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Entre feminicidios que no son ni ataques a periodistas por cuestiones de su trabajo

Rumbos
viernes, 19 de marzo de 2021 · 06:00

EN LA DESAPARICIÓN DE UN periodista chiapaneco hay algunos ingredientes extraños. No es una sospecha. Se trata en sí misma de la desaparición. Es extraño que alguien desaparezca tan lejos de su casa y tan cerca de la frontera con Estados Unidos.

Este criterio no es el mío. Se lo escuché a un abogado cuando me platicaba este incidente. El joven reportero oriundo de Chiapas, al parecer se había reportado a su casa hace algunos días y les habría dicho a sus familiares que se encontraba en Magdalena de Kino.

Desde entonces, no se ha sabido nada de él. Déjeme decirlo: espero de todo corazón que se trate de una falsa alarma, que el reportero aparezca sano y salvo y que todo quede en un susto.

Lo espero y lo deseo.

Pero sírvame el tema para abordar el asunto de las agresiones a los periodistas. A mí siempre me ha parecido que entre los ataques a un comunicador y a una mujer, hay una gran similitud.

No en todos los casos son feminicidios ni el periodista fue asesinado por cuestiones profesionales. O sea, por su labor informática o crítica.

El problema es que, sin importar si hay o no motivos obscuros, a las autoridades y a los grupos de activistas, siempre se les ocurre meter en el mismo costal los feminicidios y los homicidios y el asesinato y ajuste de cuentas.

Por favor, no se enoje nadie. Me duelen las mujeres víctimas de feminicidio. Me duele, igualmente, que alguien muera, sea o no periodista.

Pero encuentro raro e injusto, que una mujer asesinada por cualquier motivo que no tenga que ver con la cuestión del género, se le victimice metiéndola en esa clasificación.

En nuestro país, todo ha cambiado. Hace 30 o 40 años, prácticamente no existía el narcomenudeo. Por tanto, no había homicidios dolosos en las calles como los hay ahora y desde hace tres décadas.

Antes de que “El Señor de los Cielos” inventara el modelo de las “tienditas” como una versión más productiva en la distribución de droga internamente, no se conocían los “ajustes de cuentas”.

En realidad, los “ajustes” pertenecían a un género lingüístico muy poco conocido. Solamente cuando allá muy de cuando en cuando un capo era asesinado, se sabía de este tipo de asesinatos.

Los que eran ejecutados no andaban en “carros chocolate”, ni en moto, ni en bicicleta. Viajaban en autos últimos modelo, de superlujo y dotados con blindajes antibalas.

Pero un día AMADO CARRILLO FUENTES revolucionó al mundo del narco con su idea de establecer “tienditas” en el Distrito Federal, en las que se empezaron a distribuir todo tipo de estupefacientes. Desde la democrática mariguana hasta las drogas más modernas.

Había de todo. Las más caras para clientes de clase media y las baratitas para los de abajo.

En la década de los ochentas y noventas, no eran muchas las mujeres que eran asesinadas. No se conocía el término “feminicidio”.

Estalló en Ciudad Juárez y la mujer vio una ventana abierta para su reivindicación histórica.

Y ser víctima de feminicidio, pasó a ser un instrumento poderoso en la guerra de las activistas.

Con esta sublevación de las mujeres, los periodistas y su lucha para que el asesinato de comunicadores fuese clasificado como especial en el manejo de la investigación, se rezagó.

¿Por qué ocurrió así?

Ocurrió porque activistas de un equipo y de otro, se dieron cuenta de que era mejor que se supiera que un periodista murió por cumplir con su deber profesional que por una riña en un bar o por motivos pasionales.

O que una mujer fue asesinada por su condición de género y no por dedicarse al negocio del narcomenudeo.

¿Qué nos dice esto?

Que el problema de fondo es muy complejo, que abarca varios factores que, desgraciadamente, involucra cada vez con mayor flujo de personas, mujeres y hombres.

Es un problema social, porque a mayor número de divorcios, más madres solteras encaminaron sus pasos a trabajos que para ellas siempre estuvo prohibido, pero ya no, porque los tiempos han cambiado.

Es muy común que un reportero de nota policiaca describa el asesinato de una mujer que se dedica a la venta de drogas en su casa, como feminicidio.

Y aquí es donde las estadísticas se hacen bolas.

Lo mismo en nuestro gremio.

El periodista, como ser humano común que es, está expuesto a toda suerte de posibilidades que lo llevan a caer en delitos leves o graves.

Puede ser pasional, por odio, por diferencias equis, por arrebatos de ira.

Por cualquier cosa. No necesariamente por su desempeño periodístico.

Y entonces sucede que, desde Veracruz o Chiapas, nos mandan la nota con una “cabeza” tendenciosa hacia la venganza de un político o un funcionario.

Usted recordará que aquí mismo he relatado algunos casos de mujeres asesinadas por dedicarse al negocio del narcomenudeo. En esta guerra entre grupos por el territorio sonorense, han salido a relucir un gran número de féminas involucradas en esta actividad. Casi todas, madres de familia.

Y casualmente, una de esas mujeres es la protagonista de una historia relatada por mí en estos Rumbos. Y con ella murió, víctima de las balas, su hija de 6 años. Lo repito: esto ocurrió en una vivienda de Estación Corral, Sonora.

Así que, querido lector, perdóneme si no salto de alegría por los enormes convoys que desde el miércoles patrullan las colonias de Ciudad Obregón.

No veo una estrategia. Un plan, solo veo lo mismo de siempre. Pero, bueno, es mejor que la actitud pasiva e inútil del presidente municipal SERGIO PABLO MARISCAL ALVARADO.

En fin, así las cosas.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

¡OH, LA LÁ! UN AMIGO MÍO, político de altos vuelos, tuvo la gentileza de enviarme una fotografía—histórica por muchos motivos— captada a la media noche en el Auditorio de Hermosillo, durante la transmisión de poderes estatales…

EDUARDO BOURS CASTELO quiso cumplir con el mandato constitucional apegándose al librito, recibir el poder justamente a la media noche y así pensó también quien le hizo la entrega de la Gubernatura, ARMANDO LÓPEZ NOGALES…

Abajo, en la primera fila, de izquierda a derecha, regiamente ataviados, casi todos de azul obscuro, aplaudían al nuevo mandatario, el saliente gobernador, ALN, MANLIO FABIO BELTRONES, SAMUEL OCAÑA GARCÍA, RODOLFO FÉLIX VALDÉS y CARLOS ARMANDO BIÉBRICH TORRES…

Atrás, en la segunda fila, se observa de pie, a ERNESTO GÁNDARA CAMOU, actual candidato a gobernador, junto con RICARDO BOURS CASTELO y ALFONSO DURAZO, quien por cierto, es el último a la derecha…

Dos de estos exgobernadores ya fallecieron, Félix Valdés y Biébrich Torres…

Han transcurrido casi 18 años desde aquella noche… Como diría el poeta: ¡Cómo se pasa la vida tan callando!...

Y POR ÚLTIMO, DÉJEME contarle—aunque supongo que usted ya lo sabe—que estamos a una semana para el arranque de las campañas municipales, lo que sugiere que el registro de los suspirantes a las locales, se hizo como quien dice al cuarto para las 12…

PARA LA ALCALDÍA, el enigma solo está en Morena y en lo que corresponde a Cajeme; la Alianza PRI, PAN y PRD, ya tiene candidata en ANABEL ACOSTA ISLAS, ella está inamovible, mientras que en Morena se mantienen JOSÉ CARLOS GALINDO GUTIÉRREZ, ANDRÉS SALAS SÁNCHEZ y JAVIER LAMARQUE CANO…

¡Hagan sus apuestas, señores!

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com 

Fuente: Mario Rivas

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