Opinión

Perdona nuestras ofensas...

Alfa y Omega 

por Any Cardenas

"... Si tu hermano peca, repréndelo; pero si cambia de actitud, perdónalo. Aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: No lo volveré a hacer, debes perdonarlo." (Lc 17, 3-4)

Dios es justo, pero el hombre no. El ser humano, sea creyente o no, tiende a buscar su propia satisfacción. Tal vez al ser cristianos sepamos de corazón y de entendimiento que debemos darle prioridad a Dios y a sus mandatos, pero aun así buscamos nuestra satisfacción primero a pesar nuestro. Algunas veces hacemos las cosas correctas y otras nos equivocamos; eso es común, es ir creciendo. Sin embargo, estar en crecimiento no nos excluye de guardar la palabra de Dios.

Cuando los apóstoles piden a Jesús que les enseñe a rezar, el Maestro les enseña el Padre Nuestro. Es así que la primera palabra con que el Hijo de Dios quiere que recemos es la palabra ‘Padre’, que acudamos a Dios sabiéndonos hijos de un verdadero padre que nos perdona siempre de hacer el mal y en eso consiste la misericordia. Por eso es que no podemos decir como a veces se escucha: "esto no tiene perdón de Dios", porque el Padre celestial perdona siempre al que se arrepiente del mal que ha hecho.

La bondad de este Padre del cielo es tan grande que nos manda a su Hijo haciendo que nazca de la gloriosa y bienaventurada Virgen María y una de sus misiones siempre fue el perdonarnos aunque muchos creían que no era digno de perdonar y menos de transferir ese don y poder a sus sucesores.

La vida cotidiana nos orilla a tener roces con los que nos rodean; no somos perfectos, fallamos y algunas veces llegamos a tener conflictos entre nosotros, tanto con nuestros hermanos en Cristo como con los hombres en general. Esto nos hace enemistarnos y enojarnos unos con otros, distanciándonos.

La escritura nos ordena perdonarnos unos a otros nuestras ofensas, y como promesa nos dice que de la misma forma el Padre nos perdonará a nosotros. También, nos señala que si no perdonamos nuestro Padre no nos perdonará.

Pero, ¿qué tanto necesitamos nosotros del perdón de Dios? Infinitamente, todos y cada uno de nosotros, que somos carne mientras vivamos en esta vida, necesitamos de una cobertura de perdón continua. Fallamos muchas veces, aunque siempre tratamos de no caer en pecado otra vez.

"Dar gratis lo que de gratis recibiste...". Si Dios te perdona a ti y a mí todas las fallas por amor a Cristo, ¿cómo podemos no perdonar a nuestros iguales que fallan con y contra nosotros? Querer ser perdonado, pero no tener la misericordia para perdonar a la vez, es tratar de medir con diferente vara, es pesar en balanza falsa a nuestro favor.

Perdonar a otro sus ofensas no es garantía para ser perdonados. Para que Dios nos dé su perdón es necesario el arrepentimiento genuino. Pero si decimos que estamos arrepentidos de nuestras acciones y no podemos perdonar a otro lo que nos hizo, entonces no estamos dando un verdadero fruto y nuestro Padre guardará su perdón hasta que estemos listos para recibirlo a través del sacerdote en el sacramento de la confesión.

No perdonar a alguien sus ofensas es ver la paja en su ojo, calculando en nuestro entendimiento si es digno de ser perdonado y no ver la viga en el nuestro cuando nos acercamos al Señor para suplicar su perdón. No perdonar a alguien que nos ofende es como decirle: "tú no mereces mi perdón, pero yo sí merezco ser perdonado por Dios por mis errores".

Nuestro deseo es el vivir muy cerca de Dios y eso más que un deseo es un sentimiento, es poder vivir participando de la misma naturaleza divina, por la gracia. Esa gracia que nos hace hijos de Dios el día del bautismo; gracia que conservamos hasta que la perdemos por el pecado y que podemos recuperarla arrepintiéndonos verdaderamente y confesando nuestras culpas.

Esa es la voluntad de Dios Padre: que vivamos en gracia y que cuando la perdamos por debilidad o por maldad, porque a veces nos enojamos y hacemos el mal con intención de perjudicar, vayamos arrepentidos a pedir perdón.

Pero lo más importante es aceptar que todos somos pecadores y que todos necesitamos del perdón. Nadie puede decir "yo no tengo pecado, yo no tengo necesidad del perdón de Dios, del perdón de mis hermanos". Todos necesitamos, tanto más, tanto menos de la misericordia del Señor.

La oración cristiana llega hasta el ‘perdón de los enemigos’. El perdón es la cumbre de la oración cristiana; el don de la oración solo puede ser recibido en un corazón lleno de compasión divina. El perdón además confirma que el amor en nuestro mundo es más fuerte que el pecado. 

Se nos advierte: "Si quieres encontrar a Dios, vete a buscar al hermano". Si quieres establecer comunicación con el de arriba, empieza por arreglar la línea telefónica que se te ha’"cortado’ aquí abajo, con tu vecino. Y es que nuestro Padre Dios, lo primero que nos pregunta cuando nos comunicamos con Él es: "¿Dónde está tu hermano?".

Es decir, no podemos pedirle a Dios que nos perdone nuestras ofensas si pre-viamente no hemos perdonado nosotros a nuestros ofensores, lo cual implica que soportemos las injusticias y que renunciemos a toda venganza.

Si Dios nos perdona nuestras faltas, ¿quiénes somos nosotros para no querer perdonar a nuestros semejantes cuando nos han ofendido?

En el Nuevo Testamento encontramos el mejor ejemplo de perdón en las palabras del Cristo crucificado, que dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

..esto, debería ser suficiente.

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