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¡Conquístala con poesía! Estos son algunos poemas románticos de Octavio Paz

Octavio Paz es el primer y único escritor mexicano en ganar un Premio Nobel; conquista a tu amada con algunos de sus poemas más románticos

Poemas románticos de Octavio Paz para San ValentínCréditos: Pinterest
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Ciudad de México.- Octavio Paz nació en la Ciudad de México el 31 de Marzo de 1914. Fue un famoso ensayista y poeta. Su éxito en la materia fue tal que ganó un Premio Nobel en Literatura, hecho que lo hizo pasar a la historia de su país natal.

Aprovecha que pronto será San Valentín y conquista a tu amada con algunos románticos poemas de este famoso escritor. Seguramente se enamorará aún más de ti.

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Entre ir y quedarse

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

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Tus ojos

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla, tempestades sin viento, mar sin olas,

pájaros presos, doradas fieras adormecidas, topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo, puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea, páramo.

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Más allá del amor

Todo nos amenaza: el tiempo, que en vivientes fragmentos divide

al que fui del que seré, como el machete a la culebra;

la conciencia, la transparencia traspasada, la mirada ciega de mirarse mirar;

las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,

el agua, la piel; nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,

murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,

ni el delirio y su espuma profética,

ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.

Más allá de nosotros, en las fronteras del ser y el estar,

una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende, llena de grandes hojas calientes,

de espejos que combaten: frutos, garras, ojos, follajes, espaldas que relucen,

cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,

de tanta vida que se ignora y se entrega: tú también perteneces a la noche.

Extiéndete, blancura que respira, late, oh estrella repartida, copa,

pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,

pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

Fuente: La Universidad de Anáhuac, Gobierno de la Ciudad de México