Opinión

Nada nuevo los señalamientos del Gobierno de los Estados Unidos en contra de nuestros políticos

Columna de Hierro

por Sergio Ibarra

El legado educativo de Flores Urbina

Los señalamientos que hace en estos momentos en contra de políticos y funcionarios judiciales el Gobierno de Estados Unidos, no son ninguna novedad para la mayoría de los mexicanos, como tampoco es nuevo que luego de estos señalamientos no pasa nada.

Pareciera que los vecinos del norte estuvieran acostumbrados a actuar bajo aquella vieja premisa de “difama que algo queda” y tras algunos meses de sus “tronantes” revelaciones, las aguas vuelven a tomar su cauce y aquí no ha pasado nada.

Si acaso, lo único que queda es que los personajes señalados no vuelven a pisar suelo gringo ni en los brazos de Bush, Clinton, Obama o Mister Trump, según el tiempo del presidente en que se hayan dado sus señalamientos.

Y como botón de muestra ahí están los casos de los exgobernadores Jorge Carrillo Olea, de Morelos y el de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, ambos señalados de tener supuestos nexos con el entonces zar del narcotráfico Amado Carrillo Fuentes.

La andanada la encabezaron los periodistas dos veces ganadores del Premio Pulitzer, Carig Pyes y Sam Dillon, escasos meses antes de la caída de Carrillo Olea del Gobierno morelense, los que, en el reportaje titulado ‘Ataduras de drogas manchan a dos gobernadores de México’ y en base, según se dijo, de informes proporcionados por la DEA, acusaron a ambos de estar ligados al desaparecido capo.

En el caso de Carrillo Olea, quien gobernó Morelos de 1994 a 1998, le endilgaron otros nombres de capos y delincuentes, –lo que seguramente llevó al Gobierno de Zedillo a pedir su renuncia al cargo– como fueron los casos de Daniel Arizmendi, ‘El Mochaorejas’ y Juan José Esparragoza Moreno, ‘El azul’.

Anteriormente a su caída, Carrillo Olea tuvo que enfrentar también la detención de tres o cuatro importantes funcionarios de su gabinete como fueron los casos de su procurador Carlos Peredo Merlo; el coordinador de la Policía Judicial, el temible Jesús Miyazawa, lo mismo que el jefe del grupo antisecuestros, Armando Martínez Salgado, además del subprocurador Rafael Angulo y los comandantes José Luis Estrada y Rafael Raybal.

Según el mismo informe de la DEA junto a Carrillo Olea, había un nutrido grupo de agentes policiacos de diversas corporaciones que trabajan también al servicio de los capos antes citados.

Aunque nunca se les pudo comprobar nada, las presiones políticas y los señalamientos de algunos líderes de la oposición sobre el Gobierno de Ernesto Zedillo, obligaron a Carrillo Olea a dejar el poder en 1988.

Como ya es historia, Carrillo Olea descansa en su residencia particular de Cuernavaca y a sus casi 90 años, López Obrador lo citó recientemente como uno de sus asesores en materia de seguridad, mientras que Beltrones Rivera, después de concluir su mandato se ha desempeñado en varias ocasiones como diputado federal, senador, dirigente nacional de su partido, el PRI y hasta ha sido citado como un fuerte aspirante a la presidencia de la república en par de ocasiones.

Lo dicho; difama que algo queda.

Los reflectores se han enfocado ahora sobre el exgobernador de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda y el magistrado Isidro Avelar Gutiérrez, por presuntos actos de corrupción y por presuntos lazos con el Cártel de Jalisco Nueva Generación y Los Cuinis.

El caso es que, mientras son peras, el Departamento del Tesoro estadounidense por medio de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros, anunció que tanto Sandoval Castañeda como Avelar Gutiérrez, quedan sujetos a sanciones financieras y a confiscación de bienes y propiedades, señalando al primero de haber participado en una serie de hechos de corrupción, como la apropiación indebida de activos estatales y la aceptación de sobornos del Cártel Jalisco Nueva Generación, mientras que al juez se le acusa de haber actuado a favor del CJNG y los Cuinis, al aceptar sobornos de estos dos grupos ligados al trasiego internacional de drogas ilícitas y de emitir fallos favorables a favor de líderes del citado cártel y de los llamados Cuinis.

Una pertinente aclaración; además de estos dos exgobernadores, hay uno más al que sí se le pudo comprobar su culpabilidad; el exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, quien ya lleva 17 años en prisión, acusado de supuestos nexos y negociaciones con miembros del crimen organizado.

FIERRITOS EN LA LUMBRE… Aunque no me hubieran invitado, desde lejecitos, había decidido estar presente en el homenaje que las autoridades educativas del Estado y el Ayuntamiento de Cajeme, como el maestro Sergio Pablo Mariscal Alvarado a la cabeza, le rindieron a mi amigo, el exsecretario de Educación y Cultura, el maestro Alberto Flores Urbina, a quien conocí a finales de los setenta, como fundador de los Cobachs en Sonora.

Al tiempo me tocó verlo como fundador de infinidad de escuelas y universidades, además de la preparatoria de su propiedad, la Escuela Preparatoria Universitaria, la Epuco, la escuela de mis amores en donde tanto yo, como tres de mis hijos, cursamos el bachillerato, con la debida aclaración de que yo la cursé en la nocturna, en la época de los ochenta y en donde me tocó ver egresar, antes que yo, a grandes amigos que ahora son destacados profesionales de la medicina, como el doctor José Luis López Aldrete y en donde en mis tiempos de epuqueño, recibí la cátedra de Sociología del ahora diputado federal y exalcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano y de Español y de Matemáticas de Andrés Vega y de Eugenio Navarro.

Conocí muy de cerca a Flores Urbina y en una ocasión me invitó a trabajar a su lado en una más de las muchas universidades que fundó, la Universidad Tecnológica del Sur de Sonora en donde por dos años impartí la clase de Comunicación Humana.

Conocí su pasión por sus tres grandes amores; su familia, la docencia y la música, siendo sin duda esta última la que más nos identificaba.

De las muchas intervenciones que se dieron durante el acto celebrado este pasado jueves, para imponerle su nombre a una escuela primaria de la comisaría de Cócorit, entre estas las del propio alcalde y del secretario de la SEC, el profesor Víctor Guerrero, escuché con atención al maestro Roberto Lagarda Lagarda, su sucesor en la UTS, quien tuvo a su cargo la excelente semblanza de Flores Urbina quien esbozó los grandes méritos que le llevaron a ser el sonorense excepcional que siempre fue y ahora le valieron para ser reconocido imponiéndole su nombre a la ahora Escuela Primaria, ‘Alberto Flores Urbina’.

Enhorabuena, por ello para sus familiares y muy especialmente para mi amigo, su hijo, Alberto Flores Chong, titular de la Unidad de Protección Civil en el Estado y exsecretario del Ayuntamiento en Cajeme.

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