Opinión

Tan infinito como el universo

Alfa y Omega 

por Any Cárdenas

Una vez que conocemos el amor de Dios, ya no entendemos como algunas personas no quieren entenderlo ni acercarse al Señor del Universo.
Ciertamente, Dios nos ama, y nos ama mucho, muchísimo más de lo que podemos imaginarnos, pues nos ama infinitamente. Pero sucede que a veces creemos que Dios no nos ama, porque no nos ama como nosotros creemos que nos debe amar.

El "problema" es que los planes de Dios son a largo plazo, a muy largo plazo, a plazo de eternidad. Y nosotros queremos reducir a Dios a nuestro plazo que es muy corto. Queremos reducirlo a esta vida terrena, que es muy corta, si la comparamos con la vida en la eternidad.

San Juan dice que todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. ¿Quién se lo imaginaría? Todos pensábamos que amar a alguien era sentir "bonito", o simplemente un mandamiento (como si pudiéramos controlar lo que sentimos). Pero resulta que todo el amor en el mundo viene de Dios. No podemos amar a alguien y no mostrar el amor de Dios por él. Pero me refiero al amor puro, no los sentimientos y deseos egoístas como: "si me amas demuéstramelo". ¡No!, el verdadero amor es puro. No hace falta pruebas, sino solo demostrarlo. Dios nos da su amor completamente gratis. Algunos aman por interés pero Dios ama para dar.

Jesús nos enseña que debemos amarnos unos a otros, aun atravesando fronteras culturales y sociales. Cuando el experto en la ley le preguntó a Jesús, "¿Quién es mi prójimo?", quizás esperaba que Jesús le respondiera "tu amigo judío". Pero la respuesta de Jesús fue diferente. ¡Todos son nuestro prójimo, sin excepción!

Dios nos ama tanto que nunca nos abandona, mucho menos en el sufrimiento. A veces creemos que no nos ama porque somos pecadores. Si Dios no nos amara, Jesús no habría muerto por nosotros. Jesús no vino por los justos y buenos. El vino por los pecadores. También pensamos que como somos poca cosa comparada con el Creador, nos preguntamos cómo Él puede amarnos.
Dios nos ama de verdad, aunque seamos pedazos de chatarra. Nos creó a su imagen y semejanza. Creó el universo entero, pero aun así; le importamos más nosotros.

Pensamos erróneamente que como hemos hecho cosas muy malas. ¿Cómo podría amarnos Dios después de eso? Bueno, se han sabido de testimonios de mujeres que abortaron, de personas que asesinaron, que tenían malos hábitos o incluso se volvieron satánicos, pero que al final se arrepintieron y regresaron a Jesús.

Siempre habrá oportunidad para arrepentirse. (Si el tiempo lo permite). Lo que arrastra a alguien a la condenación es la maldad. Y aunque seamos malos por naturaleza, Jesús murió para que pudiéramos ser buenos. ¡Y podemos serlo!.

Quizá no comprenderemos nunca por qué nos quiere tanto. Aunque a veces quisiéramos que terminara con los criminales, que llenase el infierno con quienes lastiman a seres inocentes, que lanzara un rayo para impedir que los ladrones roben a gente humilde o para que los corruptos no triunfen en los negocios a base de trampas y de fraudes. Su silencio nos deja sorprendidos. Tal vez comprenderemos que es el mismo silencio con el que nos mira a nosotros, a nosotros
que condenamos fácilmente a otros cuando muchas veces hemos hecho cosas malas, tal vez peores de las que acusamos a los demás.

Así es Dios, enamorado siempre del hombre. De todos: de mí, de ti, de todos con defectos, con pecados. De aquellos que nos han hecho daño, que han traicionado, que no eran tan amigos como se imaginaba. Cuando entendamos un poco ese misterio seremos capaces de ser "buenos" con los "malos", como nos enseñó Jesucristo.

No somos perfectos, los otros tampoco. Dios nos pide que no pequemos más. Nos ama; no porque lo merezcamos, sino porque nos quiere de un modo misterioso y grande.
Nada de lo que hagamos hará que Dios nos ame menos, (o más) de lo que ya nos ama, porque ya nos ama con todo su amor, y eso no cambia. Lo único que nos falta hacer es aceptarlo.

Jesús sabe lo que es ser herido y abandonado por sus mejores amigos. Es cierto que hay muchos hipócritas, quizás hasta nosotros lo seamos. Pero Jesús nos sigue amando. Y esto significa que nos dará otra oportunidad...y otra...y otra...y otra más.

Dios perdona. No es como los hombres que "perdonan pero no olvidan". Dios perdona y olvida. Siempre perdona, aunque sabe que podríamos caer de nuevo. Aun cuando todos los otros amores fallen, el amor de Dios nunca falla, nunca cambiará. Su amor es infinito y universal.

Dios nunca ha creado a un hombre que no lo haya amado primero. Ese amor abarca a todo ser humano. Todos somos iguales a los ojos de Dios y Dios ama lo mismo al satánico que al mismo Papa (el problema es que el satánico no se deja amar).
¿Haremos esperar a Dios hasta que sea demasiado tarde? o mejor sólo digamos... "Está bien Dios, aquí estoy, ¡ayúdame! ¡No te merezco, pero te necesito!...

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