Opinión

La dramática reflexión de restauranteros de Ciudad Obregón: “Tenemos miedo de crecer y que crean que somos ricos”

Rumbos

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Mario Rivas, columnista

Mario Rivas, columnista

FUI Y VINE AL BELLO PUERTO de Guaymas. Lo de bello no es por su infraestructura sino por su pasado y su historia. Me gusta el Puerto y me gusta sumergirme en el ensueño cuando desde el renovado Malecón, veo a las fuerzas del general Obregón o filibusteros de los que tantas veces le he leído a mi amigo y colega AGUSTÍN RODRÍGUEZ.

Y me gusta recrear, con la imaginación, el ir y venir, el entrar y salir de los históricos edificios que, en su tiempo, le dieron realeza a la ciudad.

Guaymas sí es una ciudad con aspectos bellos y culturalmente, dignos de solazarnos en la contemplación. Lamentablemente, los malos administradores públicos la dejaron caer, las ruinas y solo las ruinas de aquella grandeza pudieron sobrevivir.

Quizá para que las nuevas generaciones recojan los pedazos y vuelvan a levantarla. Pero, lamentablemente, no va a ocurrir en esta época de la pandemia.

Por ahora y quien sabe por cuánto tiempo, la principal preocupación será sobrevivir. El rescate de la pujanza de la época de don FLORENTINO LÓPEZ TAPIA, seguirá esperando.

En Guaymas, igual que en el resto del estado, la gente ha tomado por asalto un solo tema: el de la política.

Y sí, el nombre de ENRIQUE CLAUSEN IBERRI, se mantiene en alto cuando se habla del PRI. Igual que en Morena, es el diputado federal HERIBERTO AGUILAR, el que predomina.

Y JESÚS SALDAÑA, por el PRD, para la municipal.

GINES VALENTÍN, el dirigente del PRI, merece comentario aparte. Él ha mantenido en alto el ánimo priísta, el ánimo de un partido quebrantado, y sin recursos, su rostro siempre sonriente y optimista, contagia a la gente.

Las cosas como son.

No he podido menos que sentirme nostálgico cuando en el restaurante al que solía asistir en otros tiempos a tomar café y platicar con amigos guaymenses, hoy ya no vi a ninguno.

“Ya mis amigos se fueron casi todos”, cantaría JOSÉ FELICIANO.

Pues sí: se adelantaron. Así tiene que ser.

Guaymas, igual que mi tierra de origen, está en crisis. Hay desempleo y la economía popular, la de los pescadores de las antiguas cooperativas de don “Flor”, ya no existen más. Todo se lo llevó el tiempo.

A veces tengo la sensación de que Guaymas está paralizada.

Le dan vuelta a los cartuchos quedados de la política. Y siquiera escogieran a los guaymenses ilustres que dejaron una huella imborrable a su paso por el poder municipal

Pero no, se entercan con los menos eficientes y a veces con los de uñas más largas y filosas.

A ver, dígame: ¿a quién se le ocurre votar por la persona que en su tránsito por la alcaldía, fue destituida por diversas irregularidades dejando un precedente ominoso?

Las consecuencias están a la vista. Esto no tiene vuelta de hoja.

Con todo, a mí me gusta Guaymas, más que San Carlos. A este hermoso destino turístico, uno va por unas horas. Contemplamos la panorámica desde El Mirador y luego al regreso.

No soy de mar. Soy de la montaña. Imagínese, de niño y después a los 13 años, acompañaba a mi madre al paraíso donde nació: una ranchería llamada “El Río”, distante una hora a caballo de Canelas, Durango.

Pero esto es otra historia.

Esta región que comprende a Guaymas y a Empalme, tiene un significado especial para mí. Conocí el mar a los 10 años. Y fue El Cochórit, donde me espanté cuando por primera vez tuve frente a mí la inmensidad de sus horizontes.

En esta rapidísima visita a Guaymas, tuve el gusto grande de conversar así fuera brevemente, con ARTURO MUNGARRO, el gerente de Playa de Cortés.

Buen tipo Arturo, a quien por cierto olvidé preguntarle si tiene algún parentesco con el escritor y periodista ALEJANDRO MUNGARRO.

Ya lo haré, un día de estos.

Por acá, la espléndida coincidencia con DANIEL TRELLES IRURETAGOYENA, sin duda una de las cosas buenas que me ha dejado mi relación de trabajo con la política. A Daniel le conocí cuando fue presidente del PRI estatal. Hará unos veintitantos años. O por ahí. No hubo acuerdo previo para encontrarnos en Guaymas. Sucedió que mientras él se encontraba en su rancho Santa Anita, su familia decidió trasladarse a San Carlos, a pasar unos días de vacaciones.

Y el martes Trelles dejó el rancho, pasó por su casa en Hermosillo, “eché unos trapos al carro y me vine a dormir a San Carlos, con mi familia”, me diría.

¿Cuántos meses habían transcurrido sin vernos desde aquella, la última vez, precisamente en Guaymas?

¡Ufff! Quién sabe. Muchos más antes de la pandemia.

En Guaymas, me encontré con BULMARO PACHECO MORENO, el historiador, el cronista, el relator de la vida paupérrima de los pueblos indígenas en la región del Mayo.

Con el de Huatabampo, durante más de 6 meses, solo fueron conversaciones telefónicas.

Cierro este tema porque tengo la convicción de que me fui de paso. Mis dos que tres lectores, no se merecen que los abrume con mis cosas.

Así la dejamos.

En fin.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

Y AQUÍ, UN DATO DURO: de acuerdo con las estadísticas que acaba de publicar el secretario ejecutivo de Seguridad Pública, de septiembre de 2018 en que inició la actual administración de SERGIO PABLO MARISCAL, a julio de 2020, el mes más recientemente actualizado, suman 648 homicidios, contra 345 de la pasada administración en ese mismo periodo, pero de los años del 2015 al 2017...

Son los implacables números de las estadísticas…

¿O será que hay otros datos en Palacio Municipal?...

Digo, ¿no?...

MIENTRAS TANTO, Y AUNQUE YA ES del dominio público la nota, de todos modos voy a contarle lo que yo supe y lo que yo pienso de esa reunión de RICARDO BOURS y ABEL MURRIETA, con una treintena de restauranteros de Ciudad Obregón, sector de los más golpeados por la crisis sanitaria…

Este encuentro se llevó a cabo el martes en “Fullenios tacos fish”, lo que esto signifique, aunque una buena persona me dijo que ella piensa que puede significar que un cliente entra en la taquería y sale con la panza llena…

Y si la panza está llena el corazón está contento…

¿No lo dice así un viejo y conocido refrán?...

De esta reunión, algo me llamó la atención: por ejemplo, que los restauranteros temen crecer porque van a creer que son ricos, “cuando la mayoría de nosotros tenemos todo invertido en los negocios”…

Uno de ellos lo dijo ante Ricardo y Abel…

Son los primeros estragos de la resaca que nos está dejando la pandemia…

¿Y la violencia? En jauja, a tambor batiente, incontrolable, imparable, inmisericorde…

Están matando cada vez más mujeres por cuestiones vinculadas al crimen organizado…

Duele, de verdad, que tanta gente muera…

Y duele más ver a una sociedad cada vez más indiferente y más deshumanizada…

Justamente en la región de la que recién regresé, la muerte se ha convertido en una presencia cotidiana. Y quien lo hubiera imaginado: los guaymenses y empalmenses se están acostumbrando a las ejecuciones…

Como nosotros…

Es todo.

Le abrazo.

m.rivastribuna@gmail.com

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