BULMARO PACHECO

TRANSICIÓN: LAS PREGUNTAS PENDIENTES

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1. ¿Habíamos tenido en Sonora un gobierno con un final tan turbulento como el actual?

Ninguno, cuando menos desde la segunda mitad del siglo XX a la fecha. Hubo tramos finales tensos y difíciles de gobiernos, como el de Luis Encinas con problemas de corte político y violencia callejera en 1967.

La crisis política por una errática operación de los mecanismos sucesorios por parte del CEN del PRI de entonces, provocaron la llegada de la alternancia en siete municipios de Sonora, incluida la capital -siguiendo la ruta de Mérida y Mexicali-. También que el PAN postulara por primera vez candidato al Gobierno del Estado.

Las tensiones estudiantiles, magisteriales y sociales las capitalizó el PAN. El gobernador Encinas salió del poder, le entregó a su sucesor Faustino Félix Serna y se dedicó por un tiempo a sus actividades privadas. Sería invitado después por el presidente Luis Echeverría a dirigir el Banco Nacional de Crédito Agrícola, entre 1970 y 1975.

 

2. Y, ¿con problemas especiales?

Al gobernador Carrillo Marcor le tocó operar la ejecución del reparto agrario en los valles del Yaqui y Mayo entre finales de 1975 y todo el año de 1976. Le tocaría a su gobierno enfrentar los efectos sociales nocivos de la primera devaluación del peso de agosto de 1976 (de $12.50 a $22 por dólar), un fenómeno que no se daba en México desde 1952. Todo eso se sumó a los  enfrentamientos políticos generados por la caída del gobernador Biébrich.

A Rodolfo Félix Valdés le tocaron los problemas políticos derivados de la recesión económica experimentada a finales del gobierno de Miguel de La Madrid y la complicada elección de 1988. A Manlio Fabio Beltrones los problemas derivados del llamado “error de diciembre” y la peor caída de la economía en 1995. A López Nogales los efectos del desplome internacional por los actos terroristas del 2001 en Nueva York, con efectos en la economía local. Y a Eduardo Bours la crisis económica internacional del 2008 y la recesión mexicana del 2009.

Capítulo aparte merece el caso de la crisis originada por el incendio de la guardería ABC a finales del sexenio del gobernador Bours, porque todavía no terminan de medirse sus alcances y pendientes, amén de que el suceso se ha utilizado cíclicamente (lo han utilizado otros intereses) para golpear políticamente. Ha habido interpretaciones de todo tipo sobre el impacto del suceso en los resultados electorales del 2009. Hay opiniones encontradas, sobre todo por los números obtenidos en la capital; pero hay quienes hasta consideran dicho problema como el detonador de la derrota del PRI en la elección de gobernador. El argumento cae por su propio peso. No está del todo claro.

La diferencia del gobierno de Guillermo Padrés con los anteriores, es que en sus primeros tres años (desde 1943 a los gobernadores de Sonora les toca interactuar en el sexenio con dos presidentes de la República) tuvo todo el apoyo del presidente Felipe Calderón del PAN y la economía sonorense no resintió como con sus antecesores los efectos de crisis internacionales.

Ni con todo eso a favor, le dio por hacer un buen gobierno. Tampoco le dio para la pretendida continuidad sexenal el presumir a cada rato que había hecho mucho más que los anteriores (?) en empleo e ingreso per cápita.

 

3. Derivado del primer gobierno de la alternancia, ¿qué ha hecho diferente el gobierno del PAN comparado con el PRI?

Los gobiernos del PRI nunca batallaron para establecer una comunicación directa con la gente y las organizaciones representativas. Había diálogo y comunicación muy fluida y muchos problemas se resolvieron por esa vía.

El gobierno del PAN desde un principio se cerró y nunca dialogó. Entró al poder con mucha desconfianza en la gente, los otros Poderes, las organizaciones, y en cada expresión crítica veía enemigos u “opositores”. En lugar de incluir a lo mejor de Sonora en la tarea de gobierno, optó por imponer a militantes del PAN sin experiencia y habilidades en casi todos los cargos, dando lugar a que estos, en lugar de ver en eso una oportunidad de servirle a Sonora, vieran el gobierno como una especie de botín al que había que sacarle todas las utilidades posibles… y ahí están los desastrosos resultados.

Por eso los problemas que enfrentaron desde el principio del sexenio siguen vigentes y no se han resuelto. Tomaron distancia de su responsabilidad, alegando siempre que la oposición no los dejaba gobernar porque no asimilaban la derrota, y de ahí se agarraron para promover el desorden administrativo y financiero del que todavía no sabemos ni el tamaño (del boquete) ni las verdaderas dimensiones (del desastre).

Los panistas entraron al gobierno con la muy desarrollada mentalidad de hacer negocios desde el poder. Al gobierno del PAN le señalaron desde el principio las asociaciones, los cobros, la influencia directa de parientes cercanos al ejecutivo en las asignaciones de contratos y un estilo muy especial de inducir la corrupción, que no tardó en invadir a la mayoría de los espacios sociales, empresariales y políticos de Sonora.

Se confiaron. Primero creyeron que el PAN no saldría de la presidencia de la República y después le apostaron a quedarse más años en el Poder estatal. Las dos previsiones les fallaron y la sensación de impunidad se les desvaneció. Por eso sus prisas y la guerra interna por buscar culpables de la crisis que ellos mismos generaron.

 

4. ¿Por eso el desencanto político contra ellos el 7 de junio?

Los panistas eluden el tema porque todavía prevalece un sentimiento de culpa entre los diferentes grupos. Unos porque dejaron hacer y no denunciaron a tiempo; otros porque sienten que a los otros se les pasó la mano y se sirvieron con la cuchara grande, dejando por fuera el reparto de bienes y concesiones en el resto de los grupos.

Sin embargo, el hartazgo con el estilo de gobierno del PAN empezó a sentirse con intensidad a principios del 2011, cuando el ejecutivo estatal tuvo el enfrentamiento directo con los distintos grupos del Valle del Yaqui ocasionado por el problema del acueducto -el mayor problema político del sexenio, que todavía sigue-. Se incrementó con la cerrazón del gobierno local, incentivada por el gobierno de Felipe Calderón al poner a disposición del PAN toda la estructura del gobierno federal -delegaciones federales incluidas-. Concentraron el poder, excluyeron hasta a miembros de su propio partido, y su desaseado modelo político -donde predominó el interés privado y el descuento de la cuota partidista disfrazada de (AP) “aportación partidista voluntaria” a los trabajadores del Estado- terminó por hacerles crisis ante las abundantes denuncias públicas de propiedades, moches, nuevas casas y la corrupción en el gobierno a los ojos de la gente, con el agregado de una crisis política sin solución.

La gente empezó a verlos y criticarlos. Descubrió que “los panistas en el poder habían salido peor que los políticos a los que siempre criticaron”. Ellos siempre justificaron sus acciones de corrupción alegando que el PRI también lo hacía. “¿Si el PRI también lo hacía, por qué los panistas no?”, gritaban a voz en cuello, como argumento torpe e ingenuo. No alcanzaron a percibirlo en su totalidad, pero ahí se incrementó el descrédito; algo en lo que el panismo local todavía no concluye de analizar objetivamente, porque aún sin autocrítica alguna y ante las pugnas por la dirigencia- buscan culpables por todos lados.

Semanas antes de la elección ya se veía el clima de rechazo y odio al PAN y su candidato. Quizá ellos no lo percibieron porque los invadía el triunfalismo y se sentían dueños del mundo (su mundo, del que nunca salieron... hasta ahora). Factores como la corrupción y el alejamiento de la gente, vía la exclusión de actores importantes de la política local, así como  la soberbia y la indolencia en el ejercicio del Poder, los orillaron a perderlo y es hora de que no salen de su crisis, porque se han demorado y han fallado en la tarea de explicarse las cosas.

 

5. ¿Por eso el gobierno se ha visto a la deriva en las últimas semanas?

La pérdida de rumbo tiene ya tiempo; se agudizó después del 7 de junio y por temor o vergüenza ya no hicieron ceremonia pública del VI Informe el pasado 26 de agosto… algo inédito en Sonora.

También se acabaron las giras del ejecutivo a los municipios, no hay desplegados publicitarios destacando los logros del gobierno y algunos funcionarios ya no aparecen en público. A muchos panistas los domina el clima de abulia, decepción, desencanto y desgano muy propio del aventurero político que abandona el barco al no ver ya ganancias; muy propio también de la gente sin principios. Ni el directorio oficial ni el padrón panista son ahora lo que fueron seis años antes. Hay deserciones y huidas.

Se ha sabido de casos de conspicuos panistas que a partir de ahora ya no quieren saber nada del PAN y anuncian el abandono de su militancia. Hacen cálculos y balances personales y los domina el desencanto.

Los llamados con cursilería “jefes morales” en las regiones ya dejaron de serlo, porque la gente les exige salidas y ya no disponen a manos llenas de los recursos y los empleos oficiales para corresponder a sus clientelas. Esa es la crisis que deben registrar a la hora de hacer su verdadero balance. La militancia de ocasión lo fue mientras ganaron. Ahora muchos los abandonan por conveniencia propia. ¡Faltaba más!

 

6. ¿El PAN cuenta todavía con un importante capital político en Sonora?

Tiene un capital político importante (alcaldes, diputados, senadores) pero tienen un problema mayor: no están unidos. La derrota del 7 de junio soltó los demonios entre los grupos, al grado de que al gobernador se le salió de control el problema y no se ve para cuándo esa división pudiera amainar.

No hay eventos de partido, todo es ahora a puerta cerrada; perciben el rechazo hasta en los lugares públicos que por algunas razones frecuentan.

Está pendiente la elección de su dirigente estatal y al parecer están esperando la salida de Guillermo Padrés del gobierno para que no meta las manos en el proceso. Faltará ver qué opina el candidato derrotado Javier Gándara -y a quién de los suyos impulsará-, y también la opinión del nuevo dirigente Ricardo Anaya, que seguramente recabará las opiniones de cercanos como Héctor Larios y Damián Zepeda antes de tomar una decisión. No se ve fácil su recuperación. Tampoco es imposible. Pero por lo visto, son muchos los intereses en juego y muchas las cuentas por cobrar entre los grupos que se quedarán sin poder muy pronto. Eso les llena el camino de incertidumbres y obstáculos... Los privados ya no los apoyan y muchos no sabrán hacer política sin el dinero oficial, y eso es parte de su tragedia.

El próximo 13 de septiembre el panismo local ingresará al prolongado y oscuro túnel del juicio de la historia. El tiempo para salir de él, la forma y el fondo -si es que lo logran- dependerá solo de ellos. El juicio popular se les ha adelantado y deberán enfrentarlo. Ellos lo provocaron, ellos que lo resuelvan. Sonora no tiene por qué costear los daños, ni avalar ni soslayar una pesadilla sexenal cuya autoría tiene nombres y apellidos. Ya veremos.

bulmarop@gmail.com

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