Opinión

Un mandamiento antiguo y nuevo

Alfa y Omega 

por Any Cárdenas

Jesús nos dice que quiere que nos amemos de la misma manera que Él nos ama. ¿Cómo nos ama? Asegura que tenemos lo que necesitamos. Comparte con nosotros, cuida de nosotros. Nos dice que nos amemos. Cuando nos amamos la gente que nos rodea se da cuenta que amamos a Dios. Cuando saben que amamos a Dios, también van a querer conocerlo.

Jesús compartió con sus discípulos un “mandamiento nuevo”. Ya conocían los Diez Mandamientos. Pero Jesús sabía que si podían practicar este mandamiento, mostraría al mundo que verdaderamente lo seguían. ¿Qué les dijo Jesús? Les dijo: "Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado".

Es decir: "Ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos”. ¿Qué pensaba Jesús que era tan importante?

¿Qué quería que recordaran los discípulos? ¡Qué se amaran los unos a los otros! ¡Jesús pensaba que esto era importante!

Él estaba hablando con sus discípulos esa noche hace dos mil años y fue a esos mismos seguidores que les dio este mandamiento nuevo.

Y eso mismo que les dijo a los discípulos es lo que quiere de nosotros.

¿Si debemos amarnos, como lo hacemos? ¿Es diferente para cada persona? Jesús nos dice cómo. ¡Nos dice que debemos amarnos el uno al otro así como Él nos amó! ¿Por qué debemos amarnos el uno al otro? ¡Por qué Jesús nos mandó a hacerlo! Él nos explica la razón de por qué esto es importante: ¡Somos de Él!

¿Por qué Jesús llama "nuevo" el mandamiento de amarnos los unos a los otros?

Solo una vez Jesús calificó de "nuevo" un mandamiento. Jesús dice a sus discípulos: "Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros; como yo los amo". ¿En qué es nuevo ese mandamiento? ¿Acaso no se pide ya en el mandamiento antiguo: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"?

Lo que pasa es que Jesús da una nueva medida al amor. Dice "como yo los amo" en el momento mismo en el que, por amor, entrega todo.

Si no nos parece suficiente amar a otro como a nosotros mismos, entonces amemos como Jesús nos amó a nosotros, en honor a Él, a la vida que dio por nosotros. Decía alguien que el que no se ama a sí mismo no es capaz de amar a otro. Tal vez ese sea el caso de muchos que no logran perdonar y cumplir este mandamiento, entonces hagamos caso al nuevo mandamiento de Jesús: amarse los unos a los otros como Él lo hace, perdonemos como Jesús nos perdonó, tengamos misericordia como Jesús la tiene con nosotros, sacrifiquémonos como Él lo hizo por nosotros.

Lo que quiere decir Jesús es que si todos en el mundo actuáramos por amor no se necesitarían leyes humanas, ni policías, ni jueces, ni abogados, ni cárceles. Lo primero que debemos hacer por amor son nuestras obligaciones, quien no cumple sus obligaciones bien no puede decir que ama al prójimo o a Dios; y debemos hacerlo con buen ánimo para dar alegría al prójimo, no con cólera ni enojo ni de compromiso, como quien no lo hace por amor.

Esta es la más grande ley cristiana (si es que el amor puede ser una ley). Todos los demás mandamientos no tienen por sí mismos la validez si no se concretan en este mandamiento nuevo. Al cristiano se le conoce porque ama a sus semejantes al estilo de Jesús.

Este mandamiento pasa a englobar toda la vida cristiana. Cualquier gesto, cualquier acción, cualquier palabra que podamos pronunciar tiene que ser fruto del cumplimiento de este mandamiento del Señor.

Quizá sea el momento de pensar que este mandamiento está en nuestros labios y en nuestros corazones, este mandamiento lo sentimos que se vive y se practica en medio de tanta gente que se dice creyente. Este mandamiento es el más repetido, al menos en esa palabra de amarse, sin embargo, en la práctica de hoy, en la práctica de alejamiento, en la práctica de rebeldía, en la práctica de guerra entre nosotros... así es imposible que podamos decir que estamos cumpliendo este mandamiento.

"Ámense como Yo los he amado". No es un consejo, no es una cosa bonita que nos está diciendo el Señor: "Ámense como Yo los he amado", ahí está la base, Él nos ha amado entregando su vida, no quitando la vida a nadie. Nos ha amado buscando la redención de todos y eliminando para todos la posibilidad de nuevas esclavitudes. Nos ha amado para que nos sintamos todos, una nueva familia y sepamos que Dios es padre de todos para todos. Ese es el estilo de amar que tiene el Señor, entregando su vida, derramando su sangre, recuperando la vida y repartiéndola en abundancia para todos.

“Ámense los unos a los otros como Yo los he amado". En eso vamos a reconocer que somos discípulos del Señor; en eso se va dar cuenta la gente de que somos del Señor, somos discípulos del Señor, no podemos andar en otro estilo de discípulo. La persona que odia, la persona que no quiere amar al prójimo la persona que no obedece al Señor es porque no ama a Dios, aunque lo diga de mil maneras que sí lo ama.

De todos los mandatos que podamos recibir de otras personas, de otras instituciones o de cualquier otra parte no puede ser superior de la que Jesús nos da: "Amarnos los unos a los otros".

El amor cristiano aprendido del corazón del mismo Señor Jesús se vive en el día a día. No es tan solo un sentimiento. Es compromiso con el prójimo, es diálogo, es solidaridad, es caridad. En resumen: es el sello individual de aquellos que sí son de Cristo.

Comentarios