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Beltrones al PRI Quehacer Político

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Manlio Fabio Beltrones será el nuevo dirigente del PRI nacional. El miércoles anterior se acreditó rápidamente esta evidencia en los corrillos políticos de la capital del País. Bien podría decirse que la mayoría priísta estuvo siempre a favor de que el político sonorense asumiera el mando de su partido, como prácticamente está a punto de ocurrir.

Fue notoria la forma en que política y mediáticamente se prestó atención al mecanismo por el que el PRI elegirá a su dirigente nacional. No hay duda de que los movimientos internos del tricolor, y más cuando particularmente se trata de aquellos que tienen que ver con sus posiciones de mando, generan, hoy como ayer, un gran interés público.

En este contexto, es propio advertir que Beltrones despuntó desde el comienzo de este proceso, tras de que en ningún momento eludió reconocer que estaba en su convicción competir por el liderazgo priísta. Desde allí se abrió paso un procedimiento singularizado por la medición de las posibilidades reales que tendría el ex gobernador de Sonora para arribar a la jefatura priísta, máxime cuando corrió la versión de que uno de los hombres del equipo de Los Pinos, es decir, Aurelio Nuño, estaría en la contienda.

De alguna manera se produjo un interesante debate periodístico sobre quién y por qué debería llegar al PRI. Beltrones resumió en su favor la mayoría de las opiniones a partir del oficio y la experiencia que se le reconoce como político, virtudes sin duda esenciales para quien aspire a conducir un partido, y todavía más en la coyuntura actual. De Nuño se ponderó la importancia del cargo que ocupa (oficina de la Presidencia) y la cercanía personal indiscutible que tiene con el mandatario Enrique Peña Nieto.

Al tenor de las formas del añejo sistema político mexicano, llegó a pensarse que Nuño enfilaría rumbo al PRI, como llegó a darse por cierto en función de ciertos factores, aludidos incluso en público por el propio Peña Nieto. A la hora de la hora, sin embargo, no fue así, en tanto que resulta evidente que Beltrones tiene consigo muchísimas mayores tablas políticas.

La clave de todo tuvo que estar en esa circunstancia, más allá de todas las presunciones o evidencias que rodearon en la víspera la nominación del dirigente priísta, y que en su mayoría se referían a la venidera sucesión presidencial. La incógnita a despejar estaba en saber cómo desde el PRI manejarían esta coyuntura Beltrones o Nuño.

Al final, como hoy es claro, el asunto priísta se despejó de la única manera que cabía esperar, es decir, el reconocimiento de la experiencia, política en este caso, como un factor de primer orden para desarrollar tareas de esa naturaleza en el PRI. En lo inmediato, y durante cruciales momentos venideros, ese será el sentido del quehacer que desplegará Beltrones.

En contra de lo que acaso podría suponerse, el PRI no está hoy en la mejor de sus coyunturas históricas. De alguna forma ganador en el reciente compromiso electoral intermedio registrado en el País, lo cierto es que sus cuentas distaron de ser las mejores. Paradójicamente, el Gobierno Federal no ha venido ayudando mucho a la causa priísta con sus polémicas y cuestionables acciones. Este es el riesgo para el futuro inmediato y mediato del PRI.

Pero también en lo inmediato, cabe señalar que este partido logró resolver, sin duda al margen de mayores complicaciones internas, el relevo en su cargo principal. Esta es una gran ventaja que le permitirá transitar eficientemente con Beltrones al mando.

 

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