Opinión

2019: La soledad de los partidos

Bulmaro Pacheco

por Bulmaro Pacheco

Si la elección del 2018 fue un mensaje para los partidos políticos (de 9 quedaron 7), el 2019 no lo es menos, por los procesos electorales que se avecinan y por las cuestiones particulares que todos los partidos —sin excepción— habrán de afrontar el resto del año y de cara al 2021, año de la elección intermedia, y el referéndum para el nuevo gobierno federal.

Con elecciones en seis entidades (agregado Puebla) y con próximos procesos políticos, en las principales encuestas de intención de voto realizadas solo destacan Morena, PAN y PRI.

Por eso, las organizaciones políticas se preparan ya para reiniciar trabajos de organización, capacitación, selección de candidatos y participación en los procesos electorales en las entidades mencionadas. También deberán hacerlo para revisar críticamente las principales acciones del gobierno federal y definir sus respectivas posiciones como contrapesos.

Originalmente era solo una elección de gobernador en Baja California, y de diputados locales y ayuntamientos en Durango, Tamaulipas, Aguascalientes y Quintana Roo. Ahora deberá sumarse la de gobernador en Puebla, ante el fallecimiento de la gobernadora Martha Erika Alonso, que apenas gobernó 10 días.

Los partidos políticos mexicanos vienen de arrastrar un debate desgastante, que todo el año pasado incidió en el financiamiento público que reciben y muchas y variadas presiones para que se les quite de tajo el dinero público, dejándolos a merced del mejor postor y de intereses que seguramente estarán muy pendientes del desenlace del tema.

Al final, los recursos destinados a los partidos —al parecer quedan intactos—, a decir de las autoridades del INE, sí afectarán los trabajos de organización electoral por el recorte experimentado por la institución en el presupuesto de egresos. ¿Había necesidad de meterle tijera al INE?

Sin embargo, serán varios los retos que deberán enfrentar los partidos de cara a la elección de éste año y la del 2021.

Morena, como partido en el poder tiene ante sí el reto de consolidar su presencia como partido político en la mayoría de las entidades de México, sobre todo en el norte. Hasta ahora se ha nutrido mayoritariamente de lo que fue el PRD y ha hecho alianzas con disidentes de otros partidos políticos como el PRI, PAN, PT y Encuentro Social.

Morena no cuenta con estructura territorial en la mayoría de los municipios y ésa es hasta ahora su mayor debilidad electoral, porque en los próximos comicios no podrá repetir la candidatura de López Obrador. En las cinco entidades que gobierna, a excepción de la Ciudad de México,  su composición política es variopinta y sin estructuras sólidas.

Además, a Morena le hace falta actualizar sus principales ideas y su argumentación teórica, porque más allá de la jactancia sobre el ejercicio del poder y la descalificación de los adversarios del régimen, así como la política clientelar hacia sus futuras bases sociales, no cuenta con mayores ideas para dar el debate con el resto de las organizaciones y por ahora se concentra en decir que—en materia de gobierno— todo lo anterior estuvo mal hecho. Una estrategia parecida a la del panismo en el 2000 cuando les dio por sacar la tesis de los “70 años perdidos” que no les funcionó.

Lo de la llamada “Cuarta Transformación” no deja de ser parte del discurso oficial dominante, pero en los hechos y dada la trama de intereses que predominan en el escenario político nacional, no hay una definición sobre los contenidos y los tiempos de dicho proyecto. A lo más que pueden aspirar por ahora, es a reorientar el péndulo político más a la izquierda, generando una mayor inversión en los proyectos sociales en alianza con los sectores más vulnerables. Con eso.

Quedará pendiente la forma en que desde el poder van a separar el poder político del económico, que ha sido su oferta principal.

El PRI deberá realizar su Asamblea Nacional a más tardar el próximo año, ya sin presidente de la República que influya sus principales decisiones. El PRI deberá abrirse en todas sus candidaturas; ya no podrá vetar  a ningún aspirante con derechos porque “no han cubierto sus cuotas” o “no conoce los documentos básicos”. Esos argumentos ya han sido rebasados y los han aprovechado de mil amores sus adversarios, para fomentar el transfuguismo e incorporar candidaturas de priistas en beneficio de otros partidos, pagando el PRI con fracturas internas.

El PRI deberá experimentar una renovación generacional, como lo señalaban sus militantes más conspicuos de antes: “Los priistas no mueren; se siembran”, para así presentar nuevas alternativas entre el electorado. Contrario a lo que algunos analistas señalan —con más malicia que intención crítica—, el PRI sí tiene remedio y deberá hacer un esfuerzo mayor para reorganizarse ante las nuevas circunstancias.

No ha dejado de sorprender a los observadores políticos que en la primera elección después de julio, el PRI haya triunfado en Monterrey, la tercera capital más importante de México.

Sorpresa para quienes ya daban por muerto al PRI y el reconocimiento de que su estructura territorial aparece ahora como el punto de arranque para su futura transformación, que deberá ser total y de fondo incluyendo las nuevas ofertas de corte social y político hacia los electores.

El PRI sí tiene remedio y dependerá principalmente de sus militantes la recuperación de espacios y la preparación del partido para el futuro.

El PAN, aun cuando todos apostaban que sería el partido de oposición más importante después de la elección de julio, no termina de aterrizar y asimilar de fondo la crisis por la que atraviesa.

Dos ex presidentes fuera de sus filas (Fox y Calderón); varios ex dirigentes nacionales en plena colaboración con el gobierno federal (Martínez Cázares y Espino);Un partido político en formación (Calderón y Margarita) diferencias políticas entre sus gobernadores (Chihuahua); un ex gobernador en la cárcel (Padrés); y escasa presencia en el Poder Legislativo (23 senadores y 81 diputados federales), forman parte de sus tensiones no resueltas hasta ahora.

Por si algo le faltara al PAN, el enorme golpe político recibido con la muerte de la gobernadora de Puebla y el coordinador de los senadores panistas Rafael Moreno Valle, agrega presión y una nueva crisis dentro de sus filas. Moreno Valle era el mejor prospecto del PAN de cara a la elección presidencial del 2024. Era el cuadro político con una mayor movilidad y el que mejor contrapeso dentro de sus filas representaba ante el nuevo gobierno. Además, al quedar borrados políticamente dentro del PAN los ex presidentes de la República y el ex candidato presidencial Ricardo Anaya, y con un dirigente nacional muy mediano, Moreno Valle, ex gobernador, senador y ganador en Puebla, había ocupado para sí mismo y su grupo político ese vacío de figuras panistas con peso político propio e influencia en el escenario nacional, y todo eso se perdió con el accidente de helicóptero del pasado 24 de Diciembre.

Lo peor que le pudiera suceder al PAN en la próxima elección es perder el gobierno de Baja California; el mayor de sus bastiones políticos locales y donde ha ejercido ya casi 30 años de dominio. Baja California, ganado por Ernesto Ruffo en 1989, aparece en riesgo en la elección del próximo año ante la fuerza de Morena en esa entidad.

Del resto de los partidos es muy poco lo que se puede decir de cara a los próximos comicios. Movimiento Ciudadano gobierna Jalisco y cuenta con 7 senadores y 27 diputados federales. Su nuevo dirigente nacional Clemente Castañeda es de la cuadra de Enrique Alfaro, de Jalisco.

El Verde perdió Chiapas y solo cuenta con 6 senadores y 16 diputados. Ninguna novedad y los mismos liderazgos de siempre.

La crisis del PRD es más grave. Solo cuenta con 8 senadores y 21 diputados (la cifra más baja en sus 30 años). Después de perder Tabasco, Morelos y la Ciudad de México, se quedó solo con el gobierno de Michoacán, que va en su tercer año. El PRD luce débil, vacío, disperso, fracturado y sin liderazgos de prestigios. Va a batallar para conservar el registro en 2021.En mayo cumple 30 años.

El PANAL perdió el registro a nivel nacional y lo conserva en 19 entidades. Cuenta con un solo senador y dos diputados federales. Buscará de nuevo el registro para contender en la elección nacional de 2021.

El partido Encuentro Social desapareció del mapa al perder su registro, pero la alianza con Morena le mantiene 8 senadores y 56 diputados.

El Partido del Trabajo cuenta con 6 senadores y 61 diputados federales y busca participar con candidaturas a gobernador en 2021.

Aun así, con todo y eso la alianza partidista en el gobierno (Morena,PT y PES) suma 69 senadores y 308 diputados federales. No les alcanza para obtener la mayoría calificada que se exige para reformar la Constitución.

La oposición integrada por PAN, PRI, MC, PRD, Verde y PANAL se quedó con 59 senadores y 192 diputados federales, y ya ejercieron su fuerza opositora en la votación sobre el fuero constitucional, atajando a la mayoría numérica. Así van… El PRI cumplirá 90 años en marzo, el PAN 80 en septiembre y el PRD 30 en mayo. Así están… así abren los partidos el 2019. Ante los riesgos, el centralismo y los excesos…Ojalá reaccionen.

bulmarop@gmail.com

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