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El caballo de calandria

miércoles, 17 de marzo de 2021 · 10:57

Galopaba como candidato sabiéndolo todo. Tenía un diagnóstico preciso sobre los problemas nacionales. Sus campañas previas y su papel como principal crítico del régimen, lo posicionaron como vencedor mucho tiempo antes de la jornada electoral. Su victoria, se convirtió pronto en una celebración que combinaba la esperanza de un nuevo comienzo y el grandísimo descontento del ciudadano con el sistema político establecido durante la era del PAN y del PRI como partidos en el poder. Para no pocos, esta victoria representaba un avance, un escalón más para afianzar nuestra incipiente democracia.

Comenzamos este sexenio con un presidente que abrazaba el discurso contra la corrupción y que se abanderaba a sí mismo para convertirse en el salvador de la patria. Tras casi 2 años y medio de aquel momento, el día de hoy tenemos un presidente sin campo visual periférico. Como si se tratase de un caballo de calandria, de esos a los que su calandriero forza a mantener la vista al frente. Con la diferencia de que a este último lo obligan a mirar hacia un solo lado, mientras que el presidente, libre de cualquier obstáculo externo, decide mantener los ojos y la atención únicamente en su proyecto político, que no es otra que concentrar todo el poder.

 No hay oídos, ni ojos, ni manos, ni brazos, ni piernas para atender las crecientes demandas ciudadanas. Los papás de los niños con cáncer están mal por hacer evidente la falta de medicamentos. También están mal las mujeres que piden que el Estado se crezca y dé respuesta ante el fenómeno de la violencia que las tiene sometidas. Las que le dicen que un sujeto acusado de violación no debe ser candidato a una gubernatura también están mal. Los que critican la fallida estrategia de seguridad y la inminente militarización del país también están mal. Los que piden se reconsidere la amorfa política de salud que se implementa durante la pandemia también están mal. Ni hablar de los medios de comunicación que señalan los rarísimos contratos que recibió su prima hermana por parte de PEMEX desde el primer día de su gobierno,  esos también están mal. Los que señalaron a su hermano recibiendo dinero en un presunto caso de corrupción, también están mal. Los que también señalaron la remodelación del estadio de béisbol de su hermano, también están mal. Los que se levantan a trabajar por las mañanas, los que viven la nefasta realidad del México contemporáneo y se atreven a decir que las cosas no van bien, esos también están mal.

Nos encontramos en el país de uno solo. Un país en el que el sueño de construir instituciones sólidas y funcionales se desvanece cada día un poco más, mientras el dibujo del poder unipersonal setentero comienza a apoderarse de todo nuevamente. ¡Ignoro los problemas, niego la realidad, lo que diga mi dedito, esa es la verdad! Así el nuevo lema del gobierno federal. Estamos en el país en que la esperanza desaparece con cada nuevo trote del que decidió por sí solo pasar de presidente a caballo de calandria.

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