Opinión

Por el bien de todos, primero los pobres

La Tertulia Polaca

por Aarón Tapia

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Aarón Tapia, colaborador

Aarón Tapia, colaborador

Desde las ciernes de este Gobierno Federal sus detractores refieren una situación del país como si nos encontráramos al borde del despeñadero. Cuando uno ve, escucha y lee los medios de comunicación y redes sociales, con sus mesas de análisis, columnas y comentarios, si parecería que estamos en un país dividido al borde del caos, en donde el descontento es tal que si no cambia el rumbo del país podría “venezonalisarse” (lo que sea que signifique esa expresión). Pero después al ver los estudios sobre la aprobación al presidente entre la ciudadanía, esta oscila entre el 58 y 65 por ciento.

Esa minoría que nutre la exacerbación contra López Obrador, la mayor parte de ellos (no todos) están convencidos de que ellos sí saben de temas políticos y de economía, porque están mejor informados y preparados y que no se dejan manipular por el populismo de AMLO. Esto pinta de cuerpo entero su visión clasista y su aberrante y antidemócrata creencia de que en este país deben de existir ciudadanos de primera, segunda y hasta una tercera categoría, que no hay forma de evitarlo, paradójicamente estos ciudadanos cosmopolitas con educación de primera y con mayores posibilidades de conocer sociedades tan igualitarias, como por ejemplo la canadiense o las nórdicas, son incapaces de aspirar a un México donde las brechas de la desigualdad social y económica vayan acortándose.

Aceptan el resultado electoral y se llenan la boca defendiendo al INE (el supuesto órgano garante de nuestra carísima democracia), la institución que no vio el fraude del 2006 ni en el 2012 el uso indebido de tarjetas Monex, Soriana y el financiamiento de Odebrecht, todo esto en favor de Peña Nieto, pero repelen a la consecuencia política emanada del contundente resultado electoral del 2018, rechazan cualquier cambio de fondo, porque el proceso es doloroso y prefieren que los males conocidos solo se administre con control de los daños. Porque están acostumbrados a que sus privilegios prevalezcan y se siga sosteniendo en los más de 50 millones de pobres de nuestro país, es decir, esgrimen la acomodaticia falaz idea de, “la mayoría tiene la razón, salvo cuando no coincide conmigo”.

Lo que este 35 por ciento no está consciente, es que el gran apoyo popular a López Obrador no se alimenta de la manipulación, o por lo menos no la mayoría. Simple y sencillamente se nutre de los hechos concretos de que la grandísima mayoría de los mexicanos se han empobrecido no solamente en lo económico, también en lo educativo, en su seguridad, en la atención a su salud, su esperanza y su paz, con los gobiernos que, según los bien preparados e informados, solo fallaron en administrar mejor los vicios de la cosa pública y en ser tan voraces, todo lo demás funcionaba bien.

Les provoca histeria que el Gobierno de AMLO apoye a los ancianos o a los jóvenes con dinero a través de sus programas sociales, porque esa “bicoca” no los sacará de la pobreza y solo crea clientelismo electoral. Pero, para los millones de ciudadanos de la tercera edad en situación precaria, recibir 2 mil 550 pesos cada dos meses hace una diferencia abismal, los bien preparados e informados no se detienen ni tantito en pensar que ese dinero en los anteriores gobiernos se lo robaban, casos documentados como la estafa maestra, así lo comprueban, entonces ¿por qué estos ciudadanos beneficiados de dichos apoyos no habrían de votar por quién al menos en este sentido está haciendo algo por ellos? Es un razonamiento rotundamente legítimo a partir de sus propios intereses, guardando las proporciones de intereses y cifras, es el mismo comportamiento de los empresarios y no objeto de una manipulación por una supuesta ignorancia.

El Gobierno de López Obrador ha provocado un incremento en la capacidad de consumo de los sectores socioeconómicos más vulnerables gracias a estos programas sociales, pero también gracias a los incrementos históricos del salario mínimo, como jamás antes se ha dado. Es verdad que crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo, pero también es cierto que sin crecimiento económico no habrá un óptimo desarrollo, pero es evidente la congruencia con la bandera que el presidente siempre ha promovido y prometido: por el bien de todos, primero los pobres. Y los pobres son la mayoría en este país.

Por supuesto que esto no significa que la 4T sea un Gobierno sin imperfecciones, claro está que ha cometido errores y en algunos casos garrafales.

Hay nombramientos en cargos de suma importancia para la vida pública que están siendo ocupados por perfiles inadecuados, hay casos graves de influyentismo, pagos de favores políticos que están afectando en cierta medida la aplicación de políticas públicas y el funcionamiento en muchas áreas de Gobierno (en ese sentido nada discordantes con los anteriores gobiernos) y ciertamente hay que exhibir tales vicios e inoperancias, para exigir un Gobierno más capaz. Pero me parece pertinente ser consciente que se trata de un cambio radical, la extirpación del cáncer en la administración pública, cuya quimioterapia tiene sus efectos secundarios muy dolorosos y lleva tiempo, pero además con la condición sine qua non de que necesitará del apoyo, la crítica y participación de la misma ciudadanía. Y por supuesto que es válido disentir con el proyecto de nación de López Obrador, pero lo que me parece una mezquindad, es pensar que el entorno y situación que cada uno vive es la única y a partir de esa realidad hacer valores de juicio aplicándolo de manera absoluta para un país tan diverso sin ni siquiera tratar de comprender las necesidades del otro, sobre todo porque esas necesidades son los dolores de la mayoría de este país.

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