Opinión

De amor y amistad

Alfa y Omega

por Any Cardenas

En este mes donde se celebra al amor y la amistad, si bien es cierto que se ha comercializado en parte, los cristianos en general, podemos aprovechar para reflexionar sobre lo que significan estos dos valores tan importantes en las relaciones humanas: el amor y la amistad.   

Amar es tener a Dios en el corazón y compartirlo con todos. Todo amor verdadero es compartir el amor de Dios según sus designios.

El amor de Dios para con nosotros no es el mismo que el amor de Dios hacia las cosas creadas. No es el mismo que puede tener un pintor hacia sus cuadros o un escultor hacia sus esculturas. El amor de Dios es infinitamente superior. Él está siempre buscando un amor personal, un amor de enamoramiento incomparable muy superior a lo que nosotros podríamos imaginarnos siquiera.

Por eso tenemos que dar amor en dosis abundantes. El amor se demuestra en la práctica y no solo diciendo: ¡Te quiero! Hay que darlo en extremo. Jesús mismo nos enseñó a amar hasta a nuestros enemigos.

Seamos buenos amigos, queramos a nuestros amigos por lo que son, no por lo que queramos que sean. Aprendamos a ver sus cualidades y limitaciones. Como nosotros, tienen cosas buenas y no tan buenas.

Es muy agradable saber que contamos con alguien que nos quiera y comprenda. Que nos acepta tal como somos y que nos ayude a crecer y superarnos. Que cuando ve que hacemos el mal, se arriesga a que nos molestemos y trata de corregirnos por nuestro bien... ¡como debe ser!

Los verdaderos amigos ‘se toman en serio’ el ser amigos, se dan en todo y por todo. Siguiendo las palabras de Cristo: "No hay amor más grande, que aquel que da la vida por sus amigos".

La amistad y el amor que tiene raíces en Dios da su amistad pensando siempre en el bien del otro. Así es la amistad que Dios nos ofrece. Pero como somos tan limitados no acabamos de creernos que Dios nos ama con locura.

Si alguien quiere imitar a Jesús, aunque no supiese que el amor es el mandamiento más importante, igual cumpliría: ¡Jesús es el perfecto modelo a seguir!

Pero entonces: ¿Quién es el que no ama?, la respuesta sería: "el que no conoce a Dios". Las escrituras nos lo dicen: "No todos los que dicen Señor, Señor, entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre Celestial".

En efecto, así es. Ya que hay personas ‘muy devotas’ que no faltan a misa, que cumplen y repiten cada oración durante la eucaristía, hay otros que se destacan por aportar grandes limosnas, ¿pero de que sirve esto a un hombre si después no es capaz de amar a otro sin importar su creencia, idea, situación social, económica, cultural o educacional?

Los fariseos de la Biblia eran de esos hombres muy devotos, muy observantes de la ley y cumplían sin faltar con los diezmos, ¿y que hicieron luego?, hicieron sufrir mucho a Jesús y finalmente lo llevaron a la muerte. ¿De qué nos serviría ser muy devotos? Nos serviría solo para aparentar. Así es como muchos de nosotros guardamos las apariencias, por el que dirán, que es lo que más nos importa en ocasiones.

San Pablo nos dice: "Si yo no tengo amor, yo nada soy". Y así es, comprendamos esto primero, porque de nada sirve leer los evangelios, de nada sirve asistir a la santa misa, de nada nos sirve santiguarnos, hacer oraciones, rosarios, peticiones, comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo, de nada nos sirve ser católicos, porque lo más grande de nuestra Iglesia es el amor... y Dios es amor... y el que no ama no está en Dios. Si no aplicamos esto, entonces aún tenemos mucho que aprender.

También es cierto que esto de amar al prójimo a veces no es algo fácil, pero para ser hijo de Dios, para seguir los pasos de Cristo, tenemos que mirar a los hombres con los ojos del Señor, es así como en el día del amor, día de la amistad, tratemos de hacerlo... Bueno, en realidad tenemos que hacerlo todos los días. Pidamos por cada uno de los hombres que menos sentimientos guardamos hacia ellos y, si nos falta alguna dosis de amor para hacer esto, pidamos a Jesús que nos la entregue.

Dediquemos el día del amor y todos los días a la sinceridad, dediquémoslo a no condenar a nadie, renunciemos a cualquier acto de venganza, perdonemos a quien según nosotros nos ha ofendido, escuchemos a quien necesite una palabra de aliento.

Es posible, que a lo mejor no tengamos fe, tal vez no creamos, tal vez no nos importe mucho, tal vez creamos pero no practiquemos, tal vez la religión ni la Iglesia no nos llamen la atención, tal vez no nos damos el tiempo para pensar en Dios... Pero si creemos en el amor, si hoy es el día, hagamos una práctica de eso. El Señor Dios del universo siempre está cerca ofreciéndonos su amistad, su amor y su perdón... porque es el amigo que nunca falla. ¿Habrá algo mejor?...

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