Opinión

Claudia fue y vino a Guadalajara; sobre el COVID-19 algo muy bueno podría ocurrir para Sonora

Rumbos

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Mario Rivas, columnista

Mario Rivas, columnista

DÉJEME DECIRLO: EN LOS ÚLTIMOS tres días he aprendido del COVID-19 mucho más que en los cuatro meses anteriores. En 72 horas, me comuniqué con varios médicos comprometidos de tiempo completo con la lucha contra la pandemia, poniendo en juego su vocación profesional, arriesgándolo todo, atendiendo pacientes con COVID- 19, pero también en sus casas, en sus consultorios privados, sin aumentar el costo de la consulta.

Me había perdido de esta maravillosa experiencia existencial, por mantenerme confinado de tiempo completo. Confieso que tenía curiosidad de conocer aunque fuera a uno de esos guerreros de la medicina de los que tanto he oído hablar, a los que, en forma anónima, colman de reconocimientos los funcionarios que no dan un paso afuera de sus oficinas.

Pues sí: en tres días conocí, por teléfono y a dos de ellos en persona, y al final de mi recorrido de reconocimiento, llegué a una conclusión; la contingencia engrandeció a unos y les quedó grande a otros.

Los que se empequeñecieron en el fragor de la batalla contra la pandemia, son aquellos que, ante la posibilidad de ser contagiados, prefirieron el encierro y negarse a atender a personas con enfermedades distintas al COVID-19, dizque porque no estaban dando consulta en sus consultorios para evitar la contaminación.

En estos tres días, señor mío, observé muy de cerca a personas recorriendo las calles de Ciudad Obregón, incluso, de poblados conurbados, buscando un médico que estuviera dispuesto a atender una emergencia. No lo encontraron.

Conocí a una señora que después de pasarse medio día buscando un médico, lo encontró en un Similares. Me contó que el doctor es muy joven y lo encontró absorto chateando con quién sabe quién. Sin mirarla, le dijo que se sentara. Luego de unos minutos sin decir nada, siempre clavado la vista en la manipulación del celular, por fin volteó para preguntarle a la señora, con cierta parsimonia:

--¿Qué le pasa?

En diez minutos la despachó. Eso sí, muy sonriente, como si el mundo fuera en estos momentos color de rosa.

Muchas cosas lamentables conocí en estas últimas 72 horas.

Poco después de las dos de la tarde, arribé a mi refugio de trabajo, me arrellané en el sillón y me quedé mirando, como si no mirara, la pantalla de la compu.

A mi izquierda, estaban perfectamente acomodados, los tres periódicos en los que, desde octubre de 1987, me publican mi columna. Es una inveterada costumbre leer los tres diarios más importantes del sur de Sonora, antes de empezar a pergeñar mi trabajo de todos los días.

Pero esta vez —o sea, ayer— no quise empezar a escribir. Quería poner a mi mente a trabajar recordando cosas antiguas. Hice un recorrido de memoria por varios lustros, desde que inicié este peregrinaje periodístico hace 33 años.

Pensaba en lo que había visto en estos últimos tres días. Pensaba, en los que han fallado. Pero también, en los que se han revelado como hombres para la historia. Y me dije que esos hombres y esas mujeres, deben tener su memorial. Con sus nombres y sus perfiles. Y sus hazañas.

De pronto, me sentí sorprendido. “¿Cuándo empezó a ser una tragedia para nosotros lo que comenzó como una lejana noticia fechada en un recóndito lugar de China, sin que entonces imagináramos lo que llegaría a ser en muchas naciones del planeta, incluyendo a México, el país donde nunca pasaba nada?”

Recordé que fue entre el dos y el cinco de enero del 2020, cuando en una escueta nota en páginas interiores de los periódicos, nos informaban que se había detectado un virus que estaba causando estragos en una población llamada Wuhan, en la remota provincia china de Hubei.

Esto había sucedido el último día de diciembre de 2019. Con los meses y tras de contarse cientos de miles de muertes, cambió el nombre de coronavirus a COVID-19.

Pasó enero y febrero se fue como un suspiro. Las noticias seguían llegando de Wuhan. Las cifras aumentaban día con día. Ya eran miles los muertos.

Para finales de febrero, seguíamos pensando que el coronavirus era algo que a nosotros no nos concernía.

Los noticiarios de la televisión empezaron a ser más pesimistas. “Podría llegar a México en un tiempo breve”, le escuché preconizar a JOSÉ CÁRDENAS.

“Les van a llegar a los chilangos pero a Sonora no llega”, me alegré con mi propia mentira.

Hoy, puedo decir que ya lo vi todo. Ciertamente, muchas cosas que ya me sucedieron jamás pensé que me ocurrirían. Ahora, me ha tocado en suerte ser testigo y haber padecido en mi entorno cercano y familiar, la peor de las pandemias que México ha sufrido en toda su historia.

Nos asustan tantos cientos de miles de muertos en unos cuantos meses en el planeta. Sin embargo, esta no es la peor de las pandemias que la humanidad ha tenido que enfrentar.

Ya lo he dicho aquí: la pandemia de la viruela, causó más de 300 millones de muertos. Y el mundo no se acabó. Ni la vida humana tampoco.

Por cierto, tengo información absolutamente fidedigna, en el sentido de que muy probablemente este próximo fin de semana habrá una noticia que podría ser lo mejor que nos pasará en tratándose de la lucha contra la pandemia.

No me es dable, caro lector, aportar más datos. Estoy muy entusiasmado por lo que pudiera ocurrir. Eso es todo.

Y lo digo sin cortapisas: CLAUDIA PAVLOVICH ARELLANO, la gobernadora de Sonora, empuja fuerte en este renglón. Usted recordará que hace algunos días se reunió en Guadalajara con empresarios e investigadores.

La gobernadora no ha dejado un solo día, un solo minuto sin buscar opciones, de acercarse a quienes, desde sus respectivas trincheras, luchan por alcanzar alternativas que ayuden a miles de personas a recobrar la salud.

Ojalá que todo salga bien. Ojalá.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

¡OH, LA LÁ! TENGO UN AMIGO al que le molesta sobremanera aparecer en las secciones de sociales… Tampoco le gusta que se le mencione y menos que se le felicite cuando cumple años…

“Esas cosas no me gustan, colega”, me dice con ganas de que le conteste que “no lo vuelvo a hacer”…

Por eso, y como suele decir el clásico de Palacio Nacional: mi pecho no es bodega, comparto con mis dos que tres lectores, que BULMARO PACHECO cumplió años ayer… No sé cuántos porque no me quiso revelar la edad…

Pero, para que termine de molestarse, desde aquí, querido amigo, felicitaciones por esa edad a la que has llegado con una existencia luminosa y fructífera, y con el reconocimiento de muchas personas…

¡Larga vida para ti, Bulmaro!....

¡Y AGÁRRATE, GENOVEVA, QUÉ VAMOS A GALOPAR! Un fuerte rumor comenzó a circular desde el pasado fin de semana en torno a la renuncia de JAVIER JIMÉNEZ ESPRIÚ, a la titularidad de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes…

Es un rumor que, bien visto, tiene más sentido que la versión anterior, según la cual, Jiménez Espriú, renunciará por no estar de acuerdo con la militarización de los puertos y las aduanas…

Esta versión que nunca fue confirmada, no parece tener lógica, pues en nada afectaría a Jiménez Espriú que el Ejército y la Marina se hicieran cargo de las aduanas y los puertos en el marco de la lucha contra el crimen organizado y la corrupción…

¿Entonces?...

Bueno, el segundo rumor desliza que la esposa de Javier Jiménez Espriú es socia de una empresa que es filial de Odebrecht…

Saque usted sus cuentas…

CARAY, SE ACABA EL ESPACIO y me faltaron temas qué desahogar. Me dicen que comente sobre el silencio de SERGIO PABLO MARISCAL, de Cajeme, de ROSARIO QUINTERO, de Navojoa y de SARA VALLE DESSENS, de Guaymas…

Posiblemente mañana, Dios mediante…

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com

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