Opinión

Ciudadano de cielo y tierra

Alfa y Omega

por Any Cardenas

Los católicos y todo cristiano en general, discípulos de Jesucristo, somos ciudadanos de este mundo y del pueblo de Dios que es la Iglesia. Por lo tanto tenemos doble tarea: Construir el pueblo de Dios y colaborar en la construcción de la sociedad en que vivimos según los planes de Dios. En ocasiones no es fácil hacerlo en ninguno de los dos casos. Pero imposible no lo es.

El servicio a nuestra patria es un deber aceptado por Cristo... Él mismo puso ejemplo y cumplía con las reglas establecidas en aquel tiempo; siempre y cuando no afectara el bienestar del prójimo.

Con tantas cosas adversas que suceden en este país o en otros tantos... pensamos que no necesitamos obedecer a las autoridades de este mundo, que a quien de verdad debemos hacer caso es a Dios y a su palabra, pero si de verdad conociéramos su palabra sabríamos que no estamos en lo cierto porque Dios nos dice a través de su palabra que sí hay que obedecerlos. San Pablo lo dice: "Siervos obedezcan a sus amos terrenales con temor, con sencillez de su corazón, como a Cristo".

Hay gente ‘superior’ a nosotros socialmente hablando, pero no ante los ojos de Dios. Decimos constantemente: "Yo no respeto ni obedezco a alguien que se crea más que yo". Pero Jesús nos dice: "Así que, todas las cosas que quieran que los hombres hagan con ustedes, así también hacerla con ellos".

Ciertamente no todos los buenos ciudadanos serán necesariamente cristianos, pero no se puede eludir que todos los buenos cristianos están llamados a ser buenos ciudadanos. Las leyes humanas también son instrumentos del Señor para cumplir su voluntad. Al respetar las leyes abrimos las puertas del cielo para que se cumpla el plan de Dios, así que debemos respetar y obedecer los mandatos del país donde vivimos. Jesús mismo fue ejemplo de santidad, pero también fue ejemplo de ciudadano responsable y respetuoso de la ley. Siendo hijo de Dios se sujetó a las leyes terrenales. Sus actos siempre respaldaron sus enseñanzas, por lo que debemos imitarlo respetando el compromiso que tenemos con la tierra donde nacimos.

Muchas veces los fariseos buscaban motivos para condenar a Jesús, pero Él siempre fue sabio y la verdad lo asistía porque nunca pretendió pasar de largo las leyes humanas. Por eso, al ser cuestionado sobre el pago de los impuestos, respondió que debíamos dar al gobierno, en ese tiempo al César, lo que le pertenecía y también debíamos darle a Dios lo que era suyo. Nos recordó que tenemos dos responsabilidades, la primera con Dios y la segunda con las leyes de nuestro país.

En otra ocasión, los cobradores de impuesto intentaron acorralar a Pedro para demostrar que Jesús no respetaba la ley, pero fracasaron porque Él le ordenó a Pedro que fuera a pescar y pagara los impuestos de ambos con el dinero que encontraría dentro de la boca del pez. De igual manera es en nuestra vida si respetamos las leyes y cumplimos con nuestros deberes ciudadanos. Dios está interesado en ver que sus hijos son responsables y cumplen con sus obligaciones civiles aún en escasez. Y nos daremos cuenta que milagrosamente nos proveerá... ¡no lo dudemos! Tenemos un deber con nuestro país y debemos cumplirlo, nos guste o no, porque de esa forma demostramos que somos hijos de Dios y lo obedecemos.

Jesús fue modelo de cómo debe comportarse un hijo de Dios en la tierra donde nació, a la que le debe fidelidad, respeto y compromiso. Si amamos a Dios, amamos al país donde quiso que naciéramos. Paguemos nuestros impuestos, trabajemos duro y honradamente, respetemos cada rincón de nuestra patria porque es un regalo del cielo. Recordemos que todos daremos cuentas de lo que hicimos o dejamos de hacer.

Nuestra conciencia debe estar tranquila si pagamos los impuestos. Y aunque pensemos que las personas de la administración pública podrían robarse el dinero que aportamos... cada quien asumirá la responsabilidad de sus actos delante de Dios y de la ley terrenal. Asegurémonos de no tener deudas ni en la tierra ni en el cielo.

No pueden ser buenos cristianos quienes no son buenos ciudadanos... incluyendo políticos. Y estos tienen aún más responsabilidad que nadie porque deben se ejemplos y cumplir a los ciudadanos. Y hacerles notar que ‘su autoridad’ no viene más de nadie sino de nuestro Dios del cielo y tierra. Sus lineamientos tienen que coincidir o tratar por lo menos de coincidir con los lineamientos divinos.

Seamos todos buenos ciudadanos. Cumplamos con nuestros deberes familiares, religiosos y de la sociedad.

El cristiano debe estar presente, según sus posibilidades dentro del pueblo o de la ciudad, pero teniendo en cuenta siempre que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Así que recordemos: ¡Mientras nadie nos mande hacer algo en contra Dios... hay que cumplir!

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