Opinión

Darle el avión a la crisis de salud

Historias de reportero

por Carlos Loret de Mola

El avión presidencial es el mejor distractor del que puede echar mano el presidente. Y seguir jugueteando con su venta o su renta, ha resultado eficaz para desviar en alguna medida la conversación pública frente a los problemas de desabasto de medicamentos y fallas en los servicios de salud.

Si lo hubiera querido resolver, ya lo habría resuelto: desde que ordenó el regreso del lujosísimo avión, el presidente ya tenía en sus manos la oferta de un puñado de empresarios de alto nivel —varios de ellos integrantes de su consejo asesor— para comprarlo como tiempo compartido: cada empresario le metería 11 millones de dólares a cambio de poder usar el avión un mes de cada año. Faltaban aún seis meses por vender, pero se calculaba que sería fácil conseguir empresarios que quisieran quedar bien con el primer mandatario y quitarle ese problema de encima.

Pero en realidad, el presidente no vio en el avión un problema sino un salvavidas. Y quiere todo, menos resolver ese problema. Extender la chunga sobre el avión le permite evadir el tener que abordar las broncas que estallan: lo de salud, pero también la violencia, la economía paralizada, etcétera. El avión es la gran fuente de entretenimiento (y distracción) nacional.

Lo que empezó como un meme de burla al anuncio presidencial de la rifa del avión, se volvió en la conferencia mañanera de ayer una política pública: ya está el boceto del billete de la Lotería Nacional cuyo premio es la aeronave. Y como la Lotería no puede por ley entregar premios en especie, pues ya dijo el presidente que hay que cambiar la ley. Nimiedades. Y frente a la pregunta de cómo se le van a cobrar impuestos a quien gane el avión, ya empezaron los anuncios de condonaciones.

Más allá de leyes y ocurrencias, un exdirector de la Lotería explicó con números: lo que quiere el presidente recibir de un solo sorteo equivale a lo que recauda la Lotería Nacional en medio año de sorteos. El sorteo más vendido es El Gordo de Navidad. Se venden boletos por 325 millones de pesos. Para el del avión quieren vender diez veces más: 3 mil millones de pesos. Pero de esos 3 mil millones, hay que restarle el impuesto (IEPS) y las comisiones por la venta de cachitos, así que quedan 2 mil 400. Y hay que pagar 2 mil 700 por el avión. O sea que asumiendo que se vendan todos los boletos, la pérdida sería de 300 millones de pesos.

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