Opinión

Candidaturas alquiladas: ¿A dónde van?

lunes, 1 de marzo de 2021 · 11:36

No hayan cómo justificarse; argumentos van y vienen, desde los consabidos golpes de pecho hasta teorías conspiratorias y las inconformidades de salón.

No hay como justificar la aceptación de candidaturas en partidos políticos que nada significan: Galindo no es profesor, para entender la raíz y el origen de Redes Sociales Progresistas, y Zataráin —que se sepa— no es evangelista, para entender los postulados morales e ideológicos del  reeditado Partido Encuentro Solidario.

Ambos amigos nuestros, de trato frecuente en un largo trecho de la vida política sonorense. La habían hecho bien en donde estaban, pero… Difícil entender este nuevo derrotero y ese viraje radical después de entregar ambos más de 25 años de sus vidas al PAN y al PRI.

Si no hubieran dado color por Morena tiempo atrás, en cargos menores e insignificantes, cuando se escindieron de sus partidos originales, quizá tuvieran algo de credibilidad en su intención de registrarse como candidatos a gobernador por partidos de nueva creación. No fue así.

Y por ser de nueva creación, ambos partidos están impedidos de acuerdo a la ley para hacer alianzas. Para conservar el registro tendrán que rascarse con sus propias uñas para conseguir cuando menos el 3% de la votación nacional en la elección de diputados federales.

Quizá lo máximo que logren ambos candidatos es que a nivel estatal se sepa de que ambos partidos existen… no más.

A ambos los exhibieron como nuevas adquisiciones de Morena en su proyecto de atacar la alianza PAN-PRI-PRD, elevándolos a una presunta y nunca demostrada cercanía con el candidato oficial de Morena al gobierno del Estado —con foto oficial, claro—, e incluyendo declaraciones en contra de sus ex compañeros de partido, pero sin reconocer en lo más mínimo las oportunidades en su momento recibidas y que los proyectaron a ser lo que fueron políticamente, en parte por sus relaciones en esos partidos, también por la protección de los gobernantes en turno o por los factores de poder locales que en su momento se conjugaron para apoyarlos y ocuparan cargos públicos.

Cuauhtémoc Galindo fue regidor del ayuntamiento de Nogales, después secretario del ayuntamiento, posteriormente diputado local, diputado federal y presidente municipal. Intentó reelegirse en 2018 con la alianza PAN-PRD y lo arrolló Morena con Jesús Pujol (32.2%) desplazándolo al cuarto lugar de las preferencias con solo 10 mil votos  (el 12.4 %).

¿Qué le pasó a Galindo que iba invicto de las elecciones anteriores que aspiró a ser Senador y perdió la elección de 2018 siendo el alcalde en turno? ¿Fue eso suficiente para que abdicara de su partido e interrumpiera su ascendente carrera política?

Carlos Zataráin González fue diputado local, después funcionario del gobierno estatal, presidente municipal y diputado federal. Posteriormente, le serviría al PRI en asuntos electorales (con una actuación muy controvertida en la derrota del PRI en 2009) y al gobierno federal en posiciones importantes de la administración federal hasta que culminó el gobierno de Enrique Peña Nieto. ¿No le bastó a Zataráin haber obtenido logros importantes en una carrera política de más de 30 años ininterrumpidos en el PRI, donde nunca nadie le negó nada?

Ahora, Galindo se ha registrado como candidato al gobierno estatal por el partido Redes Sociales Progresistas impulsado por la maestra Elba Esther Gordillo. Un partido afín totalmente al gobierno de la llamada 4T y al presidente Andrés Manuel López Obrador. Así lo expresaron en sus orígenes y así han comprometido su apoyo al actual régimen a cambio de que la maestra pudiera volver al liderazgo del SNTE en 2024. El partido RSP lo dirige  Fernando González, yerno de Gordillo.

Zataráin se registró como candidato del «nuevo» Partido Encuentro Solidario (antes Encuentro Social), que apenas recibió su registro a mediados del año pasado —irónicamente lo perdió en 2018 al alcanzar solamente el 2.41 % en la votación de diputados federales—, aún cuando en la Cámara federal mantiene presencia con 56 legisladores en alianza con Morena y un gobernador en Morelos en la persona de Cuauhtémoc Blanco. Se trata también de un partido aliado del gobierno de López Obrador, que buscará restarle votos a la alianza PAN, PRI y PRD y a su candidato Ernesto Gándara, al considerar que Zataráin pudiera tener todavía ascendencia en la región Guaymas-Empalme.

A los dos los estarán midiendo en las encuestas durante la campaña. A los dos les estarán dando seguimiento por varias razones:

Los estrategas de Morena consideran que Galindo pudiera restarle votos al PAN (también a Gándara) y que Zataráin le afectaría los números al PRI.

¿Cuántos votos? Difícil saberlo.

¿Por qué tomarían esa determinación  dos militantes reconocidos de partidos políticos con acción en lo local y nacional y con buenas oportunidades de participación en su vida política?

Galindo dice que porque “se opuso a la alianza con el PRI”. Quizá sintió que al no acceder a la candidatura al Senado por el PAN y perder la reelección en Nogales, ya había cubierto su ciclo político.

Zataráin alegó que no hubo oportunidades para él en tiempos recientes, sobre todo en 2018 al finalizar el gobierno de Enrique Peña Nieto (en cuyo gobierno fue director General en la SEDATU), y se le manejó con insistencia para postularse para la alcaldía de Guaymas para un nuevo período. Dijo que dialogó con el dirigente nacional del PRI y con Ernesto Gándara, pero que “nada le dijeron”.

Ahora se justifica diciendo que desde Rodolfo Elías Calles (1931) no ha habido un candidato al gobierno originario de Guaymas (¡!)

¿Cuál es la realidad de las candidaturas?, ¿Realmente pensarán Galindo y Zataráin que cuentan con posibilidades reales de ganar la elección para gobernador de Sonora por los nuevos partidos?

¿Sería esa la principal motivación para aceptar las candidaturas en partidos de reciente creación por los que nadie apuesta nada? Porque el tema, ahora rebasa la libertad de elección que les garantiza la ley para situarse en un dilema moral con, y entre ellos mismos.

Para ellos seguramente el tema no es ese. Ambos participan ahora de una estrategia más general definida por los estrategas de Morena. Los dos salieron de sus partidos de origen por su propia voluntad y ejerciendo sus libertades, lo anunciaron previamente y fueron a pasar lista con el candidato de Morena al gobierno estatal y cuidaron de que su decisión se hiciera pública. También de que habían emigrado del PRI y el PAN.

Originalmente Durazo les asignó tareas de gabinete y de trabajo en tierra para el partido Morena. Después—seguramente los convencieron para que aceptaran las candidaturas a sabiendas…

¿Qué sigue para ellos ahora? Una primera opción es que lleguen hasta el final de la elección con porcentajes de votación que pudieran restar del PRI y el PAN (no tienen más)para dañar a la alianza (PAN,PRI y PRD) que postula a Ernesto Gándara Camou. Y otra, que días antes de la elección hagan el anuncio de que abdican de sus candidaturas para que los votos que pudieran haber jalado se sumaran al candidato de Morena. Esta opción es viable si se considera que los votos para gobernador no se contabilizan para lograr el registro condicionado de los partidos que van a representar en las elección.

¿Casualidad, novedad o sorpresa? Sí, pero en política ni ahora ni nunca han existido las  casualidades.

Comentarios

Otras Noticias