Opinión

Carta a los maestros de Sonora

lunes, 4 de enero de 2021 · 05:44

Los saludo con respeto primero por sus aportaciones a la educación en tiempos de la pandemia y la crisis de salud, y mi admiración por los logros alcanzados en materia de educación. Sonora ocupa un buen lugar nacional en lo que a la calidad del sector se refiere; en la mayoría de las pruebas nacionales sale bien ubicado.

Estos resultados se deben sin duda al diario esfuerzo y dedicación impresos por ustedes en cada espacio y en cada nivel educativo de la entidad. También al impulso de los gobernadores del estado que nunca han escatimado recursos para la educación, desde aquellos como Luis Encinas Johnson y Faustino Félix Serna, que se dedicaron con ahínco a combatir el analfabetismo y construir la infraestructura educativa, o Carlos Armando Biébrich, que tuvo el valor de sacar las preparatorias de la Universidad de Sonora para crear el Colegio de Bachilleres y fundar los Institutos Tecnológicos más grandes del Estado, hasta quienes después entre 1975 y 2020 han seguido impulsando la oferta de la educación básica, superior y media superior para hacer de Sonora un ejemplo nacional de cobertura en ambos niveles.

Veo sin embargo con preocupación que la dirigencia nacional del SNTE haya ofrecido el voto de los maestros a los candidatos de Morena, a través de lo que queda del Partido Nueva Alianza; un partido que perdió el registro nacional en el 2018 y que todavía lo conserva como local en quince entidades.

Seguramente saben que al ofrecer el voto de los trabajadores de la educación a Morena —sin consultarlos—, sus dirigentes lo hacen por temor a López Obrador y no por una convicción política, que pudiera traducirse en el proyecto del Gobierno Federal. Es decir, no apoyan a los candidatos—muy cuestionados— de Morena convencidos por los proyectos —que no tienen— y programas —anunciados pero indefinidos— del partido y su Gobierno. Lo hacen no porque crean en sus proyectos sino por temor como se manifiesta en otros sindicatos nacionales.

Tampoco los apoyan porque estén convencidos de las virtudes y capacidades de sus candidatos, a quienes —pudiéramos apostar—ni siquiera conocen en ideas, logros y proyectos.

No, es un compromiso hecho por temor, por la incertidumbre que rodea a sus liderazgos y por la política de agresiva contención política, económica y administrativa del Gobierno hacia los trabajadores de la educación y del Estado a quienes la llamada 4T ha maltratado en serio.

Tanto sus dirigentes como el Gobierno, saben que el voto corporativo hace ya mucho tiempo que desapareció de los escenarios electorales, aún mucho antes de que fuera prohibido por la legislación electoral.

Si el voto corporativo funcionara todavía, el PANAL no hubiera perdido el registro nacional como partido político en 2018. Si el voto corporativo funcionara en la realidad, ni la FSTSE ni sus sindicatos agremiados tuvieran liderazgos costosos, eternos, enriquecidos, anquilosados y perpetuos como los que ahora los representan.

La dirigencia de la FSTSE también ha acordado apoyar a los candidatos de Morena en el estado.

También, más por temor al Gobierno que por convicción. Aquí sí que están en riesgo infinidad de comisionados y prácticas viciadas que se busca —ingenuamente— proteger y garantizar.

Ambos liderazgos, tanto los del SNTE como los de la FSTSE, temen al coletazo gubernamental que pudiera desconocerlos y regresarlos a etapas de su historia debido a los vicios, los excesos y a la mala relación de las dirigencias nacionales con algunos presidentes de la República, como sucedió en 1972, 1989 y 2013.

Aunque ahora hay nuevas circunstancias políticas que las dirigencias nacionales están observando con preocupación, por ejemplo:

El Gobierno Federal ha privilegiado la relación política con la CNTE y no con el SNTE, a pesar de que la organización de izquierda representa solo a una minoría de los trabajadores de la educación.

Y ha marginado la atención a la seguridad social de los trabajadores del Estado al no poner al ISSSTE entre sus prioridades de reforma.

¿Cómo es posible que a casi tres años de Gobierno, un trabajador espere hasta cinco meses para una consulta de especialidades en el ISSSTE?

¿Y la friolera de seis meses —cuando bien les va— para ser atendido por un siquiatra en Sonora?

¿Cómo es posible que tanto los préstamos «verdes» como los «rojos», que han contribuido tradicionalmente a mejorar la economía de los trabajadores del Estado, ahora se otorguen por sorteo y por goteo?

¿Dónde quedó la promesa de la transformación de las instituciones al servicio de los servidores públicos?

¡Puro cuento! Tanto sus directivos como los últimos gobiernos de la República han dejado al ISSSTE en el abandono, en beneficio de la medicina privada y de otros esquemas de seguridad social. Es patético e indignante observar todavía a los derechohabientes levantarse a las cinco de la mañana y hacer cola para solicitar consulta. Y eso, ¿cuándo lo han denunciado o tratado de mejorar?

Las dirigencias deberían entender que el presidente López Obrador no quiere nada con los sindicatos con historia; los considera parte de un pasado que odia, lo obsesiona, lo aterra y lo entiende muy poco, por eso a cada rato los ataca y descalifica.

La llamada 4T, busca atacar a los grandes sindicatos, desconocerlos y debilitarlos tratando de crear opciones alternativas. Ejemplos: Negociar directamente con la CNTE cuando esta no cuenta con la titularidad jurídica de la representación de los trabajadores y, si acaso, llega al 9% de la representación de los maestros. El protagonismo protegido del impresentable Napoleón Gómez Urrutia o la marginación de que han sido objeto los dirigentes nacionales de los petroleros, ferrocarrileros y telefonistas, o el intento de crear una organización alterna a la CTM —la llevada y traída CATEM, dirigida por un cercano a la llamada 4T.

A ese líder, raudo y veloz le autorizaron su nuevo partido político (Fuerza Social por México), lo que por cierto no se hizo con el proyecto para tratar de sustituir al PANAL con Grupo Social Promotor de México del magisterio y sí, desde el Gobierno apoyaron el proyecto “Redes Sociales Progresistas”, de la profesora Elba Esther Gordillo—. ¿Habrán entendido esas señales quienes—puede ser que contra su propia voluntad— hoy rinden pleitesía y su voto al Gobierno y su partido? ¿De verdad serán tan ingenuos que se crean las promesas?

No veo cómo se pueda comprometer el voto de los 48,824 trabajadores de la educación y los 25 mil servidores federales de Sonora a favor de los candidatos de Morena y sus asociados.

El SNTE (1943) y la FSTSE (1938) han sido siempre organizaciones plurales, y en su historia, ha dado muestra de esa diversidad. En ambas organizaciones desde su fundación han cabido siempre todas las corrientes políticas de quienes tienen más contacto con la realidad social y económica, sobre todo los maestros.

Igual sucede con los trabajadores al servicio del Estado: ¿Cómo comprometer el voto de los trabajadores federales en una época que han sido descalificados, agredidos, humillados y ninguneados?

Me temo que los dirigentes están equivocando la estrategia y que en su prisa por quedar bien con el Gobierno Federal no calcularon las consecuencias de su oferta política. Se les va a revertir la decisión y se va a incrementar el malestar de maestros y trabajadores del Estado, a los que siempre se les ha respetado su libertad de elección política.

Ante las definiciones, tanto el Gobierno Estatal como las dirigencias locales enfrentan un dilema que en el fondo encubre un conflicto de lealtades: ¿Qué van a hacer con el 70% de la estructura administrativa de la Secretaría de Educación y Cultura que detentan los panalistas reciclados en premio por no haber dado los votos que prometieron en 2015? Esas posiciones a futuro deberán concursarse para que queden los más capaces y No los recomendados.

¿Qué va a suceder con la nómina de comisionados al sindicato de Salud que le cuestan al Estado cerca de 3.5 millones de pesos al mes? ¿Los van a poner a hacer política para Morena, o se tomarán cartas en el asunto?

Lo dice la ley: El voto es y ha sido siempre un derecho que ha de ejercerse en forma libre, secreta y directa, sin ningún tipo de presión ni compromiso previo de gremios y poderes.

El voto libre ha sido un logro histórico en el sistema de las libertades de los mexicanos, y eso, hay que recordárselo a quienes tratan de comprometerlo a cambio de platos de lentejas o de una mal entendida protección política que nadie les garantiza.

Creemos que ustedes, llegado el momento habrán de votar en libertad y sin presiones de ningún tipo, por la propuesta que mejor les garantice sus derechos y fortalezca su calidad de vida con proyectos de avanzada y no de retroceso. Los saludo con afecto y les reitero mi reconocimiento.

bulmarop@gmail.com   

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