OPINION

De gobernadores y presidentes

Bulmaro Pacheco, columnistaCréditos: TRIBUNA
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Conocí a Don Rodolfo Félix Valdés desde que se desempeñaba como subsecretario de Obras Públicas del gobierno federal, tanto en la SAHOP, como en la SCT. Cargos públicos donde permaneció durante 16 años y nunca cambió de estilo en su vida personal y caracterizado por la humildad y la austeridad que lo distinguieron durante toda su vida. Posteriormente, en el gobierno de Miguel de la Madrid ocuparía la titularidad de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes durante dos años, y tampoco alteró su vida y sus costumbres sencillas.

A los 63 años fue gobernador de Sonora durante el sexenio 1985-1991 y en su período se construyeron grandes obras detonantes del desarrollo del estado entre ellas la carretera de cuatro carriles Estación Don-Nogales.

Al terminar su cargo —y con auténtica necesidad de trabajar— se asoció con viejos amigos para montar una modesta constructora, y empezó a tocar puertas para conseguir trabajo.

Murió en 2012 al cumplir 90 años y nunca dio motivo a escándalos o sospechas de corrupción. Hasta el último día de su vida, vivió con la modestia y la sencillez que siempre lo caracterizaron. Como funcionario y gobernador construyó un importante tramo de la historia de Sonora.

Colaboré con el gobernador Eduardo Bours del 2003 al 2009, y quienes formamos parte de su equipo de gobierno lo conocimos como enemigo de las recomendaciones para hacer negocios vía el favoritismo y la asignación especial hacia proveedores de bienes y servicios.

Bours no dudó en despedir de inmediato a un funcionario que con su firma recomendaba a una empresa aseguradora de los bienes del gobierno estatal. Tampoco a otro que trató de hacer machicuepas con la obra pública y fue denunciado por los auditores. Así fue.

“No tengo favoritos ni surtidores consentidos. Busquen a quien les dé el mejor precio y por ahí se van”, recomendaba cuando le consultaban sobre las licitaciones. Así era Eduardo Bours.

Salió del gobierno en 2009 y sus poderosos enemigos —a los que siempre enfrentó con valor, claridad y energía—, trataron de involucrarlo en la tragedia de la guardería ABC. El tiempo y la Suprema Corte terminaron por decir lo contrario.

Bours vive en su rancho, ajeno a escándalos y señalamientos. Se presenta en público y es reconocido por tirios y troyanos como uno de los buenos gobernadores que ha tenido Sonora y que también construyó un importante tramo de la historia sonorense.

Armando López Nogales (1997-2003) ha sido un ex gobernador discreto y con pocas apariciones en público. Salió del gobierno estatal en 2003, a la misma casa de siempre en la colonia Valle Grande, a trabajar su rancho en Cananea y actualizar su texto sobre Derecho Agrario. Nunca se supo de malos manejos y escándalos en su gobierno y Sonora avanzó notablemente en Educación y Salud durante su sexenio.

Decía en una ocasión el extinto José Francisco Ruiz Massieu, ex gobernador de Guerrero, que se debía atender el fenómeno de los ex gobernadores estatales porque salían “muy ricos” del cargo y no había poder humano ni presidencial que lo evitara o controlara. Hacían y deshacían, decía, con los recursos estatales y federales, y por lo general se metían seguido en negocios y empresas que les aseguraban a ellos y sus familiares el no tener que preocuparse de su seguridad económica por el resto de sus días. Cuando mucho, los presidentes de la República al notar desviaciones graves en los gobiernos estatales los invitaban a renunciar o a pedir licencia o se les inventaban cargos de poca importancia en el gobierno federal. Hasta ahí.

Sostenía después Eliseo Mendoza Berrueto, exgobernador de Coahuila, que sí, en efecto, los gobernadores salían muy ricos del poder, pero que siempre había excepciones, y él era una excepción.

“Es muy difícil que un gobernador haga dinero con el presupuesto del Estado porque todo está auditado y vigilado por la federación”. Donde vienen los negocios, insistía, “es en la obra pública y las comisiones que se cobran o imponen en las compras y concesiones de los gobiernos”. Ahí sí, decía, “se pueden hacer negocios, aunque quizá no sea mucho lo que pudiera obtenerse”. Pero al final la opinión pública registra muy bien la forma en que un gobernador entra y cómo sale del poder, en propiedades, dinero y cuentas; de ese juicio no se libran.

Con el tiempo han cambiado las cosas y los gobernadores ya no son lo intocables que fueron en un gran tramo de la historia de México. Ahora se les juzga como a cualquiera, y de 1999 a la fecha han sido más de 20 gobernadores los que han enfrentado conflictos con la Ley. Unos encarcelados, otros con proceso en libertad y algunos prófugos.

Las alternancias en la Presidencia de la República y en los gobiernos estatales han cambiado las cosas. Algunos ex gobernadores han ido a parar a la cárcel denunciados por sus sucesores. Por eso — entre otros factores—, han sido buenas las alternancias de partido en los gobiernos. Ahí están Tabasco, Sonora, Michoacán, Morelos, Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas y Nayarit, entre otros, cuyos ex titulares del Poder Ejecutivo andan huyendo o cayeron a la cárcel.

En otros casos se ha revelado la alianza de algunos gobernadores con el hampa organizada o el narcotráfico, y las persecuciones y encarcelamientos no se han hecho esperar: Mario Villanueva, en Quintana Roo; Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, en Tamaulipas; y Jesús Reyna, de Michoacán, fueron encarcelados por ese motivo.

También han sido víctimas; dos gobernadores de Colima (Vásquez Montes y Cavazos) murieron en forma violenta. El candidato a gobernador de Tamaulipas Rodolfo Torre Cantú fue asesinado días antes de la elección. El juicio contra los ex gobernadores inició con el presidente Ernesto Zedillo con Quintana Roo, y de entonces a la fecha.

En el sexenio del presidente López Obrador se ha registrado un cambio en la correlación de fuerzas con los gobernadores estatales. Durante el primer año fueron ninguneados y a principio del gobierno hasta abucheados en cuanto acto público se presentaba el presidente; una estrategia de Morena para tratar de desacreditarlos y evidenciarles “quién mandaba en México” a partir del 2018. Nunca los recibió en grupo y menos en audiencia privada, salvo excepciones. Prefería verlos en las giras de trabajo. Posteriormente, un grupo de gobernadores provocó la ruptura de la Conago formando una llamada “alianza federalista”. Sus diferencias personales con el gobernador de Tamaulipas llegaron al extremo de intentar la desaparición de poderes, un mecanismo jurídico político que no se da en México desde 1975.

El gobierno federal le ha apostado a la conquista de más gubernaturas, y para el cierre del 2021 Morena pasará de cinco a 17 gobiernos estatales.

Con el cambio de estrategia y con miras a la sucesión presidencial, el presidente López Obrador ahora está invitando a gobernadores de otros partidos a servir en su gobierno, al que a partir del próximo 1 de octubre le quedarán tres años. Su intención es evidente. Trata de quebrar y desarticular la alianza PRI PAN PRD y debilitarla con miras a los próximos comicios en un México donde la sucesión presidencial ya se adelantó y donde los gobernadores…sin duda, jugarán un papel muy importante a la hora de los votos. Ya se verá.

bulmarop@gmail.com