Opinión

Los cuatro “fantásticos” presidentes municipales (1988-91) de don Rodolfo Félix Valdés

Rumbos

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Mario Rivas, columnista

Mario Rivas, columnista

HOY NO QUIERO HABLAR DE VIOLENCIA, no quiero machacar y machacar con la pandemia que no quiere dar cuartel al planeta. Evocando a JESÚS MURILLO KARAM, en sus tiempos de procurador general de la República, diría que, por ahora, “ya me cansé”.

Eso en el sentido literal. Tal vez sería mejor decir que emocionalmente, hay que hacer un receso. Breve, si usted quiere, pero receso.

Pues bien. Vayamos a otro tema: ayer, en la silenciosa panorámica que la naturaleza me regala todos los días frente a mi refugio de trabajo— la ventana del frente abierta de par en par, el viento que adquiere imagen a través del follaje de los árboles que se mecen de un lado a otro- de pronto mi estado de ánimo me impulsó a dedicarle a mis dos que tres lectores, un poco de historia regional no tan lejana en el tiempo, de tal forma que algunos contemporáneos aún recuerdan o cuando menos podrán entender lo que se pretende recordar y explicar.

Empezaré por contarle que hace más de 30 años conocí a cuatro presidentes municipales de otros tantos municipios, todos rurales, pequeños, cualquiera más, cualquiera menos, también todos pobres.

En Álamos, gobernaba el profesor oriundo de Baja California Sur pero avecindado en Álamos desde la década de los ochenta, ENRIQUE IBARRA ÁLVAREZ.

En Etchojoa, estaba PELAGIO FÉLIX ESPINOZA; en Huatabampo HELIODORO SOTO RODRÍGUEZ, y en Bácum, el Lic. JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ PINEDA, hoy por la ventura de Dios, mi compadre.

¿Por qué quiero recordar a estos cuatro ediles?

Será, quizá, porque los cuatro supieron corresponder a la generosidad de un bondadoso y muy decente político que, contra la crítica de muchos—incluyéndome a mí—vino a Sonora para gobernar durante seis años: Don RODOLFO FÉLIX VALDÉS.

Este nativo de Nacozari de García, prácticamente no conocía ni su pueblo de origen. El presidente MIGUEL DE LA MADRID, lo mandó llamar a Los Pinos una tarde, según el propio don Rodolfo nos relataría a un puñado de columnistas convocados por él a la casa de Gobierno de la Pitic, en Hermosillo. Le faltaba un mes para terminar su periodo.

De la Madrid, su amigo, le ofreció la Gubernatura de Sonora. Él habría opuesto su lejanía de su estado natal. Aparentemente, el presidente le restó importancia a ese “minúsculo” inconveniente.

Por eso, nada más, yo fui uno de sus críticos. Don Rodolfo, inteligente como era, no podía creer que tenía posibilidades de ganar la elección sin alquimia electoral.

Y menos cuando el candidato del PAN era ADALBERTO ROSAS LÓPEZ.

Ganó pues—como haya sido—don Rodolfo. Y fue un magnífico gobernador.

De los cuatro alcaldes mencionados, uno, el de Álamos, brilló culturalmente y dejó su huella para la posteridad. El de Etchojoa, Pelagio Félix, sacó de su marasmo a ese municipio, considerado entonces como el más empobrecido de Sonora.

Heliodoro Soto Rodríguez, empujó fuerte a Huatabampo y su gestión sigue recordándose como una de las más eficientes y eficaces. Y en Bácum, Hernández Pineda construyó el bulevar que atraviesa la cabecera municipal, rehabilitó la zona del río y el puente, y, en general, le dio un “aire” modernista a toda la comunidad bacumense.

Esos mismos alcaldes en algún momento, han reconocido que esto no hubiera sido posible sin la buena voluntad y calidad humana de don Rodolfo Félix Valdés.

ENRIQUE IBARRA ÁLVAREZ, el munícipe de Álamos de 1988 a 1991, brilló en el aspecto cultural. Si bien es cierto que al más ilustre de los alamenses, el Dr. ALFONSO ORTIZ TIRADO, se le recordaba cada año al cumplir un año más de nacimiento con una velada de tarde en el Museo Costumbrista de Álamos, no menos lo es que se trataba de un discurso, de escuchar música grabada del famoso cantante, y esto, posiblemente, inició en 1984.

El maestro Ibarra Álvarez, abre la puerta a sus recuerdos: “Un día don Rodolfo me mandó llamar a Hermosillo. Me dijo, cuando estuve con él, que su amigo el director del Banco de México, don ANTONIO ORTIZ MENA, le había pedido que se hiciera un homenaje en grande a su pariente, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado. Se acordó que este homenaje se llevara a cabo el 4 de enero de 1989.

Se contrataría al tenor Arturo Torrero, oriundo del mayo, para que le diera realce a la velada. Quería además el gobernador, que este evento ya no se realizara en el Museo, sino en el Palacio Municipal. Y así se hizo.”.

El profesor Ibarra recuerda que fue un éxito la velada aquel 4 de enero de 1989. “Don Rodolfo me había dicho: ‘Señor alcalde, quiero que esa noche Álamos se vista de gala. ¡Encárguese de eso!,’ me exhortó, y me quedé pensando cómo le íbamos a hacer para vestir de gala a Álamos”, me cuenta ahora con una sonrisa de triunfo.

--¿Y qué pasó, maestro, cómo le hicieron ustedes?

--Cuando salimos de Palacio Municipal, el gobernador, el señor Ortiz Mena y toda la comitiva, ya en la calle, de pronto todas las luces del pueblo se apagaron. Naturalmente todos se quedaron sorprendidos y preguntaban que es lo que había pasado. Yo les dije que Álamos se estaba vistiendo de gala a su manera. En esos instantes, se encendieron cientos de cachimbas en botes de Tecate con destilado de petróleo en lo alto de las casas de la calle del Palacio Municipal.

--¿Cuál fue la reacción de ellos?

–-Soltaron la carcajada y de verdad les gustó el detalle.

Enrique Ibarra Álvarez, dice que el Festival “Alfonso Ortiz Tirado” oficialmente nació en 1990, si bien sus prolegómenos se iniciaron en 1984, con tardeadas con música grabada de Ortiz Tirado en el Museo Costumbrista de Álamos.

A Ibarra Álvarez le tocó tener en su municipio, siendo alcalde, al presidente CARLOS SALINAS DE GORTARI. Al precitado ANTONIO ORTIZ MENA que además de ser en ese tiempo director del Banco de México, sigue siendo considerado como el padre del “milagro mexicano” también conocido como “el Modelo del Desarrollo Estabilizador” (1952-1970).

Ibarra jamás olvidará un episodio que le permitió que se diera durante su mandato: en su periodo CARLOS SALINAS DE GORTARI asistió al Festival “Alfonso Ortiz Tirado”. Por supuesto, también el gobernador Félix Valdés y la escritora BRIANDA DOMEC, quién se quedaría a vivir por varios meses en la casa de la familia Ibarra González.

Así nació y se fortaleció una hermosa amistad entre la heredera de la familia Domec, en cuya estadía escribió la novela “Teresita Urrea, la Santa de Cabora”. Uno de esos ejemplares, me lo envió mi amigo Enrique (un día quise conocer Cabora. En mi imaginación, yo había idealizado el pueblo. Fue decepcionante. Solo había unas cuantas viviendas y rastros de otras desaparecidas. Nada en particular. Solo los vestigios de un caserío que tal vez conoció mejores tiempos)…

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ UN PARÉNTESIS, SEÑOR MÍO: para hacer patente mis condolencias por el muy sentido deceso de un pionero de Cajeme, que gozó del cariño de muchas generaciones y que supo transmitir esa calidad humana que le caracterizó, a quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y de platicar con él: Don FRANCISCO SCHWARZBECK…

No fueron pocas las veces en que coincidí con él y con don FRANCISCO OBREGÓN TAPIA, en algún lugar de Ciudad Obregón…

De hecho, en alguna ocasión, cuando planeaba escribir sus memorias, me solicitó mi opinión…

Fue un caballero de la vida y así será recordado…

¡Descanse en paz!...

Y POR ÚLTIMO, CARO AMIGO, le quedo a deber la siguiente parte de los temas sobre las municipales del sur de Sonora. Por ahí surgirá el nombre de SERGE ENRÍQUEZ TOLANO, en Bácum—le urge al PRI una figura como la de Serge—, y habrá que analizar los nuevos perfiles de Guaymas y Empalme. Ah, algo sobre JOSÉ LUIS ISLAS PACHECO…

Es todo.

Le abrazo.

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