Opinión

Hay voces que acreditan a Alfonso Durazo la responsabilidad de lo que sucedió en el Congreso de Sonora

Rumbos

por Mario Rivas

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Mario Rivas, columnista

Mario Rivas, columnista

UN DÍA DE UN AÑO YA LEJANO, ADRIÁN MANJARREZ DÍAZ y yo, decidimos ir a conocer un nuevo restaurante que abrió sus puertas por la calle Chihuahua entre Hidalgo y Allende, en Ciudad Obregón.

Nos había llamado la atención su nombre:

“Restaurante Hacienda Café”.

O algo así.

En realidad, nunca he podido memorizar el nombre. Y para qué. Todos lo mencionábamos —y hasta la fecha— simplemente como “el restaurante del padre”.

Y sí, el dueño y fundador era el padre MARCO ANTONIO FIGUEROA ESQUER.

Adrián y yo empezábamos a acomodarnos ante una mesa, cuando se nos presentó el sacerdote, que en ese tiempo estaba a cargo de una parroquia de Esperanza, Sonora. Nos dijo que era el propietario, que éramos de los primeros clientes. Amablemente nos invitó a recorrer los cuartos de la vieja casona habilitados como pequeños reservados para la clientela.

En cada saloncito, nos mostraba la decoración en cuyas paredes resaltaban las obras de SANDRO BOTTICELLI, el enorme artista florentino cuya mística profundamente religiosa, llenó la época del primer renacimiento, en el Siglo XV.

Una a una, nos explicó las características de las obras de Botticelli. Réplicas bellísimas que aún hoy son aclamadas en el mundo entero.

Nos mostró un barrilito de aluminio del que fluía cerveza para la comida. Era evidente que se trataba de un sacerdote culto, a quien su religión no le impedía abrevar del conocimiento universal.

Al terminar nuestro desayuno, buscamos al padre Figueroa para despedirnos de él. Abierta la sonrisa, lo encontramos saliendo de la cocina. Nos acompañó a la salida y, en el saludo y el “vuelvan pronto”, dijo:

--Ojalá que su visita nos traiga buena suerte.

--Tengo buena mano para eso— le reviré, igualmente festivo.

Durante años, cada quien por su lado, Adrián Manjarrez y yo, fuimos clientes asiduos. Y en los primeros dos o tres años, siempre coincidía con el padre Figueroa. Algo platicábamos y se despedía. Siempre, cada vez con mayor celeridad. Le estaba ganando la prosperidad del negocio.

Una vez pregunté por él, extrañando que en varias ocasiones no le había visto en el restaurante.

--¿El padre? Ufff, está dormido— me informó una señora, la encargada creo.

Me explicó que él manejaba el turno de tarde-noche y se desvelaba. Por eso se levanta un poco tarde. Nunca lo volví a ver. Luego asuntos personales me fueron alejando del restaurante “del padre”.

Hasta que hace unos días, RICARDO BOURS CASTELO me envió el siguiente mensaje. Textual:

“Me están compartiendo la triste noticia de que el exsacerdote, dueño de “La Hacienda del Padre Restaurant”, acaba de fallecer por una insuficiencia renal, y no alcanzaron a darle los resultados del COVID. ¡Descanse en paz!”…

Creo que el texto no es de Ricardo. A él se lo compartieron.

Como sea, fue así como, mucho tiempo después de haberlo visto por última vez, me llegan noticias suyas. Su deceso, siempre lamentable por haber sido lo que fue: un hombre de Dios, amable, culto y muy trabajador.

¡Dios te bendiga, querido Marco Antonio!

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

UN VIEJO AMIGO MÍO, A QUIEN conocí en los años setentas, cuando él fungía como gerente regional de una empresa agropecuaria descentralizada del Gobierno Federal, muy inteligente, de los pocos izquierdistas con talento que no era fanático del presidente LUIS ECHEVERRÍA, me llamó el otro día desde su casa en una ciudad cercana a la capital de la República, donde ve a pasar los días y los años desde su retiro…

Ha escrito algunos libros relacionados con lo que sabe ser, con lo que ha sido su pasión y su vocación: la agricultura…

Pero esta vez, tras de años de no comunicarnos, su voz denotaba enojo. Y, raro en él, su lenguaje era altisonante…

De entrada, me espetó: “Me estoy preguntando cuántas barbaridades, cuantas hijesas de la rech… habrán tenido que soportar los ciudadanos para llegar a un hartazgo sin regreso, para que ni con todas las descomunales torpezas y ocurrencias del presidente, le reiteren su apoyo”…

--Pues yo creo que no se pueden contar. Cada día se amontonan más, y se pierde la cuenta— le contesté.

--La gente ve las mañaneras y por fuerza debe entender lo que está mal. Lo sabe, pero se niega a volver a lo de antes. Por eso te digo, que el hartazgo fue muy grande, hasta decir basta, para que nada de lo que hace mal López Obrador pueda ser suficiente para que dejen de estarlo siguiendo todos los días…

--La respuesta que buscas la puedas encontrar en un análisis de ALFONSO ZÁRATE, en el noticiario de JOSÉ CÁRDENAS…

Él lo explica brillantemente, clarito, sin enojarse, sin jalarse los cabellos, como un psicólogo le explicaría a su paciente los desatinos que comete y que no sabe por qué…

Le dije a mi amigo que yo también, igual que él, muchas veces me preguntaba por qué de este fenómeno. Y a fuerza de darle vueltas al tema, caí en la cuenta que los culpables no son AMLO y sus amigos; los culpables han sido todos los presidentes, del PRI y del PAN, que han burlado la voluntad y la paciencia de millones de mexicanos empobrecidos y abandonados a la buena de Dios por sucesivos gobiernos…

Le dije que Alfonso Zárate, en mi opinión, dice una gran verdad al fundamentar a sus argumentos en la tesis de que, ante un pueblo muy pobre y burlado sistemáticamente, este se aferró a la esperanza que un líder de masa carismático y terco, le estaba vendiendo. “Un líder que durante décadas le había estado machacando que el culpable de su pobreza era la mafia del poder, los Salinas, los Peña Nieto, los conservadores como Zedillo y Calderón. Y finalmente ese pueblo llegó a su colmo y se aferró a la esperanza de López Obrador”, relata Zárate…

--¿Y por eso va a ganar las elecciones del 2021 Morena?— pregunté…

--Por eso, no hay de otra… TENGO, PARA MÍ, QUE ESTO explicaría por qué en el Congreso del Estado, dos alcaldes morenistas notoriamente ineficientes y problemáticos, lograron salvarse del juicio político con el voto a favor de Morena, del PRI, del PAN y prácticamente de todas las corrientes representadas en la actual legislatura…

Ayer mismo alguien me envió una fotografía en la que aparecen muy sonrientes ALFONSO DURAZO Y SERGIO PABLO MARISCAL, y al margen, una breve leyenda: “Por si quieres saber quién fue el que impidió que se llevara a cabo el juicio contra Sergio Pablo Mariscal y María del Rosario Quintero”…

Sinceramente, no creo que haya sido así. Pienso que la actitud de los priístas y demás “bisagras” legislativas, no es algo que se le tenga que acreditar a Durazo. Es una cuestión única y exclusiva de cada partido…

Lo que se maneja “arriba” no se conoce abajo…

Esto no es nuevo, es una vieja historia…

Me cae que sí…

Y HABLANDO DE OTRAS COSAS, ayer tuve el gusto grande de platicar con el padre RENÉ ESQUER VERDUGO, encargado de la parroquia de San Isidro Labrador, de Granados, en la sierra sonorense…

Hablamos del nombramiento de monseñor FELIPE POZOS LORENZINI, un poblano de excelente conversación en cuyo video de presentación se advierte un estilo muy pontifical y bueno, creo que la grey católica de la diócesis obregonense, lo recibirá con los brazos abiertos…

La opinión del padre, fue en el sentido de que “al obispo no lo conozco pero ya pedíamos por él sin conocerlo y ahora que lo conocemos seguimos pidiendo por él y por nuestra iglesia diocesana. Como dice él, viene a servir y a caminar con su pueblo y a vivir una iglesia sinodal de escucha y comunión”…

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com

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