Cultura

Arqueólogos del INAH Sonora replantean hipótesis de procesos funerarios antes de Cristo

El arqueólogo Júpiter Martínez nos habla de los resultados que han tenido al analizar con tomografías a las momias encontradas en la Sierra Madre Occidental, se creía que eran de la época colonial pero son del año 1000 a.C.

por Gema Villela

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Hallazgos de Momias en Sonora mapa TRIBUNA con información del INAH Sonora

Hallazgos de Momias en Sonora mapa TRIBUNA con información del INAH Sonora Hallazgos de Momias en Sonora mapa TRIBUNA con información del INAH Sonora

Arqueólogo Jupiter Martinez

Arqueólogo Jupiter Martinez Arqueólogo Jupiter Martinez

Equipo del Proyecto Arqueológico Sierra Alta de Sonora del INAH excavando para sacar a Oqui

Equipo del Proyecto Arqueológico Sierra Alta de Sonora del INAH excavando para sacar a Oqui Equipo del Proyecto Arqueológico Sierra Alta de Sonora del INAH excavando para sacar a Oqui

Imagen de tomografía de Oqui

Imagen de tomografía de Oqui Imagen de tomografía de Oqui

Momia Juanita tenía la cabeza descubierta

Momia Juanita tenía la cabeza descubierta Momia Juanita tenía la cabeza descubierta

Momia Juanita lista para entrar al Tomógrafo

Momia Juanita lista para entrar al Tomógrafo Momia Juanita lista para entrar al Tomógrafo

Hermosillo, Sonora.-En el 2009 investigadores del Proyecto Arqueológico Sierra Alta de Sonora del INAH, liderado por el arqueólogo, Júpiter Martínez, se encontraban explorando una cueva en la que encontraron más de 40 cuartos y tres pisos de construcción de viviendas de adobe que eran parte de su estudio. Hubo un derrumbe y así se encontraron a Oqui.

Envuelta en un petate, telas y muchos hilos, la mujer tenía un brazalete de tela, sus brazos estaban cruzados en el pecho y con los restos de un bebé sobre una pequeña cuna de petate. Portaba una manga larga, una vasija que fue quebrada en cuatro pedazos, los cuales fueron colocados en dirección de los cuatro puntos cardinales. Como ofrendas tenía atados de agave, nopal y envolturas de maíz. Estaba amarrada con una cuerda de hilo de algodón que la amordazaba y el fardo funerario le cubría el rostro.

Equipo del Proyecto Arqueológico Sierra Alta de Sonora del INAH excavando para sacar a Oqui

Los arqueólogos de momento pensaron que la mujer era de la época colonial, por la posición de sus brazos (asociadas al cristianismo) y la manga larga. Creían que había sido enterrada en ese lugar para que regresara con sus ancestros los Casas Grandes que también habitaron el centro ceremonial Paquimé que se encuentra en Chihuahua, pero comprende un amplio territorio de Sonora, y el sur de Arizona y Nuevo México. Además que la relacionaron con cierto estatus y piensan que en vida fue curandera.

La palabra Oqui significa mujer en Ópata, fue por eso que llamaron así a esta momia que por las condiciones climáticas de Sonora y de la cueva, donde no hay humedad, se desecó y conservó cabello, piel y huesos, que después fueron analizados.

Arqueólogo Júpiter Martinez

El arqueólogo Júpiter Martínez dijo que Oqui tenía 30 años de edad cuando falleció. Al hacer los análisis de los restos del bebé se encontraron que él vivió en el año 1000 a.C. y al tomar muestras de un diente de Oqui, se dieron cuenta que ella también vivió en ese año, por lo que sus hipótesis de que había vivido en la época colonial quedó descartada.

Imagen de tomografía de Oqui

Explicó que intentaron ver si había “correspondencia genética” entre el bebé y ella, pero el ADN no se conservó en los huesos del bebé porque son muy pequeños y por lo tanto se desintegraron más fácil. Sin embargo, la hipótesis de que Oqui fue curandera, aún la conservan. “Tenía la boca amordazada para que no se le abriera y el fardo funerario a diferencia de otros, le tapaba la boca.

Me gusta pensar en la idea de que lo hicieron así para asegurar que ella no siguiera haciendo magia en el otro mundo”, dijo Júpiter Martínez.

Momia Juanita tenía la cabeza descubierta

En el año 2010, excavaron el piso por debajo del cuarto y encontraron tres entierros más, “uno parcialmente momificado y dos momificados”. Sin embargo, el arqueólogo explicó que eran ofrendas muy distintas. En un fardo funerario encontraron a una niña que llamaron Juanita. Ella murió a los 8 años de edad, la envolvieron en petate, tenía de ofrenda una concha tubular en el cuello, un cuenco miniatura de cerámica y dos guajes, pero al hacerle la tomografía se percataron que traía puesta una pulsera, conchas y trenzas de cabello como parte del ajuar funerario.

Expresó que en Paquimé hubo hallazgos de grandes cantidades de conchas, como resultado de la ruta de comercio que tenían con los grupos del mar con quienes intercambiaban turquesa, conchas, pescado, guacamayas, semillas y otros productos. A pesar que las conchas eran significado de poder económico o prestigio, encontraron que Juanita tuvo carencias.

En sus huesos pudimos observar que su crecimiento se detuvo y que posiblemente pasó por mucha hambre, hasta quizás morir de desnutrición”. Júpiter explicó que en la misma zona de enterramiento de Juanita encontraron los restos de un bebé y un petate asociado.

Momia Juanita lista para entrar al Tomógrafo

De acuerdo al arqueólogo, pegado a la roca madre de la cueva, encontraron otro fardo, en donde se encontraba una mujer de lo que en ese entonces sería la tercera edad. Júpiter explicó que ella era de 50 años de edad pero tenía la espalda muy deteriorada y los iliacos planos.  Estaba envuelta en un petate y una manta de algodón, a ella le taparon la cara totalmente. No tenía ninguna ofrenda y solo poseía un taparrabo. No pudieron obtener mucha información de ella porque los ratones habían hecho nido en su estómago.

También encontraron a Bana, bebé del que no saben el sexo, estaba envuelto con ocho vueltas de otra manta de algodón que estaba quemada en su exterior.

Como los fardos funerarios fueron encontrados enterrados en los mismos cuartos en los que ellos habitaban y de acuerdo a la investigación, fue en los mismos años. Júpiter Martínez señala que eso les deja nuevas hipótesis sobre la visión de la muerte y la “convivencia con los muertos”, ya que seguramente esos cuerpos despedían humores y “los cuartos son espacios pequeños y cerrados”.

Las momias son como cápsulas del tiempo”, dijo el arqueólogo. 

Y es que al analizarlas y ver los objetos relacionados a los fardos funerarios y restos encontrados en el sitio arqueológico, como semillas de nueces, bellotas, les indica que estos ancestros vivían de la recolección de frutos, a pesar de haber sido agricultores que sembraban frijol, maíz y calabaza.

Manifestó que como el maíz es de dos temporadas, la gente recolectaba semillas y frutos, se alimentaban también de agave, insectos o de la carne de animales como jabalíes, venados y pavos de monte. Es así que la magia de las momias y los lugares hacen su efecto en la ciencia que los estudia con la más alta tecnología.

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