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+Ante la situación legislativa +Siguen las Comparecencias

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Una vez más comienza a perfilarse en Sonora el fantasma de la ingobernabilidad legislativa. ¿De qué o para qué sirve un Congreso local que cuando interesa a sus grupos partidistas prácticamente bajan el telón y suspenden las sesiones respectivas? No les preocupa lo que tengan que debatir en la orden del día.

O precisamente por eso. Es decir, cuando saben que la temática que es preciso abordar en el pleno perjudica a intereses políticos de los legisladores, éstos deciden ausentarse en bloque del terreno en el que deberían apersonarse para escuchar alegatos en contrario y responder con los propios. No es así en la actual legislatura sonorense.

Se vio el jueves anterior cuando los diputados de la bancada del Partido Acción no se presentaron a la sesión en que estaba agendada la discusión de la cuenta pública estatal del año pasado, en la que, al parecer, existen descomunales anomalías administrativas y financieras que involucran miles de millones de pesos. Como si se tratara de un asunto irrelevante, los diputados en mención no se presentaron a sus labores.

Correspondiente esa cuenta de que se habla al penúltimo año de ejercicio del Gobierno de Guillermo Padrés Elías, se entiende por qué entonces los legisladores panistas eludieron asumir el examen procedente de esa información en el Congreso local, junto con sus homólogos de los demás partidos políticos. Estos últimos se quedaron esperando a los blanquiazules que nunca llegaron a la reunión convocada con ese propósito.

Los legisladores panistas argumentaron que el dictamen que se presentaría en el Congreso, fue aprobado por la Comisión de Vigilancia del Instituto Superior de Auditoría de Fiscalización sin que se les tomara en cuenta. Al parecer en ese dictamen está el recuento de una serie de pasivos gubernamentales en un sólo año que causan perplejidad por el tenor de su cuantía. En esa danza de cifras (descrita en millones de pesos) naufraga el ánimo más templado en esta clase de menesteres por la forma en que se pormenorizan los presumibles y quizá peliculescos faltantes de dinero.

El caso es que, más allá de banderías políticas o partidistas, es necesario que en la legislatura sonorense se aborde esta problemática, como más temprano que tarde tendrá que hacerse. El riesgo es que en el ínter desaparezcan temporalmente las tareas legislativas en la entidad, porque en estos momentos no se sabe si el PAN establecerá como norma de actitud su ausencia del Pleno cada vez que deba salir a relucir un problema como el descrito.

Sonora vivió en el sexenio pasado una parálisis de esa naturaleza. Y bien se sabe la forma en que terminó por afectar el sentido de la gobernabilidad general en el Estado. Por ello, habrá que esperar razonablemente que los legisladores panistas entren precisamente en razón y no boten los espacios que tienen en el Congreso local. Si algo no les gusta de la estrategia priísta en relación con el tema que se comenta, esos espacios legislativos que ostentan son los mejores que podrían idearse para defender las causas que estimen pertinentes.

La idea o la exigencia radican en que no se vuelva al inmaduro y peligroso el juego político de no presentarse en el Congreso. Esa conducta ya está muy vista. De esta suerte, hay que ponderar el hecho de que los señores y las señoras que forman parte de la legislatura local, muy aparte de las siglas que representan, deben entender que llegaron a esa instancia para hacer gala de su vocación por el trabajo y no para sacarle la vuelta a las primeras de cambio con pueriles o muy serias argumentaciones. Y el problema es que de nada ha de servir que les descuenten el día a los diputados locales faltistas.

No sólo por el lado legislativo hay razones para ocuparse de panistas que alcanzan hoy destacados espacios mediáticos. El procedimiento de las llamadas comparecencias ante instancias de justicia, ha ubicado en la atención pública reciente a personajes del sexenio estatal anterior de una manera casi sistematizada.

Es el caso inmediato, por ejemplo, de la ex diputada local Mónica Paola Robles Manzanedo y John Swanson Moreno, ex jefe de la oficina del Ejecutivo en el sexenio pasado. Ella debió presentarse ante la Procuraduría General de Justicia en Hermosillo y él se apersonó en la Fiscalía Anticorrupción. Bien a bien no se sabe por qué fueron llamados a esas respectivas instancias. Pero es o tiene que ser evidente que su presencia allí se relaciona con la vorágine de presunciones y sospechas que dejó tras de sí el Gobierno encabezado por Guillermo Padrés.

No hay duda de que esta mecánica que se describe seguirá su curso en los próximos días. Esto significa que todavía falta tomar nota de más comparecencias por parte de ex funcionarios estatales. Todos los indicadores apuntan en ese sentido. ¿Hasta dónde llegará este procedimiento? Se pensaría que hasta donde deba llegar.

 

 

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