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BIENESTAR MUNICIPAL: EL DERECHO A LA SALUD

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La salud y el derecho inherente a su salvaguarda son prioritarios en el formato del Estado de bienestar. Nos referimos a la salud en su más amplio concepto: mental y corporal.

Se oye a menudo que una sociedad sana, en dicho sentido, es aquella en la que sus integrantes viven y conviven en condiciones idóneas de productividad cultural y material. Son elevados sus índices de creatividad en ciencias y humanidades y, en gran medida, autónomos en el abasto de satisfactores para beneficio propio. Inclusive, generan excedentes que impulsan su presencia allende la frontera. 

En contrapartida, una sociedad enferma, víctima de males endémicos y pandémicos, es emisora de violencia, caos intergrupal; origen de pasiones que van de la envidia al rencor y de éste a la venganza.

Los sentimientos de cordialidad y colaboración serían propios de la primera, según concluye Lawreence K. Frank en su ensayo “La sociedad como paciente”.

Viene al correr de la máquina lo anterior, con motivo del proceso de renovación del ideal de bienestar que invade todos los ámbitos del quehacer político-administrativo en el Estado de Sonora, cuyos recientes, providenciales inicios, dan motivo al optimismo y a la esperanza en rubros que no dan, no deben dar, pausa al descanso; tampoco a la exasperación.

En Cajeme, por fortuna, a una transición sin sobresaltos y sorpresas inefables se aúna la alternancia en términos de transparencia y legalidad, sin ilícitos que perseguir de oficio y sin pretextos para la exaltada publicidad y la conmoción de las “buenas conciencias”.

El capítulo de la salud pública, uno de los más vulnerables en el ámbito estatal por lo que todo mundo sabe y muchos padecen en carne propia, está ampliamente garantizado en cuanto a su planeación, evaluación y seguimiento; es decir, si bien se presenta como tarea difícil no es de imposible resolución en los subtemas de más pronta y expedita atención. Ciertamente, el desabasto de medicamentos a todos afecta al igual que el bajo nivel profesional por parte de no pocos facultativos adscritos a instituciones de sobra conocidas.

Antonio Alvidrez Labrado, médico y abogado chihuahuense-sonorense, ambos  de origen y de corazón, hasta hace un par de semanas secretario del Ayuntamiento de Cajeme, representa el factor humano, experto y confiable, para impulsar la susodicha modernización, cuyos efectos bien podrían trascender a las diversas regiones de la Entidad.

Bien saben los cajemenses que en su municipio se lograron elevados niveles en desarrollo social a pesar de las limitaciones con las que fue castigada la administración de  Rogelio Díaz Brown. Lo saben, asimismo,  los padres y madres de familia y los jóvenes que van a sus centros de estudios o a los centros de trabajo por calles y avenidas que más bien parecen trampas para no llegar a tiempo. Lo saben los enemigos de la seguridad que se esconden en colonias mal alumbradas, al igual que los comerciantes en sus locales desprotegidos.

Volviendo al rubro sanitario, lo mejor puede esperarse de quien conociendo el valor de la medicina preventiva sin duda hará de la planeación la guía para llevar adelante las funciones normativas, bajo el primado de que la planeación, su proceso y realización, no se delega; se supervisa ocularmente.

Alvidrez Labrado, en su desempeño como la mano derecha del munícipe Díaz Brown,  con reconocimientos nacionales y del exterior, podrá ser co artífice de la política de bienestar en materia de salud. En el ejercicio de sus atribuciones, tiene en su haber una lectura y una bien aprovechada relectura por lo que se refiere al municipio en toda su estructura orgánica.

Como abogado, el Derecho a la Protección de la Salud está avalado “a priori”, lo mismo el control sanitario  y todo lo concerniente a la medicina asistencial. ¡Buenos, inmejorables augurios!

http://federicoosorioaltuzar.blogspot.mx

 

  

   

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