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Columna dedicada al “fuego amigo”

De Primera Mano
jueves, 22 de abril de 2021 · 06:05

LA HISTORIA reciente de la política en campañas, en Sonora, está llena de anécdotas que dibujan las derrotas electorales en base a las divisiones internas. Ningún partido se salva. La falta de una eficaz “operación cicatriz” o los pleitos de liderazgos por candidaturas y hasta el celo entre dirigentes y colaboradores de un mismo equipo, traen por consecuencia la ruptura y el adiós a las victorias.

No nos vayamos tan lejos. En este siglo, en el año 2003, Pancho Búrquez, un fuerte liderazgo al interior del Partido Acción Nacional, no apoyó la candidatura de Ramón Corral al Gobierno del Estado y ese “arrastre” hizo falta para vencer al candidato del PRI entonces, Eduardo Bours. La diferencia en la votación final fue de sólo medio punto.

En el año 2006, María Dolores del Río, entonces presidenta municipal de Hermosillo, fue protagonista de una enorme división por la elección de candidato a sucederle en el cargo. “Mundo Briseño por acá y Rodolfo Flores por allá”. El ganador fue Ernesto “Borrego” Gándara, priísta que recuperaba esa posición luego de años de estar en manos panistas.

En el año 2009, la equivocación del entonces gobernador Eduardo Bours al elegir como su candidato a la gubernatura a Alfonso Elías, cuando el candidato natural era Ernesto Gándara, trajo por consecuencia un gran desencanto al interior de ese grupo y fue parte importante en la derrota que permitió a Guillermo Padrés llegar a palacio de gobierno.

Hay muchos ejemplos más. Los mencionados son sólo prolegómenos para llegar a nuestros días.

Ahora el llamado “fuego amigo” sigue tan vigente como siempre lo ha sido.

Alfonso Durazo recibe golpes terribles desde la ciudad de México parte de un grupo adversario al interior del gabinete presidencial y si a ello le sumamos las torpezas cometidas en el Estado con los “dedazos” descarados en candidaturas que se ofertaron por derecho a verdaderos militantes de MORENA, la tumba de la derrota se ha ido cavando cada vez más profunda, para el también exsecretario de seguridad pública del gobierno federal.

Tampoco se salvan de esa “artillería amiga”, el PAN, el PRI y el PRD. Esta alianza fue muy complicado en su origen. Muchos pensaron que sería imposible unir lo que consideran el agua y el aceite, históricos en sus enfrentamientos y con gente cuyos agravios siguen viviendo en el corazón.

Javier Gándara Magaña es uno de los coordinadores operativos de esta alianza en la campaña. Él trae clavado aún el dardo de la frustración al considerar haber estado muy cerca de ser gobernador en el año 2015 y haber sido superado por una candidata del PRI como Claudia y llevando como refuerzo a Manlio Fabio Beltrones.

Pero quizá uno de los ataques más feroces contra Javier en plena campaña, lo protagonizó Natalia Rivera Grijalva, entonces secretaria general del comité directivo estatal del PRI, quien portaba bajo el brazo y en diversos foros, documentos con los que –presumiblemente- acreditaba la corrupción de Gándara Magaña en sus funciones de alcalde de Hermosillo.

En este 2021 y en plena campaña, Natalia es víctima de una “campaña negra” a través de las redes sociales, acusada de haber fundado empresas, sólo porque un pariente lejano de apellido Grijalva, sí ha participado en diversos negocios, sobre todo del transporte.

No aseguro que esta campaña haya sido promovida por Javier, pero sin duda la ve con buenos ojos, a pesar de trabajar a favor de que su primo hermano, Ernesto “El Borrego” Gándara, sea el triunfador en los próximos comicios.

Si por el contrario, este fuego es “amigo” y surge de adentro, de Palacio de Gobierno, qué terrible cobardía será jugarle “contras” a su jefa, Claudia Pavlovich, porque Natalia será la más segura – y quizá la única- defensora del actual sexenio en el Congreso del Estado, al tener en la bolsa una diputación local por la vía plurinominal.

¿Cómo golpear entonces a quien le es leal a la actual Gobernadora, la misma que se preocupa por tener un séptimo año tranquilo y en paz?

Por su lado, Ricardo Bours tiene un problema de sangre. Su hermano Rodrigo es candidato independiente a la presidencia municipal de Cajeme y Abel Murrieta, el gran amigo y operador de Ricardo, es el candidato a lo mismo pero por el partido político que ha abrazado su candidatura al Gobierno del Estado, Movimiento Ciudadano.

Una gran fortaleza de Ricardo está en el Valle del Yaqui. Si él mismo promueve la división, las cuentas al final del día le saldrán mochas. Lo ha declarado y reiterado: “Yo votaré por mi hermano”.

Y todavía más. Si su otro hermano Eduardo, el exgobernador, también opera tratando de obtener ganancia “entre pescadores”, no admiten apuesta alguna a su favor.

Históricamente, la unidad es la principal figura para la obtención de los triunfos electorales. Quien la ofrezca y con los hechos demuestre que lo que en verdad importa es la suma y no la resta, estará dando un paso importante a la victoria.

Fuente. Francisco Ruiz Quirrín

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