Gerardo Armenta Balderrama

+Regidores con estacionamiento +Ante el Estado de Sonora y el SAT

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Regidores del Cabildo de Navojoa tienen en exclusiva un área de estacionamiento vehicular en las inmediaciones del Ayuntamiento local. O tenían. Porque ya surgieron protestas ciudadanas que objetan el sentido de esa prebenda.

El asunto salió a discusión en la inmediatez de que se produjera la instalación de 77 nuevos parquímetros en los alrededores de la Plaza Cinco de Mayo. Vecinos del rumbo (que no deben ser muchos porque no es allí una zona habitacional propiamente dicha) dijeron que esa decisión no sería justa para ellos, en tanto los regidores dispongan de un lugar exclusivo para estacionar sus autos sin pagar un centavo.

No está claro, sin embargo, si los ediles mantendrán esa prerrogativa con la instalación de parquímetros en el centro citadino navojoense. Los voceros del Patronato no han dicho nada sobre esta controversia. Pero el sentido común recomienda poner fin a tal exclusividad de que han disfrutado los ediles locales. Es lo menos que puede esperarse.

Premisas como las anteriores tendrían que hacerse valer sin mayores contratiempos de por medio. Es curiosa la forma en que los regidores que lo son llegan a serlo. De una u otra manera, los ediles de un Cabildo a menudo no suelen ser valorados mayormente, incluso desde el momento en que asumen marcar presencia durante las contiendas electorales. En éstas lo común es que se diga (como máxima virtud política) es que “forman parte de la planilla” de quien aspira a la Presidencia Municipal.

Tampoco está claro hasta ahora si los hombres y las mujeres que figuran en las planillas municipales, allegan realmente votos a la causa electoral y partidista en que aceptan figurar. Sin hacer menos a nadie, de suyo se acepta y reconoce que regularmente el candidato a la alcaldía es quien logra los votos para asegurar el triunfo de su planilla (o el suyo propio, mejor dicho), más allá de lo que pudieran reportarle en esta materia “sus” candidatos y candidatas a ediles.

Después viene el aspecto que tiene que ver con su desempeño en el Cabildo. Quizá no haya mucho que decir al respecto. A pesar de que son electos libremente, los regidores no resultan enteramente libres en el lugar donde tienen asiento. No es que carezcan de voluntad. Pero lo cierto es que ésta casi siempre queda hipotecada (supeditada debe ser un término más pertinente) a la propia del alcalde en funciones que en todo Cabildo es como una especie de jefe máximo, por lo menos para quienes forman parte de su propio partido político y uno que otro acomedido que nunca faltan.

En este contexto, cabría decir que del Cabildo actual navojoense se cuentan muchas cosas, sin dejar de advertir que recién inició particularmente su quehacer. Aun así, y a pesar de que sus integrantes ya participaron en lances significativos para la vida comunitaria, todavía no se tienen a la mano evidencias claras que hagan suponer que su quehacer será reconfortante para la sociedad navojoense en general. Por ello, quizá nadie lamentará si el Patronato de Parquímetros asume cancelar la exclusividad de estacionamiento vehicular que tienen los regidores en las cercanías del Palacio Municipal. Unas por otras.

¿Una más de las que tanto se dicen? Pues sí: una más. No se puede pensar otra cosa. Se habla del Gobierno Estatal anterior. El dato más reciente sobre su desempeño (tenido ya a estas alturas como desastroso) se refiere a la decisión por la que el Sistema de Administración Tributaria  suspendió al Estado de Sonora sus facultades de fiscalización.

Cualquier neófito en menesteres de ese calibre, entendería que una determinación de esa naturaleza es grave, singularmente por las motivaciones que la hicieron posible. Según la información disponible (y contundente, al parecer) el Gobierno sonorense pasado benefició con más de mil millones de pesos a más de 500 contribuyentes con más de 800 auditorías. De esta manera se formalizó la presunción de que un elevado número de empresas fueron favorecidas con disposiciones estatales como las descritas.

En otras palabras, sigue la mata dando. El problema es que el Gobierno sonorense actual tendrá que pagar una elevadísima multa (casi 100 millones de pesos) por lo que hizo su antecesor, de tal suerte que al SAT no le quedó otra más que intervenir en la drástica forma en que resolvió hacerlo. ¿Pero por qué contra este Gobierno y no contra los responsables del que se fue? La pregunta tiene lógica y sentido aunque en los hechos no lo parezca así.

Seguramente el Gobierno sonorense de hoy no se quedará cruzado de brazos, puesto como ha quedado frente a terribles hechos consumados y advertidos por una instancia hacendaria, como son los que se comentan con cargo al SAT. De este modo, igualmente tendrían que empezar a clarificarse con mayor soltura las responsabilidades que pesan sobre ex funcionarios estatales en los demás y presuntos hechos bajo sospecha administrativa que se les atribuyen.

 

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