Opinión

Cuando veas las barbas de tu colega gobernador a rasurar, pon las tuyas a distancia

Columna de Hierro

por Sergio Ibarra

La linchada mediática que sufrió hace unos días el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, debe de ser una clara lección que ya tiene en la meditación a más de cuatro de sus colegas.

Otros tantos más, ya habrán puesto sus barbas en remojo.

Ocurre que, para los que apuntan, ahora que López Obrador estuvo de visita en el municipio de Tlapa, en el llamado corazón de la montaña para llevar múltiples beneficios a niños y jóvenes discapacitados de la región, quedó en claro el pésimo cartel del ejecutivo estatal.

Y así quedó de manifiesto este pasado viernes, cuando la plebe que estaba reunida en el evento se le echó encima al mandatario estatal y a punta de arengas y sombrerazos casi lo obligan a bajar del templete, en donde se disponía a darle la bienvenida al presidente de la República, mismo que tuvo que entrar al quite para rescatarlo de la turba y en un hecho sin precedente en la historia, no solo de Guerrero sino del país, mismo, el Ejecutivo Federal tuvo que hacerla de referee para pedir la aprobación del respetable a efecto de que el hombre continuara en el uso de la voz.

Y de no haber sido por el salomónico resultado que López Obrador se sacó de la manga y su clásico “¡empate!”, el gobernador hubiera terminado crucificado en medio de puyas y mentadas.

Lo que si no se vale es que, al buscar no al que se la hizo sino quién se la pague, Astudillo Flores la agarre en contra del delegado federal en esa entidad, Pablo Sandoval Ballesteros a quien acusó públicamente de ser promotor del odio, el rencor y generar la confrontación, cuando lo que se vio, fue una reacción muy natural de la plebe.

Bueno, ya lo dice el viejo y conocido refrán: cuando veas las barbas de tu colega rasurar, pon las tuyas a distancia…

FIERRITOS EN LA LUMBRE… Como cuando en cuestión de segundos te ves rodeado de gente que en tu vida pensabas ver nunca, menos, desde luego en esas condiciones de clamor y gritos de dolor ante el embate de las enfermedades.

Te das cuenta que, como dijo aquel, no somos nada, que somos simples marionetas de la vida y del destino cuando de pronto te ves ante un grupo de gente que hacen todo tipo de preguntas, llevando una bata blanca como vestimenta.

Recorres con la vista la sala y como en los círculos de Dante te das cuenta que estás en la habitación del dolor y del clamor.

Y como hace apenas unos minutos, todo era normal en tu quehacer, te resistes a ser parte de tan tétrico anfiteatro.

Pero en segundos llega la realidad.

Un pinchazo por aquí otro por allá, bata, nalgas al aire te dice que estás en la sala de urgencias para adultos del Seguro Social.

De ahí la ausencia de estos apuntes ayer sábado.

Según los doctores un posible choque hipoglucémico y alta presión, fueron los causantes del nocaut técnico que nos dio la vida este pasado viernes y del que ya nos estamos recuperando, aquí en casa.

Al personal del Seguro Social, a mis primeros asistentes al momento del azote, ahí en el Café Café a quienes les dejé mi cuenta ‘abierta’ al tener que prácticamente ser remolcado por dos de mis hijos para llevarme a mi cita con ese inesperado reencuentro con el dolor y que estuvieron siempre conmigo, muchas gracias.

A usted, señora de Aldama, gracias por la ‘fiada sorpresa’ y buena parte de su personal que estuvo en la reanimación del inesperado paciente.

Vivimos para contarla, a Dios Gracias.

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