Opinión

+ Quico de la Vega; su Gobierno al punto de la quiebra + El por qué, ni Abel ni Rodrigo nunca hubieran sido candidatos del PRI a la Alcaldía de Cajeme; la forma es fondo

Columna de Hierro

por Sergio Ibarra

A lo largo de los últimos 40 años ha sido un hecho muy recurrente el que los gobiernos de los Estados, en todo el país, tengan que entrar al ‘quite’, sobre todo en diciembre, a efecto de que los alcaldes puedan cumplir con el pago de aguinaldos al grueso de sus empleados.

La razón es muy simple:

De sobra es sabido que por lo menos unas tres cuartas partes de los presupuestos en los ayuntamientos del país, va directamente al gasto corriente que no es otra cosa que al pago de nómina y servicios propios de todo ayuntamiento como electricidad, teléfonos y el consabido gasto de combustibles que no se los quitan por ningún motivo.

Precisamente en estos momentos, para no ir muy lejos, el funcionario más solicitado del gabinete estatal es ni más ni menos que el secretario de Hacienda, Raúl Navarro cuyo escritorio debe de estar repleto de urgentes solicitudes de adelanto de participaciones con el único fin de que los entrantes alcaldes puedan cubrir su obligado pago de aguinaldo a sus trabajadores.

Esta es una historia que continuará por toda la vida.

Lo que resulta completamente atípico y anormal es lo que está ocurriendo en estos momentos con el caso del Gobierno de Baja California cuyo gobernador, Kiko de la Vega está a punto de declararse en quiebra.

Y como botón de muestra, ahí están los casos de los trabajadores del Poder Judicial los que, por primera vez en su historia, han dejado de recibir el pago correspondiente a su dieta mensual, fenómeno que, por igual, se ha reportado en el Tribunal de Justicia Administrativa, con daños colaterales también, en el Instituto Estatal Electoral, el Instituto de Transparencia y Acceso a la Información, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, el Tribunal de Justicia Alternativa, el Colegio de Bachilleres, al Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Baja California, lo mismo que sigue sin pagarse la mensualidad a la Universidad Autónoma de Baja California a la que hace dos años se le adeudaban más de 470 millones de pesos y con la cual tuvo que llegar a un convenio de pagos.

Esto, desde luego, sin contar la deuda a proveedores.

Pesos más, pesos menos, poco más de mil millones de pesos tan solo a entidades estatales lo que, literal, tiene al Gobierno de Kiko Vega a un paso de la quiebra, razón de más para concretar que el rescate de este Estado fronterizo, deja en claro dos cosas:

Que Kiko Vega será el primer gobernador de la era moderna que tendrá que ser rescatado por un Gobierno Federal que, para más señas, no es del partido que lleva poco más de 30 años detentando el poder desde que Ernesto Ruffo se convirtió en el primer gobernador de oposición en conquistar una gubernatura y, dos; que el PAN, ha fallado rotundamente en el Estado de Baja California, porque jamás se había dado el caso en que un gobernador está a punto de tirar la toalla a efecto de que tenga que ser rescatado por el Gobierno Federal ante la incapacidad demostrada por este que, pinta para convertirse en el último gobernante emanado de las filas de Acción Nacional.

FIERRITOS EN LA LUMBRE… En política, “la forma es fondo”. En su explicita traducción, la frase atribuida al ideólogo del PRI, don Jesús Reyes Heroles, cuando en el PRI había gente que pensaba, de veras, no quería decir otra cosa que, “los modos, gestos, actitudes, comportamientos, palabras, etc., o sea, lo externo, es materia o substancia que puede influir en decisiones trascendentales en la carrera de un político o funcionario público”.

Eso es lo que explica el diccionario, de ahí su entrecomillado.

Traducida al simple castellano, explicada con no más de cinco manzanitas y llevada al terreno de los hechos en el caso Cajeme y más concretamente en la designación del candidato del PRI a la Alcaldía de Cajeme en el pasado proceso electoral del primero de julio, todo está dicho.

Bastaba que el ahora excandidato independiente a la presidencia municipal, Rodrigo Bours Castelo se metiera a escudriñar, --como lo ha hecho hasta ahora en las entrañas del ‘Manliogate’ que resulta del atascado asunto del estadio de beisbol y la urbanización de 500 lotes que según este, son propiedad del exgobernador Manlio Fabio Beltrones y en donde el Ayuntamiento de Cajeme no cobró un solo peso-- para colegir el por qué ni Rodrigo Bours ni Abel Murrieta Gutiérrez podrían ser los candidatos del PRI a la Alcaldía de Cajeme por más que, sobradamente, están mucho más preparados que quien finalmente resultó apabullado en las elecciones del primero de julio, el exregidor y exdiputado, Emeterio Ochoa.

El fondo del que habla don Jesús Reyes Heroles lo explica todo.

Ni Rodrigo ni Murrieta Gutiérrez le podrían garantizar al dueño del bat y las pelotas su ganancia en un encuentro a modo en el que todo estaba escrito para, explicado al más puro estilo beisbolero, batearla por todo el jardín central, las veces que se pegara en gana, como finalmente ocurrió, y sin la mínima penalidad para nadie.

Con lo que no contaban era que el estacazo ‘lopezobradorista’ que a fin de cuentas fue de mayúsculas proporciones les echaría por tierra sus planes y que a fin de cuentas su candidato habría de resultar un ‘podridito’ de lo más fildeable, apenas atrasito de segunda base.

Y no era porque Murrieta ni Bours, no dieran la talla o no tuvieran la estatura suficiente para hacerlos candidatos, simple y sencillamente no encajaban en los planes de lo que venía y en los que ‘su candidato’, estaba más que a modo.

Lástima, Margarito.

En fin, ya tendrán el tiempo suficiente los regidores integrantes de la Comisión Plural a efecto de que González Ulloa les deje en claro las interrogantes que Rodrigo Bours deja en el aire a partir del video de su intervención en donde da santo y seña del ‘Manliogate’ en donde, para colmo, ahora resulta que el Ayuntamiento les debe a estos señores que no pagaron un solo cinco por la urbanización de 500 lotes, ni más ni menos que 40 millones de pesos por un lote que sabrá Dios en qué términos se habrá negociado.

Del dinero que, por ley, los casinos instalados en Cajeme deben de pagar al Ayuntamiento de Cajeme, ni hablar.

Ese es otro no menos contaminado tema del que podremos ocuparnos en futuras columnas…

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