Opinión

Hagan los que él diga

Alfa y Omega

por Any Cardenas

Jesús no empezó su ministerio haciendo alguna gran obra delante del Sanedrín de Jerusalén. Su poder se manifestó en una reunión familiar, celebrada en una pequeña aldea de Galilea para aumentar el festejo de una fiesta de bodas. Así demostró su simpatía por los hombres y su deseo de contribuir a su felicidad. Dar su bendición que había de santificar las relaciones de la vida humana.

Jesús realiza un milagro a petición de su madre. Se presentó en compañía de los primeros discípulos. No resulta extraño que, con tantos asistentes, llegase a escasear el vino. María, atenta siempre a las necesidades de los demás, fue la primera en darse cuenta y se lo dijo a su Hijo: "no tienen vino". Después de una respuesta difícil de interpretar, Jesús atendió la petición de su madre y realizó el gran milagro de la conversión del agua en vino.

Lo ocurrido en las bodas de Caná pone en evidencia la disponibilidad al servicio a los demás de María. Resalta también la fe y la confianza que ella tenía en su hijo y que lo indujo a Él a obrar su primer milagro. Ella sabía que Él podía realizar el milagro, confió y el milagro se realizó. Por otro lado, es de destacar que el primer milagro realizado por el Hijo de Dios en la tierra fue gracias a la intervención de una mujer, es cierto que era su madre, es cierto que se trataba de una mujer llena de fe, es cierto también que debió ser una petición hecha con firmeza pero llena de humildad como correspondía a la que se había autodenominado "La esclava del Señor” y lo más importante es el poder de hacer que se obren milagros que ante Dios tienen la suplicas de una mujer como María.

Pero: ¿qué sentido puede tener que Jesús proporcione una gran cantidad de vino en una fiesta privada? Jesús dice a María, su madre, que todavía no le ha llegado su "hora"... pero aún así... el hijo obedece a su madre.

Jesús presente en una fiesta de bodas. Estará tan presente en cada actividad que desarrollen los hombres siempre. En toda actividad podemos tener presente a Jesús. Además el detalle de hacer un milagro generoso de convertir agua en el mejor vino... hace un milagro casi innecesario ¿qué cosa importante estaba de por medio? Simplemente se trata de una manifestación de su bondad y de su interés por todas las circunstancias de los hombres.

Junto con esto hay también que pensar que el milagro no se habría producido sin la colaboración de los sirvientes y su obediencia. Jesús transforma todo, todo lo llena de un sentido nuevo, pero a nosotros nos toca poner nuestra colaboración, sin la cual Jesús posiblemente no actuará, aunque pudiera, porque hay que estar disponibles en obedecer a su palabra.

En este primer milagro es notable la presencia de la Virgen María. Porque entre otras cosas, es el único milagro del evangelio en que consta que ella estuvo presente. Ella es ‘la primera en escena’ (por así decirlo) de este primer milagro... y hay que ver que lo que es primero nunca se olvida, queda para la historia... y María está presente en ella, de la misma forma que estará en la última escena, cuando también esté presente al pie de la cruz.

María tiene el papel de intercesora: ella no hace el milagro, pero es la ‘promotora’ del milagro. Ella, al pie de la cruz acompaña a Jesús en nuestra salvación y se compromete con cada uno, al aceptarnos como hijos: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Los apóstoles serán sus compañeros siempre, pero debía todavía instruirlos en la fe. Su fe la irá construyendo Jesús en ellos poco a poco, con su palabra, con su vida y con las manifestaciones de su poder. Así podrán ser ellos de alguna manera la presencia continuada de Jesús en la vida de la Iglesia.

Nos preguntamos todavía, pues, ¿qué significa el cambio del agua en vino?, ¿qué aspecto de la gloria de Jesús se nos muestra simbólicamente en este signo?

“No tienen vino” le dice María. No le pide a su hijo Jesús que les haga un milagro a los novios, ni es una frase propiamente de intercesión, como habitualmente la entendemos. No, la reina de los ángeles, la Inmaculada Concepción, el Arca de la Nueva Alianza, la Reina de los Cielos y la Tierra, es una mujer... y se limita a señalar un hecho: “No tienen vino”.

Jesús, como buen hijo y Dios omnisciente, sabe perfectamente de qué está hablando su madre y le contesta como es conocido. Las enseñanzas acerca de su reacción a las palabras de su madre y del episodio en general, es algo que podemos escuchar en todas las iglesias del mundo, pero lo que interesa destacar aquí, es que este tipo de detalles no se pueden falsificar. El comportamiento de los personajes que aparecen en los evangelios es verdadero y auténtico. Quien quiera negar valor histórico a los evangelios y proponga que no son más que cuentos de un individuo o una comunidad deberá aportar una explicación coherente a este y otro tipo de episodios.

Jesús se relaciona con nosotros desde dentro y desde el corazón de nuestra vida. Sabemos que a Dios se le encuentra en el corazón de nuestra vida, particularmente en las vidas de quienes se desviven por los demás.

Aquí fácilmente algún radical u obcecado se preguntaría: ¿El primer milagro en una boda?- “¿pero de qué clase de amor se trata?... ¿de una boda, una de esas fiestas en las que se come, se canta, se bebe y se baila? “¡Jesús en una boda, menudo escándalo! ¿Qué hace allí donde se come, se canta, se bebe y se baila? ¿Qué hace aquí este hombre que se dice que es Dios en medio de una situación tan profana? ¿Acaso no le basta con rezar, predicar y hacer peregrinaciones?”. ¡Parece ser que no! Además, cuando de amor se trata nada es profano y todo es sagrado... porque Dios es amor y comparte esa alegría. Porque en una boda como Dios manda, hay dos personas que entregan sus vidas mutua e incondicionalmente, tal y como Dios se entrega a la humanidad en la persona de Jesús, tal y como Jesús se entregó por todos.

Pues bien, la misión de Jesús va a consistir en eso: advertirnos de que es inútil que intentemos encerrar a Dios en los templos. Por supuesto que Dios se encuentra allí, pero es inútil intentar encerrarlo en ellos. Siempre lo encontraremos en los corazones amorosos de las personas y en la vida misma… y en pocas situaciones la hay en tanta cantidad y con tanta calidad como en aquella en que dos personas se aman hasta el punto de querer comprometerse mutuamente y para siempre.

Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza: libres, inteligentes, creativos, capaces de amar. Cuando efectivamente así somos, nos asemejamos a Él, significamos mucho. Cuando Jesús, su madre y sus discípulos se suman a la celebración del amor de aquella pareja de Caná de Galilea no están sino celebrando al mismísimo Dios. Cuando de amor se trata, nada es profano, todo es sagrado.

¡Sí!, hay que ver que el Señor viene a unas bodas. Cristo es un invitado o mejor dicho: es el ‘invitado’, pues sin Él no hay boda verdadera.

La presencia de Jesús y María en unas bodas, santificándolas con su presencia son la prueba palpable de la santidad de la institución matrimonial. Esta actitud del Señor, es como preparación de elevación del matrimonio al orden sacramental.

La vida es corta y en ocasiones como que la desperdiciamos. Descuidamos nuestros papeles y desperdiciamos nuestros minutos como gotas de agua en una llave sin reparar y luego esperamos milagros. Antes de Jesús hacer el milagro en las bodas de Caná y convertir el agua en vino, pidió a los siervos que buscaran vasijas, las llenaran hasta arriba. En otras palabras el milagro no se podía efectuar si los siervos no preparaban las vasijas para el milagro. Muchas veces queremos que Dios haga el milagro, pero nosotros no hemos preparado las vasijas.

Nuestra fe no está hecha de milagros, aunque no podemos desconocerlos, pues la vida misma es un milagro bello de Dios; nuestra fe no se acrecienta por hechos sobrenaturales y portentosos, nuestra fe como la de la Virgen María, a de contar con la presencia de Jesucristo en situaciones de alegría: las bodas de Caná y en situaciones de tristeza: la muerte del Señor en la cruz.

"Llenen de agua las tinajas"... nos dice el Señor. No dejemos que la rutina, la impaciencia, la pereza, dejen a medio realizar nuestros deberes diarios. Lo nuestro es poca cosa; pero el Señor quiere disponer de ello. Pudo Jesús realizar igualmente el milagro con las tinajas vacías, pero quiere que los hombres cooperaran con su esfuerzo y con los medios a su alcance. Luego Él hizo el prodigio, por petición de su madre.

¡Qué alegría la de aquellos servidores obedientes y eficaces cuando vieron el agua transformada en vino! Son testigos del milagro, como los discípulos del Maestro, cuya fe en Jesús quedó confirmada.

¿Comprendió María el sentido de las palabras de Jesús? Naturalmente. Tal vez, por ello, respondió con unas palabras que van también más allá de una simple orden a los criados: “Hagan lo que Él les diga”... y tienen todo el valor de un testamento. María pide a los hombres que obedezcan a su hijo. Si María adelantó esa hora no fue porque estuviera en contradicción con Jesús, sino por amor a una pobre pareja de muchachos... y supo, mejor que nadie y antes que nadie, del poder divino de su hijo Jesús, también hijo del Padre Todopoderoso.

"Hagan lo que Él les diga", ni más ni menos que seamos seguidores de su hijo Jesús. ¿Nos parece poco lo que nos ha dicho la Virgen María?

En la Iglesia, María sigue siendo y haciendo lo mismo: Interceder a compasión por las peticiones humanas. ¡Pongámonos de fiesta, que estamos todos invitados a las bodas del cordero!

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