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Falta un mes y cinco días para las elecciones: y la moneda está en el aire

Rumbos
sábado, 1 de mayo de 2021 · 06:33

HE PERDIDO LA CUENTA DE LAS campañas electorales a las que la vida me ha permitido atestiguar. Ciertamente, no son muchas pero tampoco son pocas.

De refilón apenas la de 1973, cuando el joven sierreño CARLOS ARMANDO BIEBRICH TORRES, generó una ola explosiva de entusisasmo entre los jóvenes. Andaba en los 33, imagínese.

Dije que me tocó de refilón porque en realidad yo apenas era un principiante en este oficio.

Mi pasión por la política era más grande que mi capacidad como periodista.

Recién había conocido a un líder cetemista en el ramo de la gastronomía. Se llamaba JOSE ISABEL MEXÍA RAMÍREZ, era un sinaloense arraigado en Cajeme, con Rosa, su esposa y sus varios hijos e hijas. Quise mucho a esta familia y me sentí querido por todos en aquel hogar donde me sentía bien.

Chabelo era un hombre formado en el antiguo sistema priísta y bajo las costumbres del sindicalismo mexicano de la época.

Allá muy en mi interior, a mi no me gustaban ciertas reglas de ese sistema.

No me gustaba, por ejemplo, que los dirigentes de sindicatos pisotearan la voluntad de los trabajadores. No me gustaban todas esa cosas pero me aguantaba.

Después de todo, no conocía otro mundo y entendía que yo no tenía nada que ver con ese estado de cosa que imperaba en mi país hace medio siglo.

Pasó la elección de Biébrich y me olvidé de su triunfo porque muy pronto cayó en desgracia.

A Chabelo Mexía le guardo una enorme gratitud. Yo era muy joven en ese entonces y, la verdad sea dicha, para los veintitantos años que tenía, ya había conocido a verdaderos tiburones del sindacalismo cetemista.

Le dije sin tapujos: ya era yo amigo y me trataba de tu a tu, con el Secretario General de la CTM en Sonora, RICARDO VALENCIA Y SOUZA.

No es que yo hubiese escogido ser amigo de Ricardo Valencia. Para nada. Me tocó en suerte serlo porque Chabelo me recomendó con él y porque era un hombre influyente.

Con los años, Valencia y yo llegamos a ser grandes amigos.

Una cosa lleva a la otra bien se sabe. Ellos me presentaron a otros y más tarde caería en cuenta que yo estaba metido hasta la cocina con uno de los grupos cetemistas confrontado con el otro grupo, tan poderoso como el primero: el que encabezaba FRANCISCO VILLANUEVA CASTELO, que más tarde haría alianza con RAMIRO VALDEZ FONTES.

Para bien o para mal, yo simpatizaba con uno de los cetemistas beligerantes históricamente en Cajeme.

Luego vinieron los viajes en avión a México. La otra maldita experiencia con el sindicalismo en la capital de la república.

Tenía que observar calladamente cómo se escogían a las meseras más atractivas para llevarlas al Congreso Nacional del Sindicato Gastronómico, cualquiera que fuera la filiación del organismo.

Era lo mismo. cumplía las mismas consignas: escogar a las más bellas para llevárselas a los líderes nacionales.

Era el sistema, pues.

Gracias a Chaberlo y luego a Ricardo Valencia y después a otro y otro político y líder, me fuí forjando en la dura brega del periodismo que me tocó conocer y aprender.

Llegaron nuevos tiempos. Hice nuvas conexiones. Nuevos amigos en la política. El nivel aumentó y un día ya estaba yo sentado en un restaurant desayunando con el gobernador de Sonora. Con SAMUEL OCAÑA GARCIA, auténtico en sus convicciones, un político social, nunca socialista.

A Ocaña le conocí el 5 de noviembre de 1978, durante el proceso democrática para elegir al nuevo dirigente municipal del PRI. A este laboratorio experimental, se le conoció como “Democracia Transparente”.

De nuevo, la confrontación de los grupos cetemistas. El grupo de RAMIRO VALDEZ, apoyaba a VALENTE PARRA MARES. El otro, con el que yo me la estaba jugando, al Doctor ENRIQUE DIAZ COSIO. El médico era respaldado por el alcalde y, naturalmente, ganó Díaz Cosío.

Pero no había confrontaciones a muerte. En realidad, eran viejos amigos y con el tiempo esa amistad continuó.

En los últimos años de Ramiro, fuimos buenos amigos. ADRIÁN MANJARREZ nos acercó. Fue algo grandioso descubrir a aquel misterioso personaje cuya personalidad siempre suscitó curiosidad.

Ya le he contado de los gobernadores que conoci. A RODOLFO FÉLIX VALDÉZ, a ARMANDO LÓPEZ NOGALES, a MANLIO FABIO BELTRONES, a EDUARDO BOURS CASTELO, a GUILLERMO PADRÉS ELÍAS, a CLAUDIA PAVLOVIC ARELLANO.

Y los que me presentó en México BULMARO PACHECO MORENO.

A SILVERIO CAVAZOS, de Colima. Buen tipo, que nos invitó a comer a Puerto Vallarta. A ARTURO ROMO, que había sido Gobernador de Zacatecas. Era cetemista, por cierto.

Al jalisciense GUILLERMO COSSIO VIDAURRI. El Tlaxcalteca, exmarido de SILVIA PINAL, TULIO HERNÁNDEZ, y al michoacano LUIS MARTINEZ VILLICAÑA.

Conocer a ENRIQUE PEÑA NIETO en lo corto, no fue para mí una gran oportunidad. No era el representado por él, el presidencialismo que yo había idealizado. Ya para los tiempos del mexiquense, la mayoría de los símbolos que había podido conocer, se habían derrumbado. Los Pinos no era sino un conjunto de salones más para fiestas y reuniones de empresarios y políticos, que un impresionante lugar donde se aposentaban los máximos poderes de la patria.

Ahora estoy asistiendo quizá a una de las últimas campañas electorales de mi vida. Muchas de las cosas que me ha tocado en suerte observar en este campaña políticoelectoral, no me han gustado.

Tampoco la mayoría de los candidatos. Incluso, ni siquiera aquellos de los que me dije con toda sinceridad amigo del alma. Lo digo con absoluta convicción: RICARDO BOURS CASTELO le ha dado decencia a esta experiencia política.

El suyo ha sido un discurso fuerte, que no le tiene miedo a las palabras. Ayer a media tarde, mientras venia para mi refugio de trabajo, vi un encabezado periodístico reprochándole a los legisladores sonorenses que le hayan dado la espalda a las víctimas, al avalar la reforma a la Fiscalía General de la República.

Yo percibo fría la política de estos tiempos. No veo autenticidad en algunos candidatos. Como sea, estamos en este punto del que difícilmente se puede regresar.

No hay reversa. Lo caminado, andado está.

No hay más.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

DÉJEME DECIRLO: A NADIE SE LE PUEDE ESCAPAR que entre ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR y ROSARIO ROBLES, existió una gran amistad…

Igual, que entre la precitada Rosario y el periodista JOSÉ CÁRDENAS, había una entrañable relación de amistad… Rosario colaboraba con Pepe en su programa de la tarde… ¿Qué paso entre ellos?.... AMLO odia a la extitular de Sedatu y lo mismo pasa con Pepe Cárdenas… ¿De dónde viene el odio?....

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com 

Fuente: Mario Rivas

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