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Alfonso Durazo y el riesgo de un refrito padrecista

La Tertulia Polaca

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Alfonso Durazo y el riesgo de un refrito padrecista

Alfonso Durazo Montaño es un político que desde muy joven, aún en su época veinteañera de estudiante, conoció muy de cerca el verdadero poder político y gubernamental. Su primer trabajo en la función pública, fue federal en un cargo secundario en Radio, Televisión y Cinematografía, esta dependencia estaba subordinada a la Secretaría de Gobernación, pero la encabezaba la poderosa Margarita, hermana del presidente José López Portillo.

Después el poderoso grupo político sinaloense conocido como el chilorio power lo arropó a posteriori de su breve paso por la extinta Secretaría de Programación y Presupuesto donde fue subdirector de difusión. Los lazos más fuertes con este grupo los tuvo con Heriberto Galindo y Enrique Jackson quien lo colocó como su subdelegado de la otrora delegación (hoy alcaldía) Cuauhtémoc y es ahí donde despierta la atención de algunos políticos encumbrados y se gana el respeto por su eficiente trabajo en la reconstrucción de esa zona después del sismo de 1985.

Cuando Carlos Salinas impone a Colosio en la presidencia del PRI nacional, este último lo invitó a desempeñarse como su secretario particular, Durazo lo acompañó en ese mismo cargo cuando Colosio fue secretario de Sedesol y como candidato a la Presidencia de México.

Luis Donaldo empezó a darle una formación de mayor nivel, le pagó la maestría en la universidad inglesa de Cambridge, pero el desenlace trágico de Colosio suspendió todo eso.

Después de algunos cargos en gobiernos priístas renunció a ese partido por la fuerte embestida de Zedillo en contra de “las viudas de Colosio”. Luego se enroló en la campaña electoral del panista Vicente Fox y ya en la presidencia fue su secretario particular por tres años y uno más como su vocero. Para el 2004 renuncia y exhibe las intenciones de Fox de dejar en la silla presidencial a la primera dama Martha Sahagún. Es evidente que Durazo conoce muy de cerca los hilos del teje y maneje del poder y la gobernabilidad, ha sabido siempre cómo acomodarse y subordinarse lo más estrechamente a el, pero también ha sabido leer con certera agudeza el momento de romper con quienes ostentan ese poder y ha tenido la habilidad de canalizar a su favor esos rompimientos y colocarse de nueva cuenta bajo la sombra de quién simboliza la superioridad. No es casualidad ni solo por cuestiones de afinidades personales que el presidente López Obrador le ha dado el respaldo una y otra vez como a ningún otro secretario de su gabinete, ni como a ningún otro visible aspirante a gobernador de cualquier otra entidad, Alfonso ha tragado lumbre y ha evitado en varias ocasiones que gran parte del fuego queme al presidente.

Pero paradójicamente quizás esa astucia que siempre lo estrecha con el punto de donde emana el poder, sea su propia criptonita que lo debilita y podría estarle atrofiando su desarrollo cognitivo de cómo ejercer su propio poder, o como se explica que tendiendo en la mira su candidatura 2021 a gobernador del estado desde antes del 2018, en su calidad de presidente estatal de Morena en Sonora y líder indiscutible, haya permitido y en muchos casos impuesto a candidatos de perfiles tan incapaces y corruptos, tanto en diputaciones federales y locales y alcaldías, donde los resultados han sido lamentables. Contrario a lo que pululaba en el imaginario colectivo sonorense, han seguido imperando las mismas lógicas, vicios y grupos de poder, y no solo han sido incapaces los morenistas de frenar esa inercia, sino que se han adherido a ella, replicando las mismas prácticas vomitivas que prometieron dilapidar.

El origen de todo este desaseado estilo morenista de presidir municipios y legislar en Sonora tiene varias lecturas, pero en gran medida fue esa sobredosis de pragmatismo aplicada por Durazo, en la que abrió las puertas del partido de par en par y sin filtros para perfiles impresentables con el objetivo de ser competitivos en las elecciones del 2018 y que hoy siguen ocupando relevantes cargos públicos.

Aunado a esto, al retirarse del estado para cumplir con sus funciones primero de senador antes de asumir la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública, delegó responsabilidades a operadores incapaces de tejer una estrategia eficiente y contundente capaz de poder contener los embates del Gobierno del Estado, pero también los excesos de sus propios alcaldes y diputados locales, no obstante, de manera inconcebible a estos operadores se les siguen asignando responsabilidades claves en su estructura de campaña que eventualmente ocuparían posiciones relevantes en el Gobierno Estatal en caso de consumar la victoria electoral, sin haber entregado un solo resultado positivo en estos dos años, sino todo lo contrario.

En la Secretaría que él encabeza en el tema de los perfiles con puestos claves, no dista mucho de lo que sucede en Sonora, hay personal profundamente inadecuado desempeñando labores de suma sensibilidad. El caso más visible es el de la expadrecista Youlee Guzmán, directora general de Coordinación Operativa en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, ni más ni menos que la encargada de coordinar a las secretarías estatales de seguridad pública con la federal, entre otras tareas de menor rango pero de alta relevancia. El currículum de Guzmán es extremadamente endeble como para llevar a cabo tareas de tal envergadura. La “solución” ha sido colocarle un director adjunto que es quien realmente hace el trabajo, es decir, los viejos vicios de la carga burocrática.

Da la impresión de que Durazo no ha comprendido que ganar una elección no es el fin si no solo el medio para acceder al poder y para gestar un gobierno virtuoso es indispensable lo cualitativo, pero contrario a eso, empieza a repetir el reclutamiento de los mismos tipos de perfiles que en el 2018 terminaron por contaminar a la 4T sonorense. Su sobredosis de pragmatismo electorero (énfasis en lo cuantitativo) y su debilidad de ser adulado por sus oficiosos, lo coloca en una situación de inminente riesgo, que de llegar a ser el próximo gobernador de Sonora, ese Gobierno pudiera convertirse en un refrito del padrecismo, con politiqueros sedientos de poder político y económico, funcionarios ostentosos, débil gobernabilidad, pequeños para enfrentar grandes retos y torpes para resolver los pequeños problemas, cargos con perfiles no aptos para su función y el desbordamiento de corrupción, entre algunas aberraciones más.

Según mi particular apreciación, a pesar de todo esto, será muy complicado (no imposible), arrancarle la victoria a Alfonso Durazo porque cuenta con dos grandes ventajas:

1).- La popularidad y liderazgo del presidente que sin duda les sumará votos.

1).- La carrera política de Durazo no nace ni se desarrolla enmarañada en las lógicas de la política y hegemonía sonorense, es totalmente ajeno a esos grupos de poder que han ejercido el dominio político y económico del estado en beneficio de un grupúsculo y en detrimento del grueso de la ciudadanía y con el apoyo del Gobierno Federal no tendría porque someterse ni seguirles cediendo los privilegios de antaño a ese bloque hegemónico.

2).- A pesar de cierta fauna nociva en su equipo, cuenta con un ala de cuadros políticos verdaderamente convincentes que en ningún otro partido los hay, dispuestos a romper con toda la inercia de la politiquería y ejercer la verdadera política, los mismos que operaron (no fueron los de siempre que han fallado) el único, pero muy sustancial triunfo político de Morena sobre el Gobierno del Estado y sus aliados panistas que pretendían una reforma electoral, cargada de dardos venenosos en contra de la democracia electoral. Si a este grupo se les permite, pero sobre todo si ellos mismos se permiten crecer, serán el fiel de la balanza que logre el equilibrio gubernamental en el dado caso de un triunfo morenista, pero reitero, es indispensable que crean en ellos mismos, se unifiquen, se fortalezcan y se impongan a la inercia de ese ADN priísta de politiquería convencional que a los sonorenses ya nos tiene hasta la madre.

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