Opinión

Morena y los caníbales

Leviatán

por César Tovar

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César Tovar

César Tovar

Perder no es para cualquiera porque el que pierde puede aprender, y pocos tienen dicha disposición. Arrebatados, la mayoría cree que lo perdido debía ser suyo derecho o por destino manifiesto y que en lugar de instrucción se requiere revancha.

Ante el fracaso, estos derrotados que niegan aprender, olvidan ideales, posturas y todos los valores que enarbolaron en los momentos venturosos, optando por el reclamo, el drama y un peligroso victimismo.

 En política el fenómeno no es ley, pero casi. Los políticos suelen meterse en una camisa donde no existe la razón, ni el análisis, pero sí reinan la furia y el menosprecio por los conceptos con los que se llenan la boca cuando les conviene: democracia, transparencia y honestidad, por citar algunos.

 Basta observar lo ocurrido el pasado fin de semana en Coahuila e Hidalgo. Tras conocer los resultados electorales, desfavorables para su causa, la plana mayor del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) acusó al Instituto Nacional Electoral (INE) de fraude. Así, sin más prueba que lo que emana su ronco pecho.

 Cero autocríticas, cero análisis de la situación. Sintiéndose cuasi perfectos, los morenistas rechazaron la derrota y responsabilizaron a un Instituto al que le dan tiro por viaje, pese a que en 2018 garantizó su masivo triunfo.

No hubo un minuto para pensar en los porqués, pese a que la elección del próximo año no sólo será determinante, sino un augurio del reacomodo político en los siguientes años.

Porque Morena tiene un problema mayúsculo: su lucha intestina es una de caníbales. Al partido en el poder federal, que sólo hace dos años arrasó contra propios y extraños, no lo consumen sus rivales políticos, sino sus propias huestes.

Huestes divididas en dos frentes muy claros: los fundadores y los advenedizos. Lo primeros levantaron de cero al movimiento recorriendo el país, mientras los segundos llegaron a apoderarse de los espacios por el mero hecho de su cercanía con el presidente.

Lo descrito, evidentemente, causó fracturas en Coahuila e Hidalgo, donde muchos optaron por trabajar a favor del PRI, o al menos no hacer su parte, con tal de que los candidatos apuntados por liderazgos nacionales no ganaran. Asumir la derrota antes que perder la dignidad.

Y el año próximo pinta para tener un panorama similar. Donde Morena cree que arrasará sólo por la bendición de López Obrador, hay nutridos grupos que, desplazados y olvidados, no coinciden con los proyectos impuestos.

Con la idea de que no tienen partidarios sino súbditos, los líderes morenistas piensan que pueden manipular a su antojo a personas que sostienen la estructura de la organización. Craso error.

En su egocentrismo, difícilmente lo admitirán. Y entonces, los flamantes secretarios de estado que aspiran a una gubernatura, como es el caso de Sonora, se llevarán una amarga sorpresa que reivindicará a la política de calle por encima de las intrigas palaciegas.

@cmtovar

Director.editorial.sur@tribuna.com.mx

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