Opinión

Alfonso Durazo vs Ernesto Gándara

La Tertulia Polaca

por Aarón Tapia

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Aarón Tapia, columnista

Aarón Tapia, columnista

En las dos últimas semanas pudimos apreciar a grosso modo sobre qué discursos y propuestas van a redundar los dos aspirantes a las candidaturas por la gubernatura de Sonora y que presumiblemente son los dos punteros en las intenciones del voto.

En la primera semana el hombre del momento fue Ernesto Gándara, por su renuncia al PRI, primero anunciado esa decisión a través de una carta llena de estereotipos de la política convencional con conceptos muy prefabricados y trillados de la supuesta grandeza de Sonora, replicando esa somera cosmovisión norteña, auto seducida por su regionalismo ramplón de una jactancia por demás fantasiosa que mitiga nuestra realidad agachona y tendiente a la emulación del “american lifestyle” que anula nuestra propia identidad a consecuencia de ese modus vivendi que ha impuesto un grupo dominante estatal que ha secuestrado la política y por ende la economía de Sonora.

A pesar de que Ernesto Gándara ha sido limitado e incluso sobajado por este grupo dominante a causa de sus aspiraciones por contender como candidato del PRI a la gubernatura, hasta el día de hoy no ha sido capaz de desmarcarse contundentemente de ese grupo ni siquiera en el discurso, al contrario, se percibe dependiente de este.

Tanto en su carta como en entrevistas a posteriori de la publicación de ese texto, intenta burlar el raciocinio del electorado, aludiendo a conceptos clichés como el de ir con una candidatura “ciudadana” en una “alianza amplia con la ciudadanía”, de ahí, (asegura) la necesidad de renunciar al PRI y así, que otros partidos se sumen a esa causa “ciudadana”, cuando apenas en el 2015 aceptó que mutilaran su aspiración a esa misma candidatura y terminó asumiendo la imposición de Claudia Pavlovich como la candidata, negándose a renunciar a su partido, aún y qué motivos había de sobra para hacerlo y demostrar lo que en el 2008 declaró (cuando desde entonces ya aspiraba a la gubernatura) “el único que me sienta ya no está aquí” (en referencia a su padre), por el contrario, desistió a la posibilidad de ir como candidato independiente, apelando a la institucionalidad partidista.

La narrativa discursiva de Ernesto Gándara trata de evadir lo evidente de su renuncia al PRI; y lo evidente es que solo es un trámite para cumplir con los requisitos estatutarios del PAN y PRD para poder formalizar una alianza en candidatura común con estos partidos. Una alianza que tiene un origen de élite familiar y arropada por las cúpulas de estos tres partidos (PRI, PAN Y PRD), un sello característico del modus operandi de ese grupo dominante. El ideólogo y principal promotor de esta alianza es Javier Gándara, primo hermano de Ernesto, expriista y ya con una trayectoria de 18 años en el PAN. Totalmente contrastante con el discurso “ciudadano” (lo que sea que esto signifique) de Ernesto Gándara.

Por su parte Alfonso Durazo en la segunda semana acaparó la agenda mediática con su arribo a Sonora y su discurso central es el de romper el dominio que se ha ejercido por lo menos desde hace 3 décadas por ese grupo hegemónico, para así recuperar el gobierno estatal y ponerlo al servicio de la ciudadanía.

Durazo sin ningún titubeo señala a Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Mazón como los principales líderes de este grupo y advierte consecuencias legales y penales para quienes hayan incurrido en actos indebidos en el actual gobierno del estado. También apercibe el mismo destino para quienes emulen esas mismas anomalías en su gobierno.

El discurso de Alfonso Durazo en contraste con el de Ernesto Gándara, es disruptivo con las lógicas imperantes de los grupos de poder, pero la primera interrogante que se abre, es el cómo, porque no basta con ganar una elección y asumir el poder ejecutivo y administrativo del gobierno, eso es solo el medio, ¿cuál es la base ideológica que va a desplegar para romper las cadenas del síndrome de estocolmo de una sociedad sometida a dinámicas superfluas de estilos de vida que solo conllevan a patologías sociales?

La segunda interrogante es con quiénes. Los partidos políticos suponen ser esa base social depositaria de la ideología que forma sus propios cuadros políticos que habrán de acuerpar al gobierno emanado de su estatuto y de desplegar ese cambio de paradigma social y cultural, unos ocupando los cargos burocráticos y otros desde las dinámicas ciudadanas. Pero Morena en Sonora, al igual que los demás partidos, es un envase vacío de contenido ideológico, convertida en un vehículo electoral que lo más rescatable que tiene es su presupuesto, aún y que su militancia base es la más progresista, pero sin ser lo suficientemente valorada por su dirigencia.

A Ernesto Gándara le acompaña una buena imagen personal y a mi juicio un papel decente en su etapa de alcalde de Hermosillo, quizás, lo mejor que ha tenido esta capital en lo que va de este siglo, sin embargo, por más que haya renunciado al PRI e insulte el sentido común del sonorense tratando de crear la percepción con clichés tan trillados como el de que es un candidato ciudadano, no podrá eludir la asociación de su imagen al PRI y ahora también cargará con el lastre de siglas tan deslavadas y manchadas de rechazo ciudadano como lo son las siglas del PAN y PRD.

En concreto, Gándara está representando todo lo que el electorado sonorense rechazó el 2018, hasta hoy, siguiendo su paso gris y timorato que desempeñó en el senado, sin distanciarse de quienes otrora han sido verdugos de él mismo y del desarrollo político, económico y social de esta entidad.

A Alfonso Durazo lo acompaña una imagen de mucha cercanía al Presidente López Obrador que según los estudios de opinión, cuenta aún con una aprobación popular muy alta (en Sonora con el 65% y en Hermosillo hasta con un 74%, según Con Estadística de Luis Osvaldo Valle), que sin duda le sumará votos. Y a diferencia de Gándara, Durazo no nace ni se desarrolla políticamente entre las marañas de esos grupos dominantes de Sonora, por ende su discurso hasta el día de hoy es mucho más atractivo e incisivo; “en buen plan, ya se les acabó”, ya se ha vuelto una especie de slogan de campaña.

Pero insisto, el gran reto de Alfonso Durazo está en el de transmitir de manera nítida y contundente el cómo y con quiénes, porque su escollo es la gran sombra de la duda en cuanto a su sobredosis pragmática electoral aplicado en 2018 en su calidad de presidente estatal de Morena, seleccionando perfiles no aptos para ocupar alcaldías y diputaciones locales que son los grandes representantes del fracaso hasta hoy de Morena en Sonora, con muy escasas honrosas excepciones.

En cuanto a las campañas negativas de su supuesto desempeño catastrófico al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, terminará agotándose y hasta se podría convertir en una especie de teflón, porque simple y sencillamente los adversarios políticos de Durazo, son la insignia de esa catástrofe de inseguridad y violencia que nos azota en el estado, por lo mismo no representan una alternativa confiable, porque es evidente que no combatieron al crimen organizado en décadas que gobernaron, de lo contrario no habríamos llegado a estos niveles tan decadentes.

En conclusión, estas dos últimas semanas nos han obsequiado para degustar una pequeña porción de lo que será el plato fuerte en plena campaña electoral que definirá la gubernatura de Sonora; Las debilidades y ventajas de ambos aspirantes a gobernar Sonora se seguirán afianzando y habrá que esperar la incursión de lleno del tercer virtual candidato, Ricardo Bours de MC.

 

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