Espectáculos

Conchita García y Fausto León hacen música como alimento para el alma

Por medio de su música, los artistas Conchita García y Fausto León buscan apoyar a la comunidad y a sus colegas en los tiempos de crisis

por Karla Gastelum

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Cajeme.- En el marco de la celebración del Día Internacional de la Música, es necesario conmemorar a los artistas que comparten su talento con fines altruistas en tiempos difíciles como lo es la presente contingencia. Un ejemplo es Conchita García, cantautora originaria de Esperanza, Sonora, que con su música busca sanar el alma.

Una de las filosofías de vida que me habitan es justamente programarse a través de la música, y esto tiene que ver con lo que canto, escucho y comparto”, cuenta en una entrevista para TRIBUNA

La artista que se ha puesto en la mira del ojo público por compartir frecuentemente su contenido en redes sociales bajo el hashtag #CasaChamana.

  • Música para sanar

Por programación musical, la artista comprende los diferentes efectos que causan las frecuencias acústicas de distintos instrumentos relacionándose directamente con las reacciones del cerebro:

Por lo general es música de nuestro pueblo, regional, pero también espiritual, de alabanza, música con mantras, con instrumentos que tienen en particular ciertas frecuencias que nos elevan y nos sanan basado en la programación de nuestras células y nuestro ser a través de los sonidos. De ahí parto para lo que comparto”, versó.

El acercamiento de Conchita hacia la música ocurrió a los 8 años. Inició sus clases con el maestro Chimin Ortega, quien entonces era el trombonista del grupo La Concentración. Durante su juventud perteneció a varios grupos musicales e ingresó a concursos de canto, y aunque nunca ganó ninguno, según ella misma declara, sus lazos con la música se intensificaron al unirse con personas que compartían el mismo gusto.

Por otra parte, estar en el coro de la Iglesia de la Purísima Concepción en Esperanza fue un hecho que marcó la vida de Concepción, afirma la cantante. Fue a los 17 años cuando comenzó a tomar un curso profesional al conocer al grupo Khenany.

Yo los admiraba mucho porque la música era extraña para mí, por los instrumentos, por los sonidos, los cantos, decía qué rara, pero comencé a seguirlos en presentaciones escolares, y en esta parte de la historia empiezo en mi escuela y mi maestro en Conalep nos daba clases de folklore latinoamericano; varios de mis compañeros y yo entramos a Khenany y así comienza mi carrera formal”.

La cantante declara que para ser músico los requisitos son basarse en el profesionalismo “y que uno lo haga valer, tener ese respeto por lo que se hace y ser muy determinado, así como disciplinado”.

  • Necesidad de música

De la misma forma su compañero en duetos Fausto León busca ayudar a la comunidad, en especial a sus colegas de profesión, y ha logrado identificar algunos de los retos a los que se enfrentan los músicos en esta época tras la pandemia.

Todos estamos en riesgo, y más los artistas porque uno contacta con muchas personas”, declara el autor de ‘Hacía falta’.

Fausto estudió música en Guadalajara y durante algunos años se preparó en Hermosillo con la maestra Emiliana Zubeldía. Con el tiempo se ha convertido en un referente musical de Cajeme, pues ha incursionado en la televisión siendo productor del programa cultural ‘Un canto para mi pueblo’, donde invita al talento regional para compartir el escenario.

Ha sido duro, esta etapa de reflexión en la cuestión económica ha sido difícil”, asegura el artista.

Como alimento para el alma, Fausto considera que la música es una necesidad social:

Es necesaria y es importante que se incluya en las escuelas como materia obligatoria desde nivel preescolar, porque nos hace más sensibles, tiene una manera mágica de actuar en el ser humano”, expresa Fausto.

Uno de los primeros pasos para superar los grandes retos que se avecinan tras la contingencia, es reconquistar al público:

Se ha perdido la cultura de saber escuchar”, analiza León.

Los músicos saben que no existe comparación en cuanto a las sensaciones de estar en una escenario que cantarle a una cámara, pero seguirán llevando a cabo sus transmisiones, compartiendo su talento y brindando apoyo a la comunidad con el poder sanador de la música.

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