Opinión

Alejandra López Noriega, alegoría del neopanismo

La Tertulia Polaca

por Aarón Tapia

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Aarón Tapia, columnista

Aarón Tapia, columnista

Alejandra López Noriega es una alegoría del neopanismo, ese grupo de la década de los ochentas del siglo pasado que irrumpió en la política a través del Partido Acción Nacional, carentes de ideología y cargados de una fuerte dosis de pragmatismo.

Siendo el alcalde de Hermosillo Pancho Búrquez, es cuando Alejandra incursiona en la vida política, en el ya lejano 2000. Previamente se desarrolló en el ámbito privado en las entonces novedosas empresas de telefonía celular.

A partir del año 2003, abandona el grupo de Búrquez y forma junto con Gildardo Real, entre otros, un grupo denominado la tercera vía comandado por Héctor Larios, con el fin de diferenciarse de los grupos de Búrquez y María Dolores del Río, los cuales eran los grupos dominantes junto con el grupo afín a Ramón Corral en la escena política interna del PAN en Hermosillo en la primera década de este siglo.

La tercera vía le abrió la puerta al expriísta Javier Gándara Magaña, por lo que se convirtieron en los operadores políticos de las aventuras panistas de este empresario.

López Noriega, a quien se le reconoce su eficiencia como operadora política, también en su momento ha trabajado operando para Alejandro López Caballero, Guillermo Padrés y Damián Zepeda en la coyuntura en donde Javier Gándara se ha alejado intermitentemente de la política y donde Héctor Larios le ha marcado la línea.

Hoy vuelve al redil de Gándara al convertirse en uno de los principales enlaces entre el panismo y el Gobierno del Estado con el objetivo de sembrar en el PAN Sonora la candidatura de Ernesto ‘El Borrego’ Gándara.

También hoy por hoy esta diputada local es quien controla los pagos del Congreso del Estado de Sonora, para medios de comunicación y periodistas de manera de facto.

El protocolo oficial a seguir para que un medio reciba pagos del Congreso del Estado de Sonora, por servicios de publicidad y comunicación social es el siguiente:

El medio de comunicación presenta una propuesta al director general de Comunicación (actualmente Alberto Nevárez) de este Congreso y este la presenta ante Comisión de Régimen Interno y Concertación Política (CRICP), que está integrada por los coordinadores de cada una de las bancadas, presidente Gildardo Real (PAN), Ernestina Castro (Morena), Jesús Montes Piña (PES), Rogelio Díaz Brown (PRI), Fermín Trujillo (PANAL) y Orlando Salido (PT) y en base al consenso entre los integrantes de esta comisión, deciden qué medio si o cuál no es apto para la contratación de sus servicios.

Una vez aprobados los medios de comunicación, el director de Comunicación Social basado en estudios de rating decide qué cantidad se destinará a cada medio. Pero todo este procedimiento de selección como gran parte de las decisiones y legislaciones que se llevan a cabo por los supuestos representantes del pueblo, queda solo en el ideario del cómo debería ser. Ya en los hechos reales de la realpolitik (por no decir hechos amafiados), y por un acuerdo entre Gildardo Real, Díaz Brown y Montes Piña, y ante el desinterés de Trujillo y Salido, le han dado el poder de facto a la diputada López Noriega, para que ella se haga cargo del control tanto de la selección de los medios de comunicación y periodistas como el de fijarles el monto del pago. La única legisladora que ha alzado la voz ante tal arbitrariedad e ilegalidad es la coordinadora de la bancada de Morena, Ernestina Castro, pero sin el acuerpamiento de su bancada ni el respaldo de algún otro diputado o diputada de cualquiera otra fuerza política.

El dispendio, la discrecionalidad y las evidentes irregularidades con tufo a corrupción, han pululado en estos pagos del Congreso destinados a medios de comunicación y periodistas. El 2019 según datos en el informe del ISAF se programó la cantidad de 32.5 mdp para el rubro de servicios de comunicación social y publicidad, pero finalmente se devengaron 35.2 mdp. Para este año 2020 se destinaron casi 30 mdp para 165 medios de comunicación, entre los que abundan portales de internet sin contenido propio, solo con la inserción de notas y columnas generadas en otros medios y con un paupérrimo tráfico de visitas a esas páginas y muchos de ellos sin contar con ningún tipo de publicidad o mención para el Congreso del Estado.

Existen pagos para portales de reciente creación cuyos propietarios no tienen nada que ver con el periodismo, tal es el caso del portal cajemense Índice Noticias del panista Emmanuel López Medrano, diputado local (2006-2009) y exdirigente municipal del PAN en Cajeme, quien sostiene una estrecha amistad con Alejandra López Noriega y que recibe una remuneración mensual de $58,000, misma cantidad que reciben medios muy reconocidos y con una penetración en las audiencias de alcance estatal como Tribuna, Telemax, por citar algunos ejemplos. También se destinan pagos excesivos para columnistas cercanos a Alejandra y otros panistas, como el periodista Luis Alberto Viveros que percibe un pago mensual de $69,600 por encima de medios con infinitamente mayor audiencia y alcance como los ya citados o como Proyecto Puente que recibe $63,800. El pago para Viveros fue impuesto desde la LX legislatura (2012- 2015) por el entonces diputado panista Javier Neblina y en la actualidad sostenida por López Noriega.

En esa misma lista de pagos encontramos gratificaciones para Martín Zalazar Zazueta, líder del gremio empresarial Canacope Servitur con $11,600 y a un funcionario de partido político, René García Rojo, asistente particular del coordinador estatal del PT, Ramón Flores, con $29,000.

Este sistema de derroche en pagos a medios de comunicación evidencia la contundente afectación tanto de los recursos públicos como el enorme daño que provoca al libre ejercicio periodístico, porque ese recurso se ha instrumentalizado como una zanahoria y un garrote para controlar a gran parte de la prensa y bajo los preceptos del manual de marrullerías lopezportillense del “No te pago para que me pegues”, pero además para beneficiar amistades y para quienes les pueda ser útil de alguna u otra manera.

Alejandra nos ha mostrado que, para ella ser política solo puede ser aspiracional donde la solidaridad con la ciudadanía ha quedado mermada por una idea tergiversada del poder. No ha hecho política sino politiquería como un oficio antitético del servicio público, pues inhabilita su prerrogativa básica; la honestidad. En su cosmogonía neopanista actuar con marrullería política es el primer paso para ganar respeto y autoridad, va a contracorriente de las aspiraciones más idílicas de la ética: volverse alguien a costa de sustraer lucro político con recursos del erario, es su forma de empoderamiento.

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