereotipos porque los indígenas no vivían en el paraíso ni eran víctimas pasivas, inermes, frente a los abusos de los poderosos”, explicó en su ponencia ‘La imagen del indígena en el cine mexicano de ficción’.

Esos patrones se instauraron cuando el cine comenzó a erigirse como una industria nacional, a partir de los años 30, con la llegada del cine sonoro.

Para el etnólogo, el ‘Indio’ es uno de los representantes más importantes de este cine indigenista, porque buscó idealizar y mitificar la imagen de los indígenas; con sus personajes creó una serie de íconos populares con los que, incluso, ganó varios premios en festivales internacionales con cintas como Janitzio (1935), de Carlos Navarrete, o María Candelaria (1943), de su autoría.

 

 

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