Opinión

Lozoya-Odebrecht-Pío, la obligación de una reforma electoral

La Tertulia Polaca

por

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Aarón Tapia, colaborador

Aarón Tapia, colaborador

A seis días de darse a conocer dos videos grabados en 2015, que protagonizan uno de los hermanos del presidente, Arturo ‘Pío’ López Obrador y un alto exfuncionario del Gobierno Federal, David León, en ese entonces consultor externo del Gobierno Estatal de Chiapas y donde el primer mencionado recibe dinero en efectivo de León para beneficio de Morena, en el marco de la campaña electoral de ese mismo año. Se han escrito cientos o tal vez, hasta miles de columnas sobre este caso en todo el país en diversos tonos, algunos tratando de equiparar estos actos (evidentemente turbios), con la podredumbre que supura del caso Lozoya-Odebrecht, otras minimizando los hechos y algunas otras con mayor equilibrio.

Considero que en este momento no hay mucho más que abonar, me parecería hasta ocioso seguir redundando sobre esas imágenes, además de que esta guerra de videoescándalos, se está juzgando no ante un juez, sino ante el gran tribunal de la opinión pública ciudadana, apostando el capital de credibilidad de ambos lados.

Me parece que sería de mucha mayor relevancia considerar que el presidente López Obrador, se encuentra ante la gran oportunidad de construir una iniciativa para una reforma electoral de gran calado, porque son las elecciones, son la madre de todos los vicios del enraizado andamiaje de corrupción que impera en nuestro sistema político, empresarial y tejido social.

Desde 1824 se presentó en México el sistema de elección como la panacea para el autoritarismo y así dar paso a la democracia. Pero el sistema electoral no ha sido el elixir que sane las enfermedades crónicas de este país, lejos de ello se ha vuelto parte de la misma enfermedad, y tampoco es una práctica democrática. Lo que hoy llamamos democracia (poder del pueblo: demos=pueblo, cracia=poder) de ninguna manera lo es, más bien ha sido una oligarquía aristócrata. La elección consiste en escoger al mejor preparado para el sistema reinante (aristos= el mejor, aristocracia=poder del mejor) y la historia nos ha dicho que una aristocracia desemboca siempre, en una oligarquía, es decir, el poder y los beneficios para unos pocos.

Uno de los mitos del sistema electoral, es pensar que tenemos el poder de elegir libremente y castigar a los malos gobernantes mediante el voto, por ejemplo: nos han dicho que la ciudadanía ha dado grandes lecciones democráticas a los partidos porque se les ha castigado en las votaciones cuando no cumplen con un Gobierno eficiente eligiendo a un partido de oposición; pero en muchos casos nos imponen a escoger entre cáncer, sida o cirrosis, ¿eso es la libre elección y la gran muestra de castigo democrático? Y todo ello es a causa de que no es la militancia base de los partidos quienes eligen a los candidatos electorales, la decisión se toma de manera cupular y se impone.

Ya lo hemos constatado tanto a nivel federal como en el estatal: más de setenta años del PRI en el poder, el PAN les rompe la hegemonía, pero resultan igual o peor y retorna el PRI al poder. Es decir, elegimos diferentes colores, pero, nos habíamos quedado con el mismo sistema gubernamental.

Lo que ha demostrado nuestro sistema electoral es llevar a los diferentes niveles de Gobierno y al legislativo, a representantes del poder económico, y este poder fáctico compra y somete al poder político y es la elección la que hace posible la sincronización entre estos dos poderes. Los costos de campañas electorales son exhorbitantes, desde ahí empieza la subordinación del poder político al poder económico, este último es quien financia y es entonces donde el compromiso queda sellado ¿dónde está la democracia (poder del pueblo)? Por eso las políticas económicas son trajes a la medida para la élite financiera, lo que ha dado como resultado que actualmente solo 6 personas posee el 50% de la riqueza de este país. Según estudios de Oxfam.

La élite empresarial adquieren medios de comunicación pero no es para ganar dinero, incluso a muchos de ellos solo se les invierte, más bien es una herramienta para urdir otro tipo de negocios millonarios. Fabrican y manipulan la información, porque en un sistema basado en la elección, es muy importante controlar el acceso a la información.

“La prensa quizás no siempre tiene éxito en decirle a la gente qué pensar, pero es asombrosamente exitosa en sugerirle en qué pensar”. -Bernard Cohen

Aunque esto último es evidente como las redes sociales han atravesado esa hegemonía de los medios de comunicación convencionales (televisión, radio y prensa escrita), pero, aún siguen teniendo un peso importante en el ecosistema de la información.

Históricamente en México los gobiernos representativos no proponen igualdad, la Cámara de Diputados resuelve que unos cuantos y sin participación ciudadana (en la gran mayoría de los casos), escriben las leyes para el beneficio de sus propios intereses y de quien les financió la campaña electoral.

Es verdaderamente absurdo y contradictorio que un régimen que se ostenta como democrático, lo que rige a su sistema electoral es el dinero, porque sin el suficiente respaldo financiero, difícilmente se accede a las posiciones de poder, a menos que ocurran fenómenos como la elección del 2018, donde un solo candidato permeó e inundó de votos a sus correligionarios, debido a su enorme liderazgo social, pero, también al gran financiamiento que este obtuvo.

Un viejo adagio reza que, si te acuestas con demonios amanecerás quemado. Morena se ha acostado con el demonio verde de nuestro sistema electoral y las llamas ahora soplan cerca del presidente, una reforma electoral a profundidad que garantice la democracia en su más amplio concepto, podría ser el apaga fuegos que libre de la quema no solo la credibilidad del presidente y todo su ejercicio de Gobierno, sino a todo México.

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