Opinión

Por lo que se vio y se vivió en la reunión del sábado, la CNC podría regresar por sus fueros

Rumbos
martes, 16 de febrero de 2021 · 06:14

CREÍ QUE EL TEMA PASARÍA desapercibido. Después de todo, sus tiempos de gloria política quedaron muy atrás. Fue una de las centrales más poderosas e influyentes del antiguo sistema político mexicano, cuyo eje motor era el presidente de la República en turno. Y por supuesto, tenía que ser emanado del PRI, el brazo ejecutor de las decisiones políticas del poder presidencial.

El PRI era algo así como el ombligo del sistema político. Arrasaba por las buenas o por las malas, en las elecciones. Y en las Cámaras Legislativas, naturalmente tenía mayoría completa.

Era la época del “carro completo”, ya sabe usted.

El PRI, a su vez, tenía brazos poderosos para ejercer sus facultades y los más visibles eran la CTM y la CNC.

Se decía que la CTM era autónoma porque económicamente estaba sobrada, las cuotas de los obreros le permitían tener bien aceitadita su maquinaria política y alcanzaba para alimentar la corrupción de sus líderes.

La CNC, en cambio, carecía de aportaciones sindicales. Se mantenía del apoyo gubernamental y de las cuotas de empresas agrícolas afiliadas a la central.

Después de la CTM, era la CNC la que tenía más gente en calidad de gremio. No así la CNOP que en su carácter de representante del sector popular, supuestamente representaba a prácticamente todos los candidatos y gobernantes que no tuvieran una afiliación real de la CTM y la CNC.

O sea, que el sector popular del PRI, era como una calabaza cazcona. Hueca, pues.

¿A dónde voy con esta farragosa historia del “México que se nos fue”, cuál diría, sobre su Huatabampo de todos sus amores, usted ya sabe quién?

La verdad sea dicha, no voy a ninguna parte. Más bien, es a propósito de la excelente demostración de unidad que la CNC de Sonora expuso el sábado pasado en la explanada de la sede estatal de esa organización campesina en Hermosillo.

De lo que aún tiene el cenecismo en Sonora, lo más fuerte y macizo estuvo en la reunión del sábado.

De México se descolgó el líder nacional, el duranguense ISMAEL HERNÁNDEZ DERAS. Y ROBERTO ALBORES, hijo de un exgobernador de Chiapas y actual delegado del CEN del PRI en Sonora.

Me gustaría, señor mío, citar textualmente, el relato conciso que me envió una de mis fuentes.

Hélo: “Asistentes. Rodolfo Jordán. ‘Pato’ de Lucas. El nuevo delegado (del PRI) Roberto Albores. Próspero Ibarra Otero. Nacho Martínez Tadeo. Salvador Sánchez Peñuelas. Julián Luzanilla. Ernesto Gándara. Omar Guillén. Iris Sánchez. Y las dirigencias municipales. Lleno completo. Todos con cubrebocas. Y protocolos sanitarios. Éxito completo. Y apoyo sin reservas a las fórmulas de la triple alianza”.

¿Qué tal?

En pocas palabras, se dijeron muchas cosas. Sin rebuscamientos. Sin tanta palabrería.

Me cae que sí.

Tengo, para mí, que el cenecismo sí se puede levantar de entre sus cenizas. Como el Ave Fénix.

¿Por qué no?

Hay mucha gente valiosa y con vocación que puede dar mucho de sí todavía.

Hoy, después de mucho tiempo de relación templada, el PRI decidió que es hora de que se junten los pedazos tirados y se reconstruya algo que llegó a significar mucho para los ejidatarios pero también para empresarios del campo.

En sus tiempos de mayor poderío y de influencia política al más alto nivel, la CNC se permitía exigir su cuota política.

Una de las figuras más emblemáticas de la CNC (políticamente hablando), fue el yucateco VÍCTOR CERVERA PACHECO.

Cervera fue líder nacional de la CNC y secretario de la Reforma Agraria. Después fue gobernador de su Estado y sus últimos años los dedicó a hacer movimientos políticos en todo el sureste mexicano. De hecho, su influencia era reconocida por los gobernadores de esa región.

No fueron pocos los gobernadores de filiación cenecista. Hasta el actual gobernador de Nuevo León, JAIME RODRÍGUEZ ‘El Bronco’, venía de haber sido dirigente de la CNC neoleonés, cuando se emancipó del PRI para ser candidato independiente.

Cenecistas fueron los gobernadores de Sinaloa, LEOPOLDO SÁNCHEZ SOLÍS, un cacique de armas tomar que durante muchos años ejerció su cacicazgo con extrapolaciones hacia el centro del país.

Y JOSÉ ROSAS AISPURO, de Durango. Y también de la tierra de los alacranes, MAXIMILIANO SILERIO ESPARZA, que fue delegado del CEN del PRI, en Sonora. Y RENATO VEGA ALVARADO. Creo que hasta ANTONIO TOLEDO CORRO.

Era comprensible que el cenecismo tuviera tal arraigo en un Estado como Sinaloa, rico en agricultura y en generación de mano de obra.

Por eso esa central podía permitirse poner tantos gobernadores en la Entidad.

BEATRIZ PAREDES fue gobernadora de su Estado, Tlaxcala, fue senadora, diputada federal en varias ocasiones, embajadora, presidenta del PRI Nacional, entre otras cosas.

Fue y sigue siendo, una leal cenecista, quizás más que muchos varones que se beneficiaron con largueza gracias a la CNC.

En Sonora, solo ha habido un gobernador cenecista y de pura cepa: ARMANDO LÓPEZ NOGALES. El cananense alcanzó las mayores alturas en la política. Fue secretario de Estado, senador y de ahí se vino a contender por la Gubernatura.

La ganó y a fe mía que fue un buen gobernador.

Ah, casi lo olvido: el actual líder nacional de la CNC, ISMAEL HERNÁNDEZ DERAS, fue también gobernador de Durango.

En realidad, los cenecistas que llegaron a gobernar sus estados, son más de los que aquí he mencionado. Pero como ejemplo, está bien.

Por eso la importancia de lo que sucedió el sábado en Hermosillo. Y por qué lo significativo de que hayan asistido personajes con verdaderos liderazgos en sus municipios.

Gente con auténtica vocación de servir a los suyos. No son líderes de oportunidad. No se han enriquecido con los nombres de sus representados. Son gente de fiar que vive bien y es feliz.

En fin. Así las cosas.

DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ

DÉJEME DECIRLO: RECIENTEMENTE la exsenadora ANABEL ACOSTA ISLAS, fue invitada a una charla con café por el grupo de amigos que se reúne en el Yori Inn de Ciudad Obregón, feudo de los exalcaldes JESÚS FÉLIX HOLGUÍN Y SÓSTENES VALENZUELA MILLER…

En algún momento, tal vez cuando ya se había retirado la mayoría de los asistentes, Anabel permaneció con el licenciado CARLOS AMAYA RIVERA, que bien lo apunta en un texto el colega ALBERTO CAMACHO, efectivamente fue diputado federal y diputado local hace alrededor de 40 años, época que viví a plenitud, la sufrí y la batallé intensamente, enfrentando riesgos y asumiendo lo que en el camino pudiera arrostrar (dije, arrostrar, no arrastrar, por favor)…

También fue legislador local Carlos, pero debo insistir: la grandeza en la vida política de Amaya Rivera, no radica en los puestos políticos que desempeñó, sino en las luchas que peleó con la verdad y la convicción democrática por delante…

Carlos fue el mejor orador político que yo haya conocido. ADALBERTO ROSAS LÓPEZ, era el líder indiscutible del movimiento político de esos tiempos pero Carlos Amaya era el que mantenía ardiendo la llama y el fervor de los seguidores de aquel PAN de recientes militantes que se volvieron “adalbertistas” primero y después conocieron al partido…

Sí, tiene razón el colega: Carlos Amaya es la experiencia, y Anabel es el carisma pero también el conocimiento de lo que es la política, abrevado en el trabajo de campo ayudándole a su señor padre en sus campañas, prácticamente desde su condición de colaboradora anónima…

Cuando llegó al Senado, por circunstancias de la política, no era una novata. Había pasado todas las pruebas sin estar sentada en una curul o en un escaño. Tampoco había sido regidora. Pero tenía la experiencia de quien hacer política de la llamada “talacha”, y sabe vía perfectamente bien qué terreno pisaba cuando asistía a algún evento…

Anabel sorprendió a propios y extraños en sus primeras intervenciones en el Senado de la República…

Hizo grande y duraderas relaciones políticas a un nivel alto, muy alto, y ahora mismo, en alguna entrevista con periodistas locales, hay personas que se muestran asombradas por la inteligencia de esta extraordinaria mujer, cuya vida política ya es motivo de debates, en paneles de radio y televisión…

De verdad, caro amigo, a mi me provocó un cierto sentimiento de ternura la foto, en la que aparece Anabel con Carlos Amaya…

Dos generaciones, dos vidas, cada una con su propia circunstancia, dos polos que, siendo tan distantes uno del otro, se juntan ante una taza de café…

¡Larga vida para ellos!...

Es todo.

Le abrazo.

m.rivsatribuna@gmail.com 

Fuente: Mario Rivas 

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