Ciudad Obregón

Crónica de la tragedia: Campo 5, un poblado agrícola que vive sumido en violencia y muerte

Los habitantes del Campo 5 se han acostumbrado a vivir en la tragedia; el poblado se ha convertido, desde el 2018 a la fecha, en el epicentro de la violencia de Cajeme. Esta es una crónica de cómo es vivir en un localidad agrícola rodeada por la muerte y la desgracia
martes, 23 de febrero de 2021 · 11:26

Ciudad Obregón, Sonora.- Un poste sobre la calle Meridiano a la altura del canal de riego sostiene un letrero: 'Campo 5', una tienda de conveniencia se vislumbra en la entrada, sé que en menos de dos minutos estaré en el pueblo que, desde dos años para acá, se ha convertido en el escenario de decenas de asesinatos por la violencia y la venta de droga

Apenas llego y el ambiente se hace denso. Se puede decir que es tétrico como si se esperara que, en cualquier momento, una desgracia ocurra. Las calles desoladas pintan una fotografía de lo que se vive en el lugar, nadie quiere salir, todos viven con miedo. La algarabía de las familias celebrando al borde del canalito se ha quedado muda, apenas y susurra, y cuando lo hacen lleva un cantar fúnebre. 

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Me acerco a un vecino que se esconde tras la reja para evitar que vea su rostro, "no puedo ayudarte", me responde apenas le planteo que me cuente un poco sobre su vida. Sus manos tiemblan y niega repetidamente con la cabeza ante las interrogantes. Aunque no me dijo nada su siguiente frase me lo resume todo: "si te digo algo me rafaguean la casa". Todas y cada una de las respuestas de los vecinos fueron similares. 

Un letrero 'Campo 5' marca la entrada a un poblado que está sumido en la desgracia

Son las 10:00 de la mañana, esperaría escuchar el ruido de los chiquillos corriendo alegres o la plática de señoras en la banqueta sobre algún chisme local, incluso el ruido de las maquinitas de la tienda o el de algún camioncito que esté entregando producto, pero no se oye nada. Solo hay polvo y pólvora en las calles. 

Incluso por la calle Maximiliano R. López y Emiliano Zapata, justo donde está la plaza municipal y la comandancia, todo es soledad. El paso de los años y el descuido de las autoridades se reflejan en una delegación policiaca abandonada y decadente, si los habitantes tienen suerte hay alguien una vez cada 15 días, pero lejos de resolver los problemas de inseguridad se limitan a no hacer nada. 

Las calles se encuentran totalmente vacías
Las calles se encuentran totalmente vacías

Las paredes descarapeladas de los edificios de Gobierno contiguos a la comandancia revelan que han sido abandonados hace ya un tiempo. Cuando todo estaba "bien" llegaban los trabajadores estatales con programas de becas y apoyos, pero ahora se niegan a ir, saben que las cosas en el Campo 5 están calientes. 

Estoy sobre Emiliano Zapata, un sentimiento de nostalgia me invade, apenas el fin de semana Manuel a quien conocían por 'El Mele' fue asesinado a las 11:00 de la mañana, venía corriendo de oeste a este, la balacera se escuchó por todo el pueblo. Después de una ráfaga de disparos el cuerpo quedó tirado y al instante un mar de gritos ahogados pidiendo auxilio. Todo el pequeño pueblo de ocho calles de largo por ocho calles de ancho ha presenciado tres cosas: la muerte, la tristeza y el miedo. En el recorrido salta a mi vista una seña particular de la desgracia; pequeñas capillas o "tumbitas" adornan las banquetas.

La comandancia, desde hace tiempo, que está abandonada

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Las cruces hacen honor a las víctimas que murieron en ese lugar, por cada calle son al menos tres. Justo detrás de la cancha de basquetbol, en un árbol, se encuentra la fotografía de Gabriel acompañada de una veladora de San Judas, un rosario, una Virgen de Guadalupe, una lata de cerveza y unas flores marchitas. El secreto a voces cuenta que, en diciembre el joven se encontraba sentado con unos amigos bajo el árbol pasando el rato, los sicarios llegaron preguntando por alguien, Gabriel, a quien todos conocían por ser un "valentón", no respondió de la mejor manera.

En cuestión de segundos las armas sonaron y Gabriel quedó tirado bajo las ramas del mezquite; tiempo después sus amigos colocaron su foto para recordarlo. Una camioneta de la Guardia Nacional hace un rondín por la calle Hermanos Talamante; fue el 4 de enero por la misma calle cuando sicarios a bordo de una camioneta rociaron a tiros una vivienda y obligaron a unos trabajadores a derrumbarla con un trascabo, "ese lugar está muy caliente, no te acerques mucho", recuerdo la advertencia que me dieron antes de llegar a penas y asomamos las narices y un sujeto desconocido se conduce a nosotros, enseguida pienso que es mejor irnos antes de que pregunte quiénes somos y porqué estamos ahí.

La foto de Gabriel, después de su asesinato sus amigos la colocaron

A lo lejos se ven unos bultos de tierra y una retroexcavadora, son los mismos trabajadores amenazados quienes continúan reparando la calle. Al pasar nadie dice nada. Los miro, me miran y nuestros ojos cuentan un secreto que todos saben: la muerte está quizás más cerca de lo que parece. La última postal que veo antes de regresar a Obregón es la Iglesia de San Felipe de Jesús totalmente cerrada, incluso pareciera que hace tiempo que las puertas de Dios no se abren, ni siquiera para los entierros.

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El único que está en la calle es el Sabino, un personaje de la cultura popular, al que todos conocen y aprecian, con una escoba trata de juntar la tierra de una esquina mientras que el pequeño pueblo pierde sus colores. Gabriel García Márquez decía que: "lo único que llega con seguridad es la muerte", en el Campo 5 la frase es una sentencia, familias enteras han quedado diezmadas por las balas. Miro para atrás, el panorama no es bueno. Este pueblo de gente noble que labra la tierra está sumido en el silencio, obra de un miedo aterrador; la impunidad del mundo de las drogas y la consecuencia inminente de una muerte violenta.

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