Opinión

Las “mañaneras” y los grandes riesgos para la democracia y libertad de expresión

Rumbos

por Mario Rivas

DOS QUE TRES LECTORES de esta columna me enviaron sendos correos a mi computadora. Cada uno, con su particular estilo, me pide lo mismo: que cumpla mi promesa de escribir sobre la periodista ISABEL ARVIDE en relación a lo que ella narró ante el presidente LÓPEZ OBRADOR y ante millones de mexicanos, citando un suceso ocurrido en el Gobierno de MIGUEL DE LA MADRID cuando militares del Estado Mayor Presidencial, la “secuestraron” durante varias horas para obligarla a revelar la fuente de una información sobre un asunto en el seno de la familia presidencial.

Con su relato, la señora Arvide intentó “quedar bien” con AMLO. Al menos es lo que pensamos algunos.

Y no porque uno piense que el EMP —ya ha desaparecido como tal— no fuese capaz de cometer tales abusos de poder.

De eso y más eran capaces.

Lo que sucede es que Isabel no es una periodista convencional. De hecho, ella nunca fue reportera de campo, de las que sudaban la gota gorda para cazar la noticia.

Ella fue una periodista de alcoba. Con gustos muy pronunciados por el glamour del poder.

No hablo por hablar.

Ella revela en sus libros gran parte de su borrascosa historia en el periodismo. Sus romances con generales, con coroneles. Con presidentes.

Recuérdese que dos de sus más recientes libros llevan estos títulos más que sugerentes: “Mis generales” y “Mis presidentes”.

No deja nada a la imaginación. Menciona nombres y apellidos.

La historia del “secuestro” por elementos del EMP asumo que es verídica. No sé en qué medida. Pero estoy seguro que sucedió.

Hasta aquí, es correcto lo que dijo ella ante el presidente.

Lo que no dijo es que, según sus propias revelaciones en uno de sus libros, la información que le reclamaba el EMP, tenía que ver con el hecho de que era “pareja” de un coronel que formaba parte del EMP.

Él le habría comentado en la soledad de la alcoba, que había sido testigo de una discusión en la familia De la Madrid-Cordero. Una de las hijas se iba a casar y quería que la boda fuera en el Casino Militar del Campo Marte. La muchacha la quería muy elegante y con invitados de las “mejores” familias de la Ciudad de México.

Don Miguel, el presidente, se opuso rotundamente. Eso no lo permitiría, pues apenas se estaba desvaneciendo el escándalo por los excesos en el Gobierno de su antecesor, JOSÉ LÓPEZ PORTILLO.

Finalmente no se llevó a cabo la boda en Campo Marte.

La indiscreción no significaba gran cosa. De hecho, hasta le favorecía al presidente De la Madrid.

Pero en los altos mandos del EMP, la infidencia del coronel, “novio” de la periodista, era intolerable.

Isabel Arvide narra en su libro que su pareja fue castigado y ella fue retenida por horas por el EMP.

No pasó a mayores.

Confieso que a mí me sorprendió que en la conferencia mañanera sacara a relucir todo esto. Porque bien vistas las cosas, no fue algo que, en estricto rigor periodístico, tuviera qué ver con la libertad de expresión.

En todo caso, fue un abuso de confianza de la periodista.

Es obvio que de haber sido en estos tiempos, simplemente nunca hubiese ocurrido. Pero eran los tiempos del presidencialismo intolerante.

Tampoco la periodista hubiese llegado a los niveles del poder a los que tuvo acceso.

Tiempos traen tiempos.

A fin de cuentas, ella, como muchos otros, es un producto del viejo sistema político.

Tengo, para mí, que Isabel Arvide y otros comunicadores que alcanzaron grandes alturas políticas y económicas y de influencias en el régimen presidencialista, fueron seducidos por un sistema en el —como en alguna ocasión le dijo MANUEL BARTLETT a ANA GUEVARA, según me lo confió a mí— que cabían todos.

En este contexto nadie tiene derecho a juzgar a quienes vienen de otra época que las nuevas generaciones no conocieron.

¿Exceso de cinismo?

Puede ser que sí.

Pero el cinismo es indispensable en quienes ambicionan acumular riqueza y poder y moverse en el mundo de los poderosos con todo lo que esto conlleva.

Arvide, en su más reciente libro —Mis Presidentes— relata su relación sentimental con LUIS ECHEVERRÍA, unos días después de que este terminó su periodo.

Narra intimidades con el expresidente, y revela detalles que no había publicado nunca.

Por ejemplo, que LEA le mandó un boleto y 50 mil pesos —de aquellos— para viajar a París.

Allá continuaron el romance. Y allá descubrió —confiesa— la bisexualidad del exmandatario.

Por eso, digo: “Las mañaneras”, lamentablemente, se prestan para el exhibicionismo de muchas figuras que no ayudan a la verdadera libertad de expresión.

Ayer mismo un comunicador de Imagen Televisión, hizo referencia a las presencias intempestivas que a veces se presentan en las “mañaneras”.

Hasta uno que otro que afirma que los espías rusos quieren matarlo y los pobres ayudantes tienen que ser muy imaginativos para controlar a un orate.

Son los imponderables del populismo. Ni hablar.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

DÉJEME DECIRLO: HACE MUCHOS AÑOS en la revista —ya extinta— Life, vi una fotografía en blanco y negro en la que dos personas casi míticas de la época, platicaban displicentemente en la oficina de uno de ellos…

Se trataba de GEORGE ONASSIS, el millonario griego, que se casaría con la viuda del presidente Kennedy, y el entonces considerado el hombre más rico del mundo, PAUL GETTY…

¿Qué tenía de particular la foto?...

Bueno, que Onassis estaba sentado en el piso, con las pierdas entrecruzadas, y Getty sentado en un escritorio, muy relajado…

Nunca olvidé esa gráfica porque por primera vez atisbé a la intimidad de la gente verdaderamente rica que me llevaría a la convicción de que, entre más rico, un individuo viste con más humildad…

¿A qué viene todo esto?...

A que ayer el diario Milenio, publicó en primera plana una foto captada en un estadio de beisbol de Monterrey, en la que, abrazados y sonrientes, posan, de izquierda a derecha, FRANCISCO GONZÁLEZ, de Maseca y Grupo Milenio; CARLOS SLIM HELÚ, de Grupo Carso; ALFONSO ROMO, empresario regiomontano y jefe de la Oficina de la Presidencia, y CARLOS BREMER…

Todos vestidos de casual…

Como para preguntarse: ¿dónde están los aristócratas en México?... ¿Existen todavía?... ¿Y los fifís de López Obrador, dónde?...

Y HABLANDO DE OTRAS COSAS, una de mis fuentes —la más prolífica— me envió un texto en el que citan la antigüedad de la tortilla de harina… Según fragmentos de historiadores de hace varios siglos, el origen de la tortilla de harina se remonta a casi 5 siglos y fue una idea de los españoles, que a falta de ingredientes para elaborar pan, utilizaron trigo quebrado, agua y sal y así nació la tortilla de harina… En Sonora la tortilla de harina tuvo su mejor expresión en la Tribu Yaqui…

Y POR ÚLTIMO, ME CUENTAN que el alcalde de Magdalena de Kino FRANCISCO ‘El Chato’ ZEPEDA, tiene excelentes números de popularidad y eficiencia como presidente municipal… Ni hablar: las cosas como son…

Es todo.

Le abrazo.

mrivasrumbos@outlook.com

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