Sonora

“Llevo toda una vida entre las bicicletas”: José Roberto

El jalisciense curso una estancia por tres meses en Saltillo, para estudiar reparación de motocicletas, el cual aprobó y quedó certificado como mecánico de segunda, al regresar pone un taller, el cual trabajó por 22 años de 1970 a 1992 y de ahí regresó a su nuevo taller 

por José Luis Vázquez

73 años de edad tiene el jalisciense que adoptó Huatabampo como suyo(José Luis Vázquez)

73 años de edad tiene el jalisciense que adoptó Huatabampo como suyo | José Luis Vázquez

Huatabampo, Sonora.- La vida de José Roberto Orosco Orosco, se resume en una pequeña reseña, que habla de un experto en arreglo de bicicletas, ya que lleva 46 años en ese oficio, el cual convino en su momento con la mecánica de motocicletas que desempeñó por más de 20 años. 

El jalisciense dice que le ha ido mejor económicamente que en su propia tierra

Nace un 16 de marzo de 1946 en Zapopan, Jalisco, en un barrio cercano a la Catedral del lugar y es hijo del matrimonio integrado por Remigio Orosco y Martina Orosco Jiménez, pero por cuestiones familiares tuvo que salir de su casa a los 15 años de edad.
El objetivo de José Roberto era llegar a Huatabampo para visitar a sus tías que vivían en una hacienda y ponerse a trabajar en lo que fuera, ya que por falta de dinero no había estudiado ni la primaria.
De carácter amable, sonriente y campechano, ‘El Orosco’, como le llaman sus clientes y amigos en el taller de bicicletas, comenta que a los 15 años llegó a Etchojoa por equivocación, pero su tirada era Huatabampo, ya que en Jalisco escuchó de sus tías que en ese pueblo había mucho trabajo.

Tenía hambre de ganar dinero y ser alguien en la vida a base de trabajo, esfuerzo y respeto a los demás, algo que nunca debemos perder, el respeto a nuestros mayores y semejantes”.

Recuerda con nostalgia y como si fuera ayer, que al salir de su pueblo, su abuela Carmen Jiménez Orosco le dio 5 pesos para el camino, con los cuales compró galletas de animalitos para comer, ya que su viaje para llegar a la ‘Tierra de Generales’ duró 15 días. 

No traía para el viaje y había que buscar ‘aventones’ en lo que fuera”.

Para su llegada, en 1960, nunca perdió el tiempo, sus primeros días dormía y descansaba en las plazas, tapándose con cartón o periódicos.

Gracias a Dios, de inmediato me puse a trabajar vendiendo paletas con un señor y así pude solventar mi estancia en la ciudad, ya que ganaba bien, unos 200 pesos porque había mucho trabajo en ese tiempo”.

Sus logros
El jalisciense traía nociones para reparar bicicletas y hambre de ser alguien en la vida, por lo que empezó a comprar herramientas y en corto tiempo con tres llantas, unos 50 parches y algunas cámaras, se puso a arreglar bicicletas. Con una sonrisa en la cara dice: “Me hacía feliz el escuchar que la gente decía que vendría a mi taller y eso me levantaba el ánimo para seguir trabajando”.
De 1960 a 1970 ya había puesto su taller en Huatabampo, en el mismo lugar que hoy se encuentra, ya con renta congelada, paga 700 pesos mensuales, se encuentra por la avenida Vicente Guerrero, entre Juárez y Allende.

Ahí ya me empezó a ir bien; gracias a Dios, el taller estaba en forma y ganaba bastante dinero, la inversión había sido de 300 pesos de aquellos que valían y puedo decir hoy que el taller tiene buen surtido de todo”.

No sabía escribir ni leer, por lo que Orosco se puso a estudiar la primaria nocturna, “aprovechaba mi tiempo libre de día y noche, le puse muchas ganas a la escuela y atención a los maestros, ya que en solo tres meses logré aprender a leer y escribir, porque es algo muy importante en la vida y más cuando buscas forjar tu presente y futuro, tú solo”.

Su esposa, el motor y su luz de vida

En 1970 conoce a Ricarda Jocobi Moroyoqui, con quien se casó como Dios manda y como ella quería. Procrearon a cinco hijos: María Goretti, José Roberto, María Edesenia, José Remigio y Juan de Dios. “Con mi viejita viví 50 años de feliz matrimonio, pero hace siete meses que falleció; en estos momentos me hace mucha falta”.
Dice que ella alumbraba su camino, era el amor de su vida.

Hoy, a mis 73 años, puedo decir que si volviera a nacer, pediría volver a esta misma vida, ya que me siento satisfecho de lograr lo que soñé”. 

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