Opinión

Hablemos de cultura: En esta tierra que no es mía

Nokta

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Érika Tamaura, columnista

"Esta fiesta del 4 de julio es una de las más humildes en nuestra historia. Incluso en el apogeo de las guerras mundiales o la Gran Depresión, Estados Unidos inspiró. Pero hoy, Estados Unidos está destruyendo la autoridad moral que una vez tuvo. Habrá fuegos artificiales y la Estatua de la Libertad seguirá en alza sobre el puerto de Nueva York. Pero hoy, es más difícil de convencer a otros de que los estadounidenses abrazan, o practican los ideales que representa la dama de la libertad”. Así finaliza el ensayo publicado por Robin Wright en The New Yorker este fin de semana del aniversario de la Indepencia de Estados Unidos. Un texto duro, titulado: “Para el mundo, ahora somos: América la racista y la lamentable”.

Esta es una columna que busca hablar de temas relacionados con la cultura, sus procesos, sus caminos y dimensiones, no es una columna política. En ocasiones, hablo de experiencias personales tratando de enlazar una cotidianeidad a eventos que suceden en el ritmo del tiempo para intentar conectar con alguien, con pocos, o con muchos. Pero siempre conectar desde la honestidad, mi historia, que es lo único que me pertenece.

Este julio cumplo un año viviendo en Estados Unidos. Mi historia no es sobre la búsqueda del sueño americano, no. Yo vine a este país porque me dijeron que aquí estaba el amor, mi amor, y desde entonces, al igual que una planta que se traspasa de una tierra a otra, tomé mis raíces y las de mi hijo y para volverlas a sembrar aquí, con cuidado, despacio y con calma. Esta tierra, al igual que mi México lindo es mucho más que los juegos políticos de grupos ambiciosos o de aquellos que confunden formas de poder, igualdad y respeto con una extrema e innecesaria sensación de superioridad… esta tierra, al igual que mi México querido es noble y es el hogar de personas que nos han tratado a mi hijo y a mí con respeto e igualdad y por eso, la honro también como mía y piso con acatamiento y agradecimiento su suelo.

Hoy, vivo en un país que al igual que la tierra en la que nací, merece gobernantes a la altura de los máximos ideales de justicia y fraternidad. Mis pensamientos están también con aquellos que si han venido a buscar el sueño americano y cuyo camino se encuentra lleno de dificultades y sacrificios por razones que solamente ellos sabrán. Las fronteras son un recurso de la lógica y razón del hombre, comprender que esas fronteras deben servir solo para saber cuando quitarse los zapatos para entrar o salir de ellas en señal de respeto a la cultura que ahí palpita, es un recurso de la nobleza humana.

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