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Ejecuciones, masacres familiares, infanticidios y tragedias imborrables en la memoria colectiva

Rumbos
jueves, 4 de marzo de 2021 · 07:10

HOY NO EMPEZAREMOS CON tema político. Por esta vez, quiero continuar con el problema de la violencia. No es una cuestión de morbo personal. Es una convicción que estoy seguro comparten conmigo muchas personas. Es cierto: la violencia está en todas partes. En todos los países. Y no se circunscribe al negocio del narcotráfico. La violencia puede ser, inclusive, mucho más brutal y salvaje en el ámbito familiar que en un ajuste de cuentas entre narcomenudistas. Casos de enorme impacto criminal, he conocido muchos. Usted seguramente conoció a través de los medios, el caso de aquel tipo que mató a su pareja, la metió en una nevera—bueno, a un congelador, pues—y durante semanas estuvo cocinando, uno por uno, los órganos de la fémina. ¡Fue un escandalazo! Acá en la región, nos enteramos del asesinato de tres agricultores los que en forma serial, fueron asesinados a martillazos por un cajemense que era muy conocido en el beisbol amateur. Los detalles de estos crímenes, causaron enorme conmoción. En una colonia del Centro de Ciudad Obregón—Campestre—hace algunos años se registró una tragedia familiar que estremeció lo más profundo del sentimiento de los vecinos y de la sociedad en general. El actor principal era un joven estudiante muy querido en la comunidad universitaria del Itson, pero igualmente, entre sus amigos. No se diga familiarmente. Todas las opiniones recogidas, coincidieron en que era un muchacho muy respetado y muy respetuoso con todo mundo. Estaba profundamente enamorado de su novia y era igualmente correspondido. Una tarde los vecinos de la colonia Campestre sufrieron la más dolorosa sorpresa de sus vidas, cuando por la radio se enteraron que el estudiante y aplicado vecino de su colonia, era buscado por la Policía, pues había asesinado a sus padres y a su hermana a puñaladas. La sala de la casa familiar, tenía sangre por todas partes. Aquello había sido una carnicería. Nadie daba crédito a lo que había ocurrido. Y menos por la forma como sucedieron los hechos. La masacre se desarrolló sin ninguna justificación aparente. Ese día había llegado a su casa y algo le preguntaron sus padres. Él reaccionó violentamente, tomó un cuchillo y mató al papá, a la mamá y a su única hermana. Las crónicas policiacas del día siguiente daban cuenta de cómo el joven universitario salió de su casa después de matarlos, se trepó al auto de la familia—si la memoria no me traiciona, en la cajuela había encerrado a uno o más cadáveres—y se fue a pasear por la ciudad.

Llamó a su novia y le pidió que se vieran de inmediato porque algo muy malo había ocurrido. La chica lo encontró y juntos empezaron a buscar una salida salvadora para enfrentar el problema. Este traumático crimen fue comentado durante varios años hasta que el tiempo y la vida nos trajo nuevas tragedias que borraron de la memoria la matanza “de la Campestre”. El joven asesino se casó con su novia en el interior del Cereso de Obregón. Muchos años después, un funcionario penitenciario con el que coincidí en un restaurante, me dijo que el muchacho estaba recibiendo asistencia profesional. “En la cárcel muestra una conducta ejemplar, es servicial y tranquilo, como dicen que siempre había sido en su casa”, me dijo el funcionario. En el poblado Estación Corral—popularmente conocido como Estación Corrales—, unos hombres de a caballo llegaron una tarde, ya casi obscureciendo el día, a una vivienda y, al asomarse por una ventana sin bajarse de los caballos, uno de ellos le disparó a una mujer que tenía a su niña de seis años en brazos. Murieron las dos. Luego se sabría que la mujer era “tiradora” de droga. No hace mucho tiempo—algunos años—una mujer fue declarada desaparecida. Varios años después, el cadáver fue encontrado en avanzado estado de putrefacción. Era una mujer bella. Con sueños. Con proyectos de vida y de negocios. Fue asesinada por celos. Usted y yo nos hemos consternado con noticias de asesinatos fuera de serie (de alto impacto, les llaman). Ahora mismo en Guaymas hay una indignación generalizada por el homicidio de un niño de 6 años salvajemente asesinado a golpes por su propia madre y su pareja. El pequeño se llamaba “Sebastiano”. Su abuela cuenta que hizo hasta lo imposible para quedarse con el niño. Y una exclamación de la señora, publicada por TRIBUNA, mueve a la compasión de cualquiera: “¡Murió mi nieto, mi niño hermoso!”, gritó, desconsolada. Como verá usted, la violencia no se limita a una actividad delincuencial como el narcotráfico. Está en las familias. Está en las relaciones humanas, está en la mente de un joven universitario que, inopinadamente, una tarde llega a su casa, toma un cuchillo de cocina y mata a puñaladas al papá, la mamá y la hermana. Además, la violencia no está solo en las calles y los hogares de muchos mexicanos. En realidad, está en todos los países del planeta. Pavorosa realidad, que ciertamente se ve agravada por la violencia que genera el crimen organizado. Ni hablar: este es el tiempo que nos tocó vivir. En fin. DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE MÁS ALLÁ ¡AH, QUE LAS HILACHAS! RESULTA que alguien que es muy amigo de un conocido priísta de Guaymas, subió ayer una foto a través de su cuenta de twitter, con un texto irónico en el que menciona a BULMARO PACHECO, atribuyéndole cuestionamientos por las deslealtades que hay en esta época en los partidos políticos… En la foto, aparecen la alcaldesa de Guaymas, SARA VALLE DESSENS, rectores de la región, el propio Bulmaro y otras personas… Todos a la mesa de un restaurante guaymense… Este es el problema con las redes sociales, caro amigo… Cualquier puede hacer sugerencias o simplemente especular y así, denostar a otra persona… Veamos: en la foto aparecen en el restaurante del Hotel Playa de Cortés, los precitados Bulmaro y Sara Valle, el rector de la UTG, JAVIER CARRIZALES; EDUARDO LANZ, rector del Instituto Tecnológico de Guaymas, así como otra persona que no identifico… ¿Qué hacían en un restaurante?... Déjeme contarle: Bulmaro y Sara Valle son amigos desde 1998. Entre ellos ha habido una muy buena comunicación. Los maestros son cuates, lo son desde su perspectiva académica, junto con Pacheco, que fue director del ITG y Sara Valle maestra del CET del Mar. Debo decir que desde hace meses Bulmaro me había comentado de las gestiones que él y los directivos de los centros educativos, han realizado para lograr que le cambien de nombre al camino que hasta poco se llamaba “camino al paraje”… Visitaron a Sara Valle y ella se sumó a las gestiones. Lo puso a consideración del Cabildo, se aprobó y ahora ese camino tiene un nombre vinculado a la actividad universitaria… --¿Qué piensas de los pinchazos de redes sociales?—le pregunté… --Nada. Sara y yo somos amigos hace muchos años. Los dos amamos la educación y en cuanto a sus preferencias partidistas, ella y yo siempre nos hemos respetado. Ella en lo suyo y yo en lo mío. Cada quién con sus cosas, como debe de ser en cualquier comunidad que se precia de ser democrática… Y tan tan… ¡Y AGÁRRATE, GENOVEVA, QUÉ VAMOS A GALOPAR! Vienen tiempos calamitosos… Y en medio de la tormenta veremos a personajes como FÉLIX SALGADO MACEDONIO, MARIO DELGADO, como CIRO GÓMEZ LEYVA (apostó a que Salgado renunciaría a la candidatura); como el propio LÓPEZ OBRADOR y ROBERTO SANDOVAL, el exgobernador de Nayarit… ¡Ojo chícharo!... Es todo. Le abrazo.

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