Opinión

+ Por el bien de México, primero el beneficio de la duda +  Los últimos 60 minutos más largos de la historia para Peña Nieto

Columna de Hierro

por Sergio Ibarra

Por un momento, Andrés Manuel López Obrador retomó su discurso de candidato y le dijo a los más de diez mil mexicanos que se congregaron este pasado sábado en torno a su figura que su Gobierno estará marcado por dos puntuales premisas:

El combate a la corrupción y ante todo, primero los pobres.

Por eso, como lo había hecho antes ante el pleno de los diputados e invitados especiales en donde rindió protesta como presidente de todos los mexicanos, volvió a reiterar que sus promesas de campaña empezarían a hacerse efectivas a partir del primero de diciembre.

La arenga y el grito de “no estás solo, no estás solo”, salió natural, espontáneo de las miles de gargantas y así recorrió el país entero teniendo como testigo de honor a los representantes de los 500 pueblos indígenas que minutos antes le habían hecho entrega del simbólico bastón de mando y con ello, lo hacían también su presidente.

La fiesta que nos tocó presenciar la tarde de este pasado sábado en el zócalo capitalino es única por varias razones:

Estaban muy alejadas de los acartonados actos de la eterna parafernalia priísta en la que al presidente se la hacía un acto a modo para su lucimiento personal a fuerza de matracas, confetis y las mantas alusivas a su asunción como el nuevo todo poderoso y ante el cual desfilaban los electricistas, los maestros, los sectores obrero y popular y, desde luego, el grueso de la alta burocracia, carne de cañón, el voto duro e incondicional que por largos setenta años mantuvo esa estructura de oropel que vimos irse a darse al traste este pasado primero de julio.

Por eso, lo que se vio este primero de diciembre en la plancha central, el corazón de México, fue una auténtica fiesta cívica que en ningún momento ocupó de coordinadores o líderes para que el pueblo echara por fuera, en el momento que se le pegara en gana el grito festivo y original, salido, de veras de la entraña auténtica.

Ajeno a todo esto, durante el cambio de poderes, ceremonia a la que prácticamente asistió sin estar ahí, Peña Nieto vivió los últimos momentos como protagonista de estos actos como uno de los más aciagos de su vida.

Y no era para menos, aguantó, como quien oye llover, la parrafada que le dedicó su sucesor.

Sobre todo cuando le recordó que prácticamente nunca le salieron los números a la hora de confrontarlos con las promesas hechas en campaña y sobre todo, aquel contundente y mísero dos por ciento alcanzado .

Peña Nieto hubiera querido estar lo más lejos posible del mismo escenario en donde llegó pletórico de poder hace seis años cuando el grupo Atlacomulco y los televisos lo hicieron su presidente, no el presidente de los mexicanos, cuando el tabasqueño le recordó, en su cara, el rotundo fracaso de la reforma energética.

Se suponía, le dijo, que para en estas fechas, tres años después de haberse efectuado la reforma energética, México estaría produciendo tres millones de barriles diarios y en los hechos únicamente se producen, un millón 763 mil litros.

Es decir, 41 por ciento menos de lo programado.

Y seguramente pidió que se lo tragara la tierra cuando su relevo le recordó que fue precisamente durante su Gobierno cuando se implantó el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación.

Muy seguido de cerca por la mirada de Martí Batres, el morenista non de estos momentos y líder de la bancada de su partido, Peña Nieto hubiera querido desaparecer del mapa cuando López Obrador le reclamó que, “antes del neoliberalismo éramos autosuficientes en gasolinas, diésel, gas y energía eléctrica”.

Ahora, le realidad es que compramos más de la mitad de lo que consumimos de estos insumos.

Peña Nieto se tocó la cara y se restregó las narices cuando el de Macuspana dijo sin miramiento alguno que otra de las cacareadas reformas del Gobierno que ya se fue y de triste memoria, se iría, también, para nunca más volver:

“A partir de este primero de diciembre, se acabó la mal llamada reforma educativa. Tampoco pasa como no han de pasar muchas de las propuestas del mexiquense”.

Dentro de las muchas expresiones que se dieron antes y durante la toma de protesta del nuevo Gobierno, habría que destacar dos; la cuenta del uno al 43 para recordarle al nuevo Gobierno el tema pendiente de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa y la protesta que se realizó afueras de Palacio Legislativo para protestar por la presencia el presidente venezolano, Nicolás Maduro y para lo cual, la diputada Tatiana Clouthier tuvo su oportuna respuesta, lo mismo para aquellos que critican el recién estrenado Gobierno.

A estos, la hija del Maquío Clouuthier les dijo sin el menor empacho:

“Reforzarles que tienen toda la libertad para hacer que tienen toda la libertad para hacer lo que les dé la gana, al final de cuentas somos un país libre, de libertades y seguiremos trabajando para que esas libertades existan”.

Por lo que resta, no queda más que darle el beneficio de la duda al nuevo Gobierno y que ojalá que 18 años de espera se traduzcan en beneficios para aquellos 30 millones de mexicanos que votaron por el cambio.

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