Opinión

Los Foros por la Paz y Los Motivos del Lobo

Columna De Hierro

por Sergio Ibarra

Cuando leo en los periódicos que mañana lunes andarán por Ciudad Juárez el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador y dos de sus más cercanos colaboradores que en meses después asumirán los cargos de secretario de Gobernación y titular de la próxima Secretaría de Seguridad Pública, Olga Sánchez Cordero y el sonorense Alfonso Durazo, respectivamente.

Allá los habrá de recibir y atender el gobernador panista Javier Corral, el mismo que desde un principio le declaró la guerra y le dio la espalda al candidato presidencial de su partido, Ricardo Anaya el que, con o sin el apoyo de la mayoría de los gobernadores panistas del país, hubiera perdido, dado el descomunal y aplastante triunfo del tabasqueño que dobló en votos a Anaya y ni qué decir de su ahora compa del alma, José Antonio Meade quien trae todo el sello de próximo vicegobernador del Banco de México, cuyas reservas en dólares no sufrieron la cacareada y anunciada caída que anticiparon los infaltables agoreros del desastre.

Bueno, el caso es que, el hecho de esta primera reunión de las muchas que se habrán de realizar en el país tendiente a iniciar y establecer los diálogos por la paz –y la fe perdida, agregaría yo– me viene a la mente la magistral fábula que nos trae en su mundialmente conocida poesía, Los Motivos del Lobo, el nicaragüense Rubén Darío.

Ni más ni menos una copia al carbón de nuestros días.

Es decir, es el mismo ejemplo, la misma escena de todos los tiempos que lo mismo se da en Nicaragua que en México y la mayoría de los pueblos de América, cuyas comunidades compuestas por hombres y mujeres sin voz, sin oportunidades, viven atrapados en la dura vorágine del capitalismo y el empresariado voraz del que hablaba en sus discursos de campaña el candidato triunfador de Morena.

Y no me gustaría ser aguafiestas para decir que, así como se manejó que vendría y finalmente no vino ni vendrá el Papa, ni aun con la presencia de tres o cuatro pontífices se resolverá el problema de la inseguridad en México.

No se trata de creencias.

No es cosa de que los dueños del capital pasen revista ahora domingo en las espaciosas naves de El Vaticano o en la más humilde de las capillas de la serranía para que se enmiende esa milenaria deuda que sigue vigente con los de Abajo de Mariano Azuela y Los Miserables de Víctor Hugo, llamada también brecha histórica que se alarga al paso del tiempo y no es más que el perfecto caldo de cultivo que nos lleva a situaciones como las que se viven en México y allende al sur de la frontera.

Lo anterior obliga también traer a cuento la frase del filósofo del Mayo, Alejandro Román Rivera, mejor conocido como Luciano que aseguraba que a él le gustaba mejor ser perro flaco en las montañas que lobo gordo atado en las casas y domesticado.

Incluso sobre este particular, Luciano, con quien compartí algunos momentos y realicé algunas entrevistas, solía decir que, “la problemática social, no la tiene el hombre sino la naturaleza y, la historia ya está escrita, nomás hay que saberla leer”.

Al respecto de algunos de sus libros (afortunadamente cuento con una versión de los 50 pensamientos de Luciano cuyo prólogo fue escrito por Andrés, Henestrosa, dijo que estos libros, “son producto de huevos y leche, porque de ello provengo y de ellos me alimento”.

Volviendo con López Obrador y los llamados Foros por la Paz curiosamente, la comisión que llega mañana a la tierra famosa por la desaparición forzada de trabajadoras de la maquila, estará encontrando un dantesco escenario en donde apenas en unas cuantas horas han asesinado a 26 personas.

Finalmente, evoco al magistral talento de otro desaparecido, el maestro Freyre, el de la ranita, caricaturista de cabecera de la Revista Siempre y su fundador el señor Pagés Rebollar, el que, estoy seguro trazaría la misión casi imposible del nuevo Gobierno que está por iniciar y al que no queda más que desearle el mayor de los éxitos en su encomienda, con López Obrador vestido con el santo sayal de San Francisco de Asís, en su intento de convencer al torpe y malvado lobo para que deje de sembrar la muerte y el terror entre las criaturas de nuestro Señor.

Y aquí un párrafo de este bello y aleccionador poema que, pese a su antigüedad, está más vigente que nunca:

El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo, rabioso, ha asolado los alrededores; cruel ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros fueron destrozados. Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros, como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano lobo! El animal contempló al varón de tosco sayal; dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas, y dijo: ¡Está bien, hermano Francisco! ¡Cómo!, ¿exclamó el santo? ¿Es ley que tú vivas de horror y de muerte?

¿La sangre que vierte tu hocico diabólico, el duelo y espanto que esparces, el llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor, no han de contener tu encono infernal? ¿Vienes del infierno? ¿Te ha infundido acaso su rencor eterno Luzbel o Belial?

Y así cualquier parecido o semejanza.

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