Del Quetzalcoatl al ‘José María Morelos’; las crisis en la adquisición de nuevos aviones

Columna de Hierro 

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Los desacuerdos en torno a la adquisición de nuevos aviones al servicio del presidente de la República no son nuevos. Una de las más recordadas la vivimos en el sexenio de Miguel de la Madrid, tiempo en el que el sucesor de López Portillo adquirió un Boeing 757 al que llamaron “Benito Juárez” en honor al expresidente oriundo de Oaxaca.
Para los que apuntan, eran los tiempos en que la oposición había conquistado algunas curules tanto en la Cámara alta como en la baja.
Se iniciaba el resquebrajamiento del PRI y del viejo régimen. Las renuncias al institucional de parte de algunos importantes cuadros como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifegenia Mártínez le dieron la puntilla.
La única diferencia entre las protestas que levantó la compra de un nuevo avión presidencial por el que se pagaron 43 millones de dólares, es que en aquel entonces Miguel de la Madrid sí escuchó a las voces discordantes, lo que no ocurrió con Felipe Calderón, comprador del avión de la discordia.
Y no solo los escuchó sino que, sin siquiera haberlo estrenado el propio Gobierno Federal se encargó de su venta a un particular, mismo a quien se le tuvo que volver a comprar en ocasión de que el avión presidencial de esos días presentó unas fallas en pleno vuelo, lo que hizo recapacitar a la oposición en la necesidad de reemplazar la vieja nave, un Boeing 727 bautizado con el nombre de Quetzalcoatl.
El “Benito Juárez”, es decir, el 757, sirvió a los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y la mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto, hasta la llegada del llamado palacio flotante, cuyo costo de más de 7 mil millones de pesos, es a todas luces exagerado e inútil si se compara con los 43 millones de dólares, unos 76 millones de pesos de aquellos días, que costó su antecesor.
Lo de inútil es por aquello de que el avión que no lo tiene ni Obama, ni el más grande los multimillonarios jeques petroleros, es más que nada para usarse en viajes transatláticos debido a su autonomía de vuelo de más de once horas, travesías que si acaso se hacen una o dos veces por año por parte del ejecutivo federal.
No por nada está considerado como el mejor avión de América Latina, con una longitud de 57 metros, una oficina para el presidente, una recámara completa y un baño, por igual, de lo más completo.
Para quienes como el líder nacional del PAN Marko Cortés Mendoza, que el otro día le escuché decir que el Palacio Flotante no se puede vender porque fue adquirido en renta con opción a compra y de paso reconoció que fue una compra por demás inútil de parte de su excorreligionario el expresidente Felipe Calderón, les recuerdo que el Gobierno Federal ha pagado hasta la fecha 1, 833 millones de pesos y aun faltan por liquidar, 2,724 millones, aunque eso, si, en abonos cómodos y chiquitos, de aquí al 2027.
Vistas así las cosas, ya te diste cuenta lector, el por qué de lo dificil para lograr la venta de un costosísimo aparato que, como ya vimos, se hizo de la forma más irresponsable y caprichosa, sin medir las consecuencias y sin imaginar que se estaba comprando un Frankenstein, en medio de una de las más prolongadas crisis económicas que se hayan tenido en México, con un espantoso saldo de pobres en México.
Lo bueno es que no es mucho.
Nada más unos 50 millones de mexicanos que mañana no saben si van a tener para llevarse un bocado a la boca. 
Por lo que hace al Boeing 787-8 que ya fue ‘repatriado’ a México, únicamente se utilizó en dos vuelos transatlánticos, en los 3 últimos años del Gobierno de Peña Nieto. 
El primero en una visita de Estado a Alemania y el segundo a Argentina cuando Peña asistió a una de las cumbres del G-20.
Y, para los que apuntan a Sonora le correspondió, por cierto, ser el primer Estado en que aterrizaría el ‘Frankenstein’ llamado “José María Morelos”, y esto ocurrió el 10 de febrero del 2016, en Hermosillo, Sonora, para conmemorar el día de la Fuerza Aérea Mexicana.
En total, realizó 214 operaciones y voló tan solo seis mil kilómetros, siendo el de Argentina su último vuelo.
En lo sucesivo López Obrador se declararía en plena austeridad republicana y después de un año de su Gobierno, continúa echando mano de los vuelos comerciales para desplazarse en sus giras por la República.
 

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