Opinión

El reto de hacer que los jóvenes perseveren después de vivir el retiro

Expresión Joven

por Cesar Leyva

Cada año decenas o cientos de jóvenes tienen la oportunidad de ser parte de los diferentes retiros que organizan grupos y movimientos, con el fin de crear un espacio para que los vivientes tengan un primer encuentro con Dios, o un nuevo encuentro que los ayude a fortalecer su fe y seguir sirviendo dentro de la Iglesia.

Años atrás se hablaba de tres movimientos principales que se dedicaban a la organización de retiros: Frenessi, Maranatha y Jornadas, los tres fundados por el muy recordado padre Rogelio López Román. De estos grupos han surgido muchos jóvenes que aseguran haber dado un giro total a sus vidas después de vivir el encuentro.

Lo mismo ha sucedido con otros nuevos movimientos que han nacido en los últimos cinco años, con nombres distintos pero con dinámicas similares. Realizan un retiro de un fin de semana y después se invita a los vivientes a ser parte de una escuela de formación dentro del movimiento, donde en ocasiones erróneamente pareciera que se les forma para que su máxima aspiración sea poder ser servidores en el siguiente retiro.

Sin cálculos precisos es una realidad que del total de los muchachos que asisten a los retiros, quizás solo la mitad se integran a las escuelitas y permanecen en el movimiento. Y de esa mitad que se queda, al cabo de medio año o un año solo continúan unos cuantos. Las razones pueden ser que no se sintieron a gusto, no era lo que esperaban, se les acabó la llama que se encendió en el retiro o tristeza por no haber sido integrados a ningún equipo para servir en el siguiente encuentro.

¿Y a dónde se van los demás?, ¿quién les da seguimiento?, ¿cómo hacer que regresen?, ¿qué dicen de la Iglesia cuando se van? Estas preguntas son en realidad retos a resolver que tienen los mismos grupos y movimientos de encuentro. Porque así como hay muchos que permanecen y después del retiro llevan una vida nueva y se convierten en verdaderos evangelizadores, hay muchos más que se van y no vuelven y en el peor de los casos se van enojados y con cierto rencor hacia el grupo que en algún momento llamaron familia.

Desconozco a detalle lo que se hace en los tres días de retiro. Pero por lo que he escuchado la dinámica se basa en que el primer día es convivencia, temas “light” de integración y juego. El segundo día es al que llaman “el día fuerte”, ya que vienen los temas que llevan al viviente a ver su realidad y reconocer en qué han fallado.

No es un secreto que para dar los ‘temas fuertes’, se utilizan estrategias no adecuadas como gritos y reclamos de parte de los expositores, pero que al final logran el objetivo que es hacer sentir mal al joven o que se reconozca a sí mismo como alguien que ha fallado y necesita ser perdonado.

Después de esos temas donde el joven ya lloró y ‘vio toda la maldad que tiene”’, se les presenta a Dios como el Padre de misericordia que todo lo perdona y que es capaz de borrar los errores del que ha fallado.

De ahí el hecho de que el último día el joven salga del retiro ‘diferente’ y ‘enamorado’ de Dios con el cual siente una necesidad de pagarle por haberlo perdonado y eso lo motiva a seguir sirviendo.

El problema viene cuando el joven que descubrió a Dios en medio de la crisis, pone en orden su vida y ya no tiene tantos problemas o fallas como antes. Entonces cree que ya no necesita al Dios que perdona, porque ya no hay nada porqué pedir perdón y eso lo lleva a sentir que ya le pagó y se retira del movimiento y hasta de la Iglesia.

El error posiblemente está en que no se imita a Jesús en la forma que Él utilizó para presentar a Dios al mundo. Sin gritos y sin hacer sentir culpable a nadie. Es cierto, le llevó más tiempo convencerlos, pero los convencidos se quedaron. Si la pregunta es ¿cómo hacer para que el joven se quede después de vivir el retiro?, la respuesta está en la Biblia.

Bendiciones

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