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+Perder capacidad de asombro +Un añejo dilema: Leer o no leer

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La reciente administración municipal panista dejó en Hermosillo un presunto desfalco por 3 mil millones de pesos. El nuevo alcalde priísta de la capital del estado no se anduvo por las ramas para utilizar una tajante expresión como la que sigue: “Nos saquearon”.

Así debió haber sido. Porque sólo así se explica el coraje o la franqueza con que Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez habló en una reunión con el personal de Parques y Jardines del Ayuntamiento que encabeza. Fue categórico al señalar, por ejemplo, que el ex alcalde hermosillense Alejandro López Caballero “saqueó las finanzas municipales.

Aprovechó igualmente para señalar que López Caballero fue secretario de Hacienda durante los tres primeros años del gobierno estatal de Guillermo Padrés Elías. De allí, entonces, saltó a la alcaldía, donde, por lo visto, desarrolló un quehacer en extremo controvertido, por decirlo de esta amable manera.

El alcalde Acosta Gutiérrez (‘Maloro’, le dicen sus amigos”) dijo todavía más al respecto: “Nos saquearon cuando era dinero para becas de los hijos de policías, nivelaciones de sueldos, cuotas de Infonavit, que sí se les descontaban, pero nunca se pagaron”. Queda claro que el presidente municipal hermosillense tomó la decisión de contar todas las tropelías administrativas que al parecer se cometieron en el Gobierno anterior de la capital sonorense. Increíble.

Pero no deja de llamar la atención la forma en que términos como saqueo o desfalco, se han vuelto ya muy comunes a la hora de ver qué fue lo que pasó en los asuntos públicos o gubernamentales de una entidad como la nuestra. De suyo sorprendentes o perturbadores por el mismo significado que traslucen, esos términos quizá estén perdiendo en Sonora esa particularidad semántica para terminar convertidos en dichos rutinarios o convencionales.

Eso puede resultar sumamente grave para salud y la armonía sociales de un conglomerado como el sonorense. De allí la importancia de no permitir que la capacidad de asombro de la opinión pública se vaya por la borda. En este sentido, debe remarcarse la obviedad de que Hermosillo es la principal ciudad sonorense. Pero no por ello a de observarse con indiferencia el presumible y cuantioso desfalco que habría cometido en sus diversas áreas de trabajo el gobierno municipal anterior. ¿Que empiece otro género de comparecencias ante la fiscalía respectiva? No parece ser otro el camino.

De nuevo sale a mención la trillada evidencia de que los mexicanos no leemos. Pasan los años y jamás mejoran las estadísticas respectivas. Casi siempre son las mismas. Es decir, adversas al gusto por la lectura. Dicen los que saben que un país donde no se lee tiene que llamar a la preocupación.

Los pormenores al respecto de lo que se habla, son los siguientes: los mexicanos leen una media de cinco libros al año. Tres y medio por gusto y casi dos por necesidad. El 42.7 por ciento de la población no lee libros. O sea, casi la mitad poblacional de este País le hace el feo a los libros.

Datos como los anteriores están pormenorizados en la llamada Encuesta Nacional de Lectura y Escritura que lleva a cabo el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. La encuesta fue conocida el lunes anterior. Hay cosas interesantes en esa indagación.

Por ejemplo, definió que la lectura es sólo la quinta actividad de ocio en cuanto a inversión de tiempo para los mexicanos. Prueba de ello es que “sólo un 21 por ciento menciona que es algo (la lectura) en lo que gasta parte de su tiempo libre, menos de la mitad que en la televisión, que un 52 por ciento ve en su tiempo libre”.

En función de lo anterior, se ratifica entonces que la televisión sigue siendo el medio que mayormente ocupa el tiempo libre de los mexicanos, por más que la caja chica (no falta quien diga que es también la caja idiota) a menudo resulta objeto de críticas de muy diverso género. Pero, a pesar de todo, debe ser cierta la estadística que se menciona.

Leer o no leer, sería entonces el dilema de acuerdo con quien fue Chespirito en México, es decir, Roberto Gómez Bolaños. A pesar de su apodo, Chespirito lo único que escribió fueron guiones para películas de Viruta y Capulina y propios para sus programas El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, y nada que se haya acercado a un libro de lectura más o menos recomendable.

De acuerdo con los datos que se comentan, la Biblia sigue siendo el libro más leído entre los mexicanos en un tiempo que va de 2006 al presente año. Después de este libro, el más favorecido en México es el llamado 50 Sombras de Grey, por razones naturalmente obvias. A pesar de que no se le ejerce en la forma masiva que cabría esperar, el gusto temático o general sigue siendo en la lectura un aspecto definitivo.

Uno, por ejemplo, desarrolló una tenaz búsqueda para localizar un libro titulado Con la máquina al hombro, del reportero Manuel Mejido, perteneciente al equipo del llamado viejo Excélsior, comandado entonces por Julio Scherer. Por fortuna, un fino amigo que lee hasta lo que está por escribirse, tomó cartas en el asunto y el problema quedó resuelto.  

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